CAPÍTULO 2 #2
Cuando por fin llegaron al salón donde se celebraban las reuniones, Sloan los hizo pasar.
Morag pasó por delante de él lentamente, disfrutando de cada paso que daba mientras la rabia del guerrero era cada vez más evidente.
Y no pudo evitar torcer el gesto al ver la atmósfera que había en aquel salón.
Morag sintió un escalofrío y se puso en alerta, dejando a un lado la diversión que le provocaba incitar al odio a Sloan.
Siguió a Jacob y se sentó en un extremo de la mesa mientras los demás los observaban.
Una vez estuvo sentada junto a su laird, su espalda se tensó demasiado al ver que justo frente a ella se encontraba la persona a la que más odiaba en el mundo y que, para su sorpresa, fijaba su mirada curiosa sobre ella.
No obstante, Morag logró mantener a raya sus sentimientos y analizó el ambiente en el salón.
La respiración se le hizo demasiado cargada.
Allí flotaban tantas emociones que no estaba segura de que los demás tuvieran el valor de contenerse.
Morag carraspeó y torció la cabeza, contrariada.
Para empezar, ella hubiera hecho la reunión en un lugar donde hubiera algo más de luz, puesto que la ventana era demasiado pequeña y apenas entraba la luz del día.
Por lo tanto, habían llevado numerosas antorchas para iluminar las caras de los allí presentes.
Y eso le daba un aspecto tan oscuro a aquella reunión que Morag tuvo la impresión de que estaban allí para hacer algún tipo de ritual extraño.
Sus ojos verdes recorrieron lentamente la mesa donde estaba sentada.
En esta ocasión, se habían sentado de forma diferente a la anterior reunión.
Jacob y ella se encontraban en un extremo y, aunque parecía ser un lugar que nadie querría para sí, Morag lo agradeció, pues al menos estaba lejos de los dueños del castillo.
En el otro extremo, Rowan presidía la mesa con su habitual gesto serio y oscuro, mientras que a su derecha se encontraba su esposa en representación el clan Comyn.
A la izquierda del laird Chattan se encontraba Sloan y, para sorpresa de Morag, mantenía su mirada fija sobre ella.
La joven habría querido seguir barriendo la mesa con sus ojos, pero su orgullo la obligó a sostenerle la mirada al segundo al mando de aquellas tierras.
Su particular guerra se había iniciado en la anterior reunión, pero jamás pensó que pudiera llevarla a un siguiente escalón en esa reunión.
No obstante, no había podido evitarlo. Era tan fácil hacerlo enfadar que molestarlo se había convertido en una necesidad para ella.
Nadie hablaba en la sala, como si estuvieran esperando a que alguien rompiera el hielo. Y ese debía ser Rowan, pues era él quien los había convocado a pesar de no haber pasado los seis meses que pidió el rey.
—Tu cara me resulta familiar. ¿Te conozco de algo?
El corazón de Morag se sobresaltó al instante.
El nerviosismo que había desaparecido a su llegada al castillo volvía a hacer acto de presencia y amenazaba con hacerla vomitar allí mismo.
A pesar de que se habían visto en la reunión anterior, no pensaba que él podría dirigirse a ella.
Ni siquiera llegó a pensar que tal vez podría reconocerla.
Y aquella niña que aún no había sanado todo el horror vivido, de repente salió a flote de nuevo.
Morag tragó saliva antes de dirigir su mirada al frente y clavar sus ojos en él.
Era la primera vez que lo hacía desde hacía trece años.
No había vuelto a verlo y siempre pensó que el destino lo mantendría lejos, pero los había unido de nuevo y ella no podía escapar de allí.
De soslayo, vio cómo Jacob se tensaba y apretaba las manos con fuerza contra la tabla de la mesa, pero ella, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, esbozó una sonrisa y se encogió de hombros, restándole importancia.
—Claro que sí. Nos vimos hace poco más de dos meses en este mismo lugar.
Morag rezó para que su voz sonara despreocupada, y supo que lo había conseguido cuando lo vio sonreír.
—Ya lo sé, muchacha. Me refiero a antes de todo esto… Tengo la impresión de que te conozco.
Me violaste más de una vez y dejaste que otros lo hicieran después de haber matado a mi familia , le habría gustado espetarle delante de todos. Sin embargo, Morag dejó escapar una risa y negó con la cabeza.
—Nunca he salido del clan MacBean —le dijo suavemente, sorprendida de su propio autocontrol—. Me confundes con otra persona.
Lo vio fruncir el ceño y encogerse de hombros.
—Tal vez…
Morag desvió rápidamente su mirada mientras intentaba controlar sus nervios, pero, para su propia desgracia, se topó con los ojos acusadores y retadores de Sloan.
Sin embargo, no tenía el ánimo suficiente como para sostenerle la mirada en ese instante, por lo que desvió su atención nuevamente hacia Rowan.
—¿Nos vas a explicar algún día para qué nos has hecho venir, Chattan? —preguntó Jason Urqhart.
Los ojos acerados de Rowan se dirigieron hacia él.
Su habitual seriedad parecía haberse convertido en una fuerza e ira contenida que parecía estar a punto de ser expulsada de su cuerpo en cualquier momento.
Morag no estaba segura de que los demás fueran tan observadores como ella, pero estaba segura de que habían sido citados para algo realmente importante.
—Os he convocado porque hace poco han atacado y asesinado a uno de los lairds que estaba envuelto en esta guerra que hemos tenido desde hace años.
—Un perro menos —murmuró Luke Gunn.
Rowan dio un manotazo sobre la mesa al tiempo que Gillian apoyaba los codos en esta de forma peligrosa y con una seguridad aplastante mientras clavaba su mirada en el laird Gunn.
—¿Cómo has dicho? —preguntó lentamente—. Creo que no te he escuchado bien.
Gunn sonrió de lado y acabó hablando de nuevo:
—He dicho que lo siento mucho. Supongo que ha sido una gran pérdida para ti, muchacha.
Gillian rechinó los dientes.
—Gracias por tus bonitas palabras —dijo con tono irónico—. Eres muy amable, laird Gunn. Al principio, creí entender otra cosa muy diferente…
—El dolor te habrá confundido, muchacha —siguió diciendo Paul.
Gillian le sostuvo la mirada cargada de ira, hasta que finalmente habló Rowan de nuevo.
—Elijah Comyn fue brutalmente atacado, junto a sus hombres, por mercenarios. Por lo que sabemos, aparecieron de la nada y no tuvieron ni una sola oportunidad para salir adelante. Según él mismo pudo decirnos…
— ¿A qué te refieres con eso? —preguntó Gunn —. ¿Lo dejaron malherido?
—Efectivamente. Elijah Comyn sobrevivió a pesar de la gravedad de las heridas y aguantó hasta que tanto mi esposa como yo pudimos llegar al lugar.
—¿Y qué os dijo? —preguntó el laird Urqhart.
—Apenas tuvimos tiempo para hablar con él unos segundos, pero nos dijo que ese ataque venía de uno de vosotros.
Morag arqueó una ceja y miró de soslayo a Jacob, que se llevó una mano al rostro, preocupado.
Rápidamente, como si hubieran encendido el fuego de nuevo entre ellos, los clanes comenzaron a echarse la culpa los unos a los otros.
Ni siquiera se preocupaban de hacerle entender a Rowan que no habían tenido nada que ver.
Sin embargo, Jacob y ella se mantuvieron al margen mientras observaban la tensión que, claramente, estaba aumentando en el salón.
Morag llevó su mirada hacia la esposa del laird Chattan.
En la primera reunión apenas había tenido tiempo de dirigirle un par de miradas, pero en ese instante, mientras los demás discutían, Morag se detuvo a observarla.
El dolor por la pérdida estaba reflejado en sus ojos y, en parte, entendió ese sentimiento.
El suyo hacía demasiado tiempo que se había quedado guardado en un lugar de su corazón, pero el de esa muchacha estaba aún latente.
Vio también rabia en ella, pues parecía tener claro que el culpable efectivamente se encontraba en esa sala y quiso saber quién demonios era.
A su lado, Rowan observaba todo con gesto cansado e iracundo.
Habían sufrido un gran ataque, pero lo que no le gustó a Morag en ese instante fue que los hubiera convocado para culpar a uno de ellos.
Había sido una artimaña para intentar descubrir quién era el culpable y, como siempre, todos se culpaban entre ellos.
Cuando sus ojos se desviaron hacia la izquierda del laird Chattan, Morag volvió a toparse con Sloan, que la miraba con el ceño aún más fruncido que antes, como si él ya hubiera encontrado al culpable que buscaban. Y sus siguientes palabras se lo confirmaron:
—¿Vosotros no tenéis nada que decir, MacBean? —preguntó por encima de las voces de los demás.
Morag giró la cabeza hacia Jacob, que no tardó en responder:
—Soy de la opinión de los que dicen que, si no tienes nada bueno que aportar, mejor cállate.
—¿Y ella? —la retó Sloan.
Morag dejó escapar una risa.
—Cuánto ibas a disfrutar que ahora me levantara de la silla y gritara a los cuatro vientos que lo maté yo, ¿verdad? —fue su respuesta—. Pero lamento decepcionarte, Chattan. Mientras los demás os preocupáis de robar y atacar clanes ajenos, en el nuestro intentamos vivir nuestra vida.
—¿Nos estás señalando, muchacha? —vociferó el laird del clan MacGillivray.
—Yo solo digo que los MacBean no hemos atacado a nadie —reafirmó.
Ruairidh Ross dejó escapar una carcajada irónica.
—Eso decís los demás y al final todos los clanes estamos siendo atacados.
—Pues, según el laird Comyn, que en paz descanse, uno de vosotros es el culpable —dijo Jacob lentamente.
Adam MacGillivray llegó a levantarse de la silla para acusar con un dedo al laird de Morag, que se tensó aún más. La cosa que estaba poniendo fea en el salón y, por lo que la joven podía comprobar, nadie iba a defender a nadie para no llegar a las manos.
—Tú también puedes ser culpable, MacBean. No eches la culpa fuera de tu bando.
Jacob se levantó de la silla para encararlo.