CAPÍTULO 2
Más de dos días tardaron en llegar al castillo Chattan a pesar de que la distancia no era demasiado larga.
Algunos caminos habían quedado casi impracticables los últimos días después de las lluvias, por lo que tuvieron que dar un rodeo para poder llegar.
Eso provocó que tardaran más de la cuenta y que tal vez fueran los últimos en acudir a la llamada de Rowan Chattan.
Pero Morag no se mostró inquieta en ningún momento, pues deseaba retrasar la llegada al castillo todo lo que pudiera.
Y cuando se dibujó a cientos de metros de ellos, no pudo evitar soltar un resoplo y mirar al cielo.
Este se había quedado totalmente despejado, aunque en la distancia podían verse claramente infinidad de nubes negras que amenazaban con derramar sobre ellos toda el agua que guardaban.
No obstante, el frío no había cambiado. A pesar de que en esa época del año debería hacer mejor tiempo, el invierno se negaba a marcharse y aún no podía dejar olvidada la capa verde que en ese momento llevaba sobre sus hombros.
Inconscientemente, cuadró los hombros y mantuvo su rostro frío y calculador.
No estaba dispuesta a dejar ni una sola fisura en su interior que pudiera permitirles entrever algo del dolor que aún guardaba en su cuerpo.
Tenía las manos completamente congeladas por el tiempo y solo deseaba poder descansar en una cama caliente y beber algo para templar el cuerpo.
No obstante, sabía que aún le quedaban días para poder hacerlo, pues hasta que no estuviera de regreso a su hogar no podría llevarlo a cabo.
A medida que se acercaban a la fortaleza de los Chattan, Morag sentía que todo se hacía más pequeño a su alrededor, como si el mundo entero estuviera en su contra y quisiera ahogarla.
Los nervios se instalaron en su estómago y amenazaron con hacerla temblar.
No haber superado aún lo que le había ocurrido hacía años era algo que le perjudicaba, pero tenía que superarlo.
Y sabía que enfrentándose cara a cara con el asesino de sus padres y el que la había obligado a prostituirse era el comienzo para la sanación.
—Mantén la calma y la cabeza fría.
La voz de Jacob la sacó de sus propios pensamientos, y se obligó a sonreír.
—Siempre lo hago. Frialdad es mi apellido.
El laird la miró con una sonrisa y acabó negando con la mirada.
—Me alegra saber que, a pesar de todo, tienes humor.
—¿Qué sería de nuestra vida sin un poco de eso?
—A ver qué nos encontramos —lo escuchó murmurar.
Morag no respondió, pues se había sumido en sus propios pensamientos.
El hecho de que el laird Comyn hubiera muerto podría significar una inminente guerra o, peor, que todos los lairds implicados en la guerra fueran asesinados ese mismo día en cuanto cruzaran los muros del castillo Chattan.
Fuera como fuera, ella se juró no perder la calma ni dejarse engañar fácilmente por los demás clanes.
Cuando estaban a solo una decena de metros de la muralla, Morag levantó la mirada hacia los guerreros apostados en ella. Habría casi una veintena de fuertes y llamativos hombres que mantenían sus miradas sobre ellos en ese instante y, sin embargo, solo uno de ellos llamó poderosamente su atención.
Sin saber por qué, los nervios de su estómago aumentaron y las manos le temblaron, algo que nadie había logrado desde hacía trece años. Sin embargo, usó la misma estrategia que había hecho desde entonces, se obligó a sonreír de lado y clavó su mirada verde en el acero de aquellos ojos.
Sloan la observaba desde su posición y a pesar de encontrarse físicamente más alto que ella, no pudo evitar que aquella sonrisa ladina de esa maldita guerrera provocara un mínimo sentimiento dentro de él.
Vio su seguridad, pero también su promesa de una nueva guerra verbal entre ellos si se atrevía a cruzarse en su camino.
Y era precisamente eso lo que iba a hacer en ese momento.
La vio acercarse a la muralla y atravesar el portón con la espalda tan recta que pensó que iba a terminar cayéndose del caballo.
La seguridad de aquella joven, unida a su arrogancia, provocó que el espacio del patio se llenara únicamente con su presencia.
Y eso lo molestó tanto que no pudo evitar lanzar un gruñido de rabia en el momento en el que bajó el último escalón para acercarse a ellos.
Sloan no estaba dispuesto a permitir que nadie más que él llenara el espacio por el que pasaba.
Por ello, estiró él también la espalda y cuadró los hombros, provocando que su ya de por sí musculado y poderoso cuerpo resaltara entre los demás.
Y a medida que se aproximaba al centro del patio, donde se encontraban ya desmontando, Sloan carraspeó y obligó a su cuerpo a serenarse para evitar conflictos, tal y como le había pedido su hermano Rowan.
Morag suspiró cuando sus pies tocaron de nuevo suelo enemigo. Casi sintió un escalofrío cuando el enorme portón se cerró tras ellos, pero centró su atención en lo que debían hacer hasta marcharse de nuevo a su hogar.
—Ya pensábamos que no acudiríais a nuestro llamado, MacBean.
La voz del indeseado y antipático segundo al mando del clan Chattan le provocó un guiño, que hizo antes de girarse por completo hacia él.
Lo vio llegar con total seguridad e intentando evitar su mirada, algo que hizo sonreír a la joven.
Sin embargo, algo en él provocó que estuviera a punto de secársele la boca.
No lo recordaba tan alto como en ese momento, ni siquiera tan macizo y vigoroso.
Morag tragó saliva mientras se detuvo a observar su anatomía, aprovechando que el guerrero hablaba con Jacob y la ignoraba, como si no existiera.
Vio sus ojos grises, tan fríos como el acero, clavados en su laird.
Mostraban la misma ira contenida que meses atrás, y le hizo dudar sobre las verdaderas intenciones de esa nueva reunión.
Su pelo, totalmente negro, ondeaba con el viento, provocando que varios mechones cayeran sobre su rostro y haciendo que su aspecto pareciera aún más fiero que de costumbre.
Su espesa barba ocultaba gran parte de su rostro, dándole un aspecto salvaje.
La postura que mantenía mientras hablaba con Jacob mostraba desconfianza ante su interlocutor, pero también antipatía, sentimiento que, por su parte, era mutuo.
Vestía el típico kilt con los colores del clan Chattan, y su ropa estaba tan pulcra y cuidada que le indicó que, a pesar de todo, era un hombre que buscaba lucir perfecto en todo momento, ya que ni siquiera Nathan tenía tal perfección en su ropa.
Y Morag no pudo evitar reír suavemente, provocando que la atención de Jacob y Sloan se dirigiera hacia ella.
La joven estuvo a punto de gruñirse a sí misma por haberse dejado llevar y haber mostrado algo más que frialdad, sin embargo, ya no podía echarse atrás y esbozó una sonrisa antipática en sus labios al tiempo que miraba con firmeza a Sloan.
—Supongo que recuerdas a Morag, me acompañó en la última reunión.
La joven arqueó una ceja y esperó a que él fuera el primero en decir algo.
—Sí, por desgracia la recuerdo —fue la seca respuesta de Sloan.
Morag se cruzó de brazos sobre el pecho y dio un par de pasos hacia él, quedándose al lado de Jacob.
—Me alegra saber que causé tanta impresión en ti que aún me recuerdas… Espero que, esta vez, sea aún mayor y jamás me olvides. Tal vez debería dejarte una cicatriz… en el trasero… sí, ahí estaría bien.
El guerrero dio un paso también hacia ella, quedándose a menos de un metro de distancia. La altura de ambos era tan similar que ninguno tuvo que elevar la cabeza para mirarse, algo que Morag agradeció, pues así no se sentía tan pequeña.
—Parece que te alegra volver a nuestro castillo…
La joven chasqueó la lengua y torció la cabeza ligeramente, sin perder la sonrisa.
—La verdad es que echaba de menos la simpatía de tus ojos.
Sloan arqueó ambas cejas, mostrando una sorpresa fingida.
—Vaya… ¿te has fijado en mis ojos? Al final, voy a ser yo quien causó demasiada impresión en ti.
Instantáneamente, la sonrisa de Morag se borró y descruzó los brazos para enfrentarse a él.
—Mejor no preguntaré si has soñado con ellos, MacBean…
Morag tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no desenvainar la espada, mientras que Jacob dejó que fuera ella quien solucionara su propio conflicto.
—Claro que he soñado con ellos, Chattan —acabó diciendo la joven—. Especialmente en las diferentes formas de sacártelos…
Sloan rechinó los dientes y dio otro paso más hacia ella, pero Jacob carraspeó en el momento en el que supo que debía intervenir o aquella conversación de bienvenida los llevaría directamente a la guerra.
—Supongo que si habéis pensado que no íbamos a venir es porque los demás lairds ya han llegado…
Sloan llevó sus ojos lentamente hacia él.
—Exacto. Ya os esperan en el salón.
—Entonces, no perdamos tiempo.
Sloan encabezó la marcha hacia el interior del castillo.
Jacob lo siguió a la misma altura, mientras que Morag lo hizo unos pasos por detrás.
A medida que avanzaban por el pasillo, la joven no pudo evitar esbozar más de una sonrisa cada vez que Sloan giraba levemente la cabeza para comprobar sus movimientos, temeroso de ser atacado por ella.
De hecho, en una de esas ocasiones, Morag le lanzó un beso y le guiñó un ojo, provocando que el guerrero lanzara un gruñido y continuara caminando con la mirada puesta en el frente.