Capítulo 39
TREINTA Y NUEVE
RAVEN
Cinco años atrás
El aire seguía sabiendo a fuego, cada aliento saliendo de mis labios raspando mi garganta hasta dejarme en carne viva.
La pequeña bolsa que mamá me metió en las manos se arrastraba por el suelo mientras yo gateaba a ciegas hacia la ventana trasera, con los brazos temblando y las rodillas golpeándose con el yeso roto.
El apartamento era irreconocible. La pared de la cocina había desaparecido, y el olor a gas se mezclaba con algo metálico.
—¡Mamá! —intenté gritar, pero salió como un graznido. Me seguían zumbando los oídos.
—Sigue —gimió desde algún lugar, su voz débil justo cuando el techo emitió otro sonido tembloroso y el mundo se dobló sobre sí mismo.
Quería volver. Dios, quería hacerlo. Pero el calor me impulsaba hacia adelante, el humo arañaba mis pulmones hasta que no podía ver, no podía respirar. Así que seguí avanzando.
Me arrastré por el agujero irregular donde antes estaba la ventana, deslizándome y cayendo sobre el pavimento duro y caliente. El silencio contrastaba con el caos interior, y por un momento me quedé desorientada, mi mirada moviéndose alrededor, nerviosa, en pánico.
Afuera, el cielo estaba azul y el aire húmedo, el calor era tan abrasador como el aire dentro del edificio. Alcé la mirada esperando que mamá estuviera justo detrás de mí, pero no estaba. Me quedé allí, con los pies pegados al suelo, aterrorizada de irme sin ella.
Pero entonces el sonido de sirenas a lo lejos se hizo notar.
—No mires atrás, Raven. Prométemelo. —Fueron sus últimas palabras, sus ojos demasiado tranquilos para el caos que me rodeaba.
Se lo prometí, pero no sabía si podría cumplirlo.
Le eché un último vistazo a la ventana, medio esperando ver su silueta allí, pero la encontré vacía.
Me dolía el pecho y me ardían los pulmones mientras me daba la vuelta.
Tropezaba por las estrechas calles traseras, mirando por encima de mi hombro a cada paso, hasta que la ciudad me tragó por completo y me convertí en otra sombra entre millones.
Ahí estaba yo, caminando por las calles, con humo aún en mi cabello y ceniza en mi piel. La gente miraba al frente, como solían hacer en las grandes ciudades, fingiendo no verme. Ese día me sirvió.
Cada paso alejándome de ese edificio parecía una traición. No dejaba de ver la cara de mi madre, cómo me instaba hacia la ventana y la libertad, cómo no me seguía. La culpa era un ser vivo dentro de mí, pesada y aguda. Debería haberla arrastrado conmigo. Debería haber luchado más.
Toda mi vida, de alguna manera ella sabía cuándo era hora de huir, y ahora yo tenía que seguir huyendo.
Llegué a la oficina de correos, mi reflejo en la puerta me saludó. Mostraba a una desconocida, con la mirada vacía y aterrorizada, con manchas de ceniza en la mejilla.
Me temblaban tanto los dedos que apenas podía buscar en la bolsa la llave del P.O. Box. Encajarla en la cerradura fue un reto aún mayor.
Por fin hizo clic y abrí la casilla.
Lo primero que vi fue un sobre marrón, con mi nombre garabateado con la letra de mi madre. Se me cerró la garganta hasta quedarme sin aliento.
Saqué el sobre y abrí la nota con dedos temblorosos. Adentro había documentos, dinero y una hoja de papel doblada.
Si estás leyendo esto, significa que tu padre nos encontró y yo ya no estoy. Tendrás que seguir sola. No dejes que te encuentren.
En esta caja encontrarás todo lo que necesitas para ayudarte a desaparecer: dinero, documentos, contactos para tu nueva vida.
Ten cuidado en quién confías.
Escóndete a plena vista.
Eres más fuerte de lo que crees.
Por favor, quiero que sepas que me has hecho sentir muy orgullosa. Más de lo que crees.
Te quiero muchísimo,
Mamá
El papel se difuminó mientras mis lágrimas caían sobre la tinta. Presioné la nota contra mi pecho, deseando que aún pudiera tener la calidez de sus manos.
Me quedé allí de pie, durante mucho tiempo, mirando la nota. Quería desmoronarme, hundirme en el suelo y dejar que el peso de todo me aplastara. Pero no pude. Ya habría tiempo para eso más tarde.
Guardé la carta y todo su contenido en la bolsa, y luego salí.
Fue mi primer paso para volverme invisible.