Espinas de Traición (Espinas de Omertà nº 7) Capítulo 23
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Capítulo 23

VEINTITRÉS

AIDEN

Cinco años pasé tratando de atrapar fantasmas, hablando con una lápida, suplicando respuestas que nunca llegaron. Cinco años deseando un desenlace diferente a aquel fatídico día.

Había memorizado cómo quedaba su nombre tallado en granito, trazándolo con dedos temblorosos hasta que se me entumecía la piel.

Nunca esperé esta verdad.

No estaba enterrada bajo la húmeda tierra de New York. Ella había estado ahí afuera todo este tiempo. Respirando y viviendo. Posiblemente incluso burlándose.

Se me oprimió el pecho, el aire cortando mis pulmones como cristal.

Todo lo que había construido para sobrevivir a su pérdida: la terapia, el whiskey, las garantías vacías de que el tiempo lo curaba todo, se desmoronó por completo.

El dolor que había aprendido a acunar se volvió salvaje, desgarrándome hasta que solo quedó furia.

Mis nudillos se pusieron blancos, un temblor recorrió mi brazo. Cinco años. Cinco malditos años de noches sin dormir, odiándome por no haberla salvado. Ella me los había robado todos: cada momento, cada lágrima, cada pesadilla que me hizo despertar sudando frío.

No solo fingió su muerte.

Ella me enterró a mí en su lugar.

Y yo ya estaba harto del duelo. La tristeza y el sufrimiento fueron sustituidos instantáneamente por rabia y la necesidad de hacerla pagar.

La mujer me debía cinco malditos años de angustia, autodesprecio y pesadillas.

—¿Y así fue? —preguntó Amon, llamando mi atención de nuevo con una ceja levantada. Tardé un segundo en procesar la pregunta, recordando de qué carajos estábamos hablando. Ah, cierto, estábamos hablando de Luca y su idea de que yo debería venir a este desastre en vez de él.

Más lento que la melaza, aparté la mirada de mi esposa y exhalé por la nariz.

—Tal vez. —Me costaba hablar y no mirar hacia el escenario—. En realidad, me alegro de haberte encontrado solo.

Alzó una ceja.

—¿Y eso por qué?

Mi mirada volvió a Raven. Estaba radiante y feliz, y eso me enfadó aún más. Mientras yo la lloraba, ella siguió adelante.

Amon carraspeó y me di una bofetada mental. Tenía que dejar de mirar a esa mujer antes de que alguien se enterara. Así que me giré para mirarlo, manteniendo a Raven en mi visión periférica.

—Margaret me dijo que la ayudaste a encontrar a Luca cuando Marchetti lo secuestró. —Luca y Enrico tuvieron un desacuerdo, y este último insistió en un acuerdo matrimonial entre mi sobrina y su propio hijo. No hacía falta decir que era un tema delicado entre nuestras familias—. No lo olvidaré.

—Preferiría que lo olvidaras —respondió con expresión impasible.

—¿Por qué lo hiciste? —pregunté distraídamente, observándolo un instante más antes de que cierta modelo en el escenario llamara mi atención.

Aunque Amon desvió la conversación con una pregunta propia.

—¿Dónde están tus hermanos? No creo haberte visto nunca sin ellos a tu lado.

—Probablemente causando problemas en alguna parte.

Cambié de tema, sabiendo exactamente qué lo distraería de mis asuntos.

—¿Conoces a las chicas Romero?

—No realmente. —Apretó la mandíbula. Estaba mintiendo, mas no me importó lo suficiente como para confrontarlo—. Disculpa —dijo, pero no le lancé ni una mirada.

Mi atención ya había vuelto al escenario y a la esposa que había salido de entre las cenizas.

Rechinando mis dientes y fulminándola con mi mirada desde las sombras como si mi vida dependiera de ello, ya estaba tramando cómo hacerla pagar.