Capítulo 12
—¡ P olly!
Conteniendo las lágrimas, Polly se arrojó a los brazos de Violet y la abrazó con fuerza.
—¡Cielo santo, cómo te he echado de menos!
—exclamó Violet, sujetando a Polly por los hombros para mirarla a la cara—.
Tu carta era justo lo que necesitaba, aunque me sorprendió un poco recibirla en plena temporada.
—Inclinó la cabeza y examinó a Polly, mientras la sonrisa empezaba a desvanecérsele poco a poco—.
Espero que no ocurra nada malo... ¿verdad?
Polly tragó saliva y se esforzó por sonreír.
—Luego te lo contaré todo con calma —respondió en voz baja.
Mientras lord Greville terminaba de saludar a lord Sebastian y se volvía hacia ella, Polly saludó con afecto al marido de su hermana.
—Muchísimas gracias por recibirme, lord Greville —dijo—. Espero de corazón no ser una molestia.
—En absoluto —exclamó él, pasando un brazo por los hombros de Violet—. Nos complace tenerte aquí. Ya sabes que en esta casa siempre serás bienvenida. A decir verdad, hacía tiempo que no veía a mi esposa tan contenta.
Violet miró a los ojos a su marido con una sonrisa, lo que provocó un nudo en el estómago de Polly.
Ella había hecho prácticamente lo mismo con lord Yardley, pero aquello no había sido más que una fachada superficial, nada comparable a la profundidad del afecto que se profesaban su hermana y lord Greville.
—Y debes llamarme Joshua —continuó él, volviéndose de nuevo hacia Polly—. Ahora somos familia, ¿verdad?
—Por supuesto —respondió ella de inmediato, sintiendo que el corazón se le aliviaba un poco—, entonces yo seré Polly.
Él rio entre dientes y miró a lord Sebastian.
—Un grupo encantador, diría yo —sonrió, antes de señalar hacia la entrada de la casa—. Y ahora, ¿entramos? Seguro que querrás descansar antes de la cena.
Lord Sebastian sonrió y subió los escalones con paso ligero.
—Yo no —declaró—. La cabalgada no ha sido especialmente dura y he disfrutado mucho de las hermosas vistas del campo en cuanto dejamos atrás Londres. Me siento completamente renovado.
—Pues entonces tendrás hambre, cuando menos —repuso Violet, pasando su brazo por el de Polly—. Haré que lleven algo de refrigerio a sus habitaciones de inmediato.
Polly miró a Violet, reacia a quedarse a solas.
—¿Podrías subir conmigo? —pidió en voz baja.
Mientras Violet la miraba con los ojos un tanto abiertos por la sorpresa, Polly sabía lo que debía de estar pensando: siempre había sido bastante independiente, y aquella petición tenía que resultarle extraña a su hermana, que la conocía a la perfección.
—Siento que ha pasado un siglo desde la última vez que te vi.
Violet sonrió, aunque en su mirada asomaba cierta preocupación.
—Sí, por supuesto. No necesito cambiarme para la cena, ya que estamos sólo en familia y aquí en Colemore no nos andamos con ceremonias.
—Lord Sebastian no es de la familia.
Violet soltó una risita y señaló con la cabeza a los dos hombres que iban delante, caminando juntos entre risas.
—Es como si lo fuera. Creo que él y Joshua son amigos íntimos desde hace muchísimos años; Joshua lo considera un hermano, igual que yo te considero a ti una hermana.
Condujo a Polly escaleras arriba, siguiendo los pasos de ambos caballeros.
—Tu dormitorio está justo a la derecha. Ven conmigo.
Polly la siguió, sonriendo al ser conducida a un hermoso dormitorio decorado en suaves tonos pastel, con las cortinas del gran ventanal descorridas para recibir la luz del atardecer.
—Tiene vestidor, por supuesto —dijo Violet, señalando una puerta dentro de la estancia—, y la ventana da a un rincón precioso de los jardines de la finca.
Cuando se reunió con Violet junto a la ventana, Polly contuvo la respiración.
Su estancia se encontraba en la parte posterior de la casa y abarcaba una gran extensión de los jardines, cuajados de hermosas flores de todos los tonos y colores imaginables.
Dejó escapar un leve suspiro. Allí podría olvidar a lord Yardley, olvidar todo lo que había ocurrido. Allí estaba a salvo.
En un abrir y cerrar de ojos, unas doncellas sumamente eficientes deshicieron casi todo su equipaje, y una bandeja con el té quedó dispuesta sobre la mesita del centro del dormitorio.
Tras quitarse con presteza las prendas de viaje más pesadas, Polly se reunió con Violet a la mesa y tomó con gratitud una taza de té, sonriendo a su hermana.
—Se nota que eres muy feliz aquí.
—Más que feliz —asintió Violet, con los ojos iluminados—. A pesar de lo complicados que fueron nuestros comienzos, Joshua ha resultado ser un marido maravilloso. Me siento muy afortunada por haber encontrado a un hombre semejante. En mi opinión, no abundan demasiado.
Por un instante, lord Sebastian se le pasó por la cabeza.
Él era un buen hombre, de eso no cabía duda.
Se había quedado anonadada cuando la había besado en el prado.
Había jurado que ni siquiera miraría a otro caballero después de lord Yardley y, sin embargo, cuando sus labios se posaron sobre los suyos, todo pensamiento del pasado se desvaneció y solo fue capaz de pensar en lo maravilloso que resultó aquel instante.
En lugar de la incertidumbre que la había embargado en los jardines con lord Yardley, con lord Sebastian solo había deseado más.
No lograba explicarse por qué se le aceleraba el corazón al recordar aquel momento, así que prefirió ignorarlo y sacudió levemente la cabeza.
¿Qué debía de pensar lord Sebastian de unos afectos tan volubles?
Se prometió que no permitiría que su corazón volviera a dejarse llevar por los sentimientos hacia otro hombre, solo para terminar roto una vez más.
—¿Lord Sebastian fue buena compañía de camino aquí? —preguntó Violet, mirándola con un atisbo de suspicacia en los ojos, como si le hubiera leído el pensamiento.
Polly contuvo cualquier rastro de emoción en el rostro.
—Me sorprendió que mamá y papá os permitiesen compartir carruaje.
—No lo hicieron —respondió al instante Polly, sin querer que Violet pensara mal de lord Sebastian—. Lord Sebastian vino a caballo y yo viajé en el coche con Lucy.
—Ah, claro —repuso Violet con una sonrisa socarrona—. Eso mismo dijo él, ¿no?
Polly sonrió.
—Sí, así es.
—¿Y la pobre Lucy sufrió durante el viaje tanto como siempre?
—Vaya si sufrió —asintió Polly—. Pobrecilla. Le dije que podía quedarse en Londres y que me acompañase otra doncella, pero no quiso quedarse.
—¿Y te costó convencer a mamá de que te dejase venir?
—preguntó Violet, con tono inquisitivo—.
Confieso que me sorprendió que quisieras venir de visita en plena temporada.
Creía que estabas deseando que empezase y, por las cartas de mamá, parecía que te divertías de lo lindo.
Incluso insinuó que estaba floreciendo cierto romance entre tú y otro caballero.
Al recordar las diversas discusiones que había tenido que aguantar con su madre, Polly cerró los ojos un instante.
—Fue bastante difícil hablar con mamá de mi cambio de parecer pero, al final, papá consiguió convencerla de que me permitiese venir si era lo que yo deseaba.
Violet asintió despacio, sosteniéndole la mirada.
—¿Y por qué deseabas venir aquí, Polly?
Ahora había llegado el momento. Polly sacudió la cabeza, y al instante se le llenaron los ojos de lágrimas mientras bajaba la mirada.
—¡Oh, Polly! —exclamó Violet al ver la angustia de su hermana—. ¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado?
Vacilante, Polly empezó a explicarse.
—Estaba convencida de que cierto caballero sentía un afecto sincero por mí —dijo despacio—.
Mamá y lord Sebastian intentaron hacerme entrar en razón, advirtiéndome de que sus maneras de libertino no eran algo que hubiera dejado atrás de la noche a la mañana, pero me negué a escuchar sus advertencias.
Creí que había cambiado por mí. Lord Yardley —pues ese era su nombre— fue sumamente convincente.
—¿Lord Yardley? —repitió Violet abriendo los ojos de par en par—. ¡Ay, Polly!
Al darse cuenta de que su hermana conocía la reputación de lord Yardley, Polly agachó la cabeza, notando cómo el rubor le encendía las mejillas.
—Fue una insensatez, lo sé, pero al final incluso mamá parecía tenerle simpatía.
—Siempre se le dio muy bien interpretar un papel —asintió Violet en voz baja—. De haber estado allí, te habría dicho que te mantuvieras bien lejos de ese hombre.
—Lord Sebastian se te adelantó con esa advertencia —respondió Polly con voz quebrada—. No lo creí. De hecho, pensé que estaba siendo mezquino, o tal vez celoso, pero al final fue él quien me salvó de una situación espantosa.
Violet se inclinó hacia delante y posó una mano sobre la de Polly.
—Lord Sebastian es un buen hombre —dijo con suavidad—. No me sorprende que hiciera algo así.
—Lord Yardley intentó forzarme —susurró Polly, incapaz de mirar a su hermana—.
Fue muy insistente... e incluso entonces no quise creer que tuviera malas intenciones.
—Se le cerró la garganta, el dolor creciendo sin tregua segundo a segundo—.
Solo cuando se rio de mí y me dijo que yo no era más que una apuesta, mi mundo se vino abajo.
Siguió un momento de silencio.
—¿Una apuesta? —susurró Violet, con una expresión a medio camino entre la consternación y la furia.
—Les dijo a sus amigos que lograría seducirme —respondió Polly, inclinando aún más la cabeza mientras la vergüenza le quemaba por dentro—. Intenté apartarlo, pero si lord Sebastian no hubiera estado allí, estoy segura de que Yardley habría abusado de mí.
—¡Gracias al cielo que Sebastian estaba allí! —exclamó Violet, echándose atrás en la silla—. ¿Qué hacía él en los jardines?
Polly se encogió de hombros, sin saber adónde mirar para no revelar el torbellino de emociones que sentía dentro.
—Creo que me había estado vigilando, porque sabía que yo no quise oír razones sobre lord Yardley. Y mencionó que estaba ocupado en alguna clase de investigación.
Violet asintió.
—Joshua y yo deberíamos estarle aún más agradecidos —dijo en voz baja—. ¿Y lord Yardley llegó a amenazar tu reputación?
Al recordar cómo lord Sebastian se había encarado con lord Yardley, Polly negó con la cabeza.
—Creo que lord Sebastian se aseguró de que eso no ocurriera.
También amenazó con contárselo a padre o a Daniel, y ambos sabemos lo que Daniel haría en ese caso.
Aun así, no podía quedarme en la ciudad.
No creo que tenga la entereza necesaria.
¿Cómo iba a ir a un baile y comportarme como si no hubiera pasado nada?
¿Cómo fingir que todo iba bien cuando todo estaba tan terriblemente mal?
Volver a verlo, o siquiera pensar en abrirle mi corazón a otro hombre...
—Se calló un instante, con los ojos apretados—. No soportaba la idea.
—Y por eso has venido aquí —concluyó Violet con suavidad—. ¿Hablaste con mamá y papá de todo esto?
—No fui capaz —dijo Polly, alzando la vista hacia su hermana—. Mamá estaba encantada con mi éxito, porque muchísimos caballeros me sacaban a bailar y esas atenciones, y poco a poco empezaba a ver con buenos ojos a lord Yardley... ¿Cómo iba a decirle que había fracasado de forma tan estrepitosa?
Su hermana sonrió levemente.
—Polly, nada de esto fue culpa tuya, sino de lord Yardley. Estoy segura de que mamá lo habría comprendido con el tiempo, aunque entiendo por qué no dijiste nada. Querida, has pasado por mucho. Te quedarás aquí todo el tiempo que quieras. Punto final.
—¿No se lo dirás a mamá ni a papá?
Violet sacudió la cabeza, con la mirada llena de compasión.
—No, por supuesto que no —dijo, inclinándose hacia delante y tomándole la mano—. ¿Y por qué está aquí Sebastian?
Polly se encogió de hombros, sin saber muy bien cómo explicar su presencia, pues ni ella misma lo tenía claro.
—Le pedí que me acompañara. No sé explicarlo muy bien; simplemente... quería tenerlo cerca, y él sabía todo lo que había ocurrido. Con él no tendría que fingir.
—¿Eso es todo?
—No estoy segura —dijo Polly despacio, dudando de cuánto revelarle a Violet—. Hay algo en él que no logro definir, pero me siento más segura cuando está cerca. ¿Tiene sentido?
—Lo tiene —dijo Violet con una sonrisa—. ¿Crees, quizá, que sientes algo por él, Polly?
—¡Oh, no! —se apresuró a decir Polly—. Demasiado rápido, comprendió al ver la mirada curiosa de Violet. Lord Yardley me engañó con tanta facilidad... No volverá a pasarme. No, jamás volveré a entregar mi corazón.
—Ay, Polly —suspiró Violet—. Has tenido una experiencia terrible, es verdad. Pero no te rindas. Siempre has deseado conocer el amor de un buen hombre, y aún puedes tenerlo. Escucha los consejos, Polly. Sebastian ya te previno sobre Yardley, ¿verdad?
No le quedaba más remedio que admitirlo, aunque su hermana no comprendiera lo que sentía.
—Sí, lo hizo —admitió—. Mi terco corazón se negó a creerle. Supongo que sí siento algo por lord Sebastian, Violet. Hay algo entre nosotros que casi exige que esté cerca por el momento, aunque no sé explicar qué es.
Violet asintió despacio, con un brillo en la mirada.
—Puedes hablar conmigo siempre que quieras —dijo Violet, poniéndose en pie—. Me alegro tanto de que estés aquí, Polly, de verdad. No puedo imaginarme cómo te debes de sentir, pero te aseguro que con el tiempo el dolor se atenuará.
Polly negó con la cabeza.
—No es tanto dolor como vergüenza. ¿Podré volver a confiar en mi corazón? —Le dedicó a su hermana una sonrisa trémula—. ¡Quizá deba convertirme en la tía solterona de todos mis sobrinos, cuando lleguen!
La sonrisa de Violet se tornó cálida al mencionar a los niños, y sus ojos brillaron.
—No pierdas la fe en los caballeros tan rápido, Polly. Has conocido a un hombre que te ha tratado de forma horrible, pero te aseguro que hay muchos otros que son exactamente lo opuesto a lord Yardley. Créeme. Solo dale tiempo. Tendrás tu oportunidad de amar.