Esperando al bebé del príncipe (Pactos y papás nº 5) CAPÍTULO 24 #2
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CAPÍTULO 24 #2

Al cabo de unos minutos, sacó el móvil. Había una noticia nueva en la parte superior y parpadeó, confundida, al leer el titular.

El príncipe Xavier admite su amor por la Srta. Merril y afirma que el malentendido fue culpa suya

—Xavier —lo llamó. Él apareció un instante después con un montón de ropa en los brazos.

—¿Va todo bien?

—Hay un artículo nuevo. —Le enseñó el móvil y él asintió.

—Me crucé con un periodista cuando iba a buscarte y se lo conté todo.

—Gracias. —Lauren se levantó y volvió a besarlo, solo una vez.

—Es lo que debería haber hecho desde el principio.

Justo entonces, llamaron a la puerta. Xavier frunció el ceño.

—No sé quién puede ser. Un momento. —Dejó la ropa que tenía en las manos sobre el sofá y fue a abrir. Lauren se levantó y lo siguió, y cuando la puerta se abrió y vio al rey Filipe y al príncipe Milan en el umbral, se le cayó el alma a los pies.

—Ahora mismo no me apetece ver a ninguno de los dos —dijo Xavier con sequedad—. Si habéis venido otra vez a convencerme de que estoy mejor sin Lauren, podéis ahorrároslo. Ya sé lo que pensáis.

—No es eso. —Filipe miró por encima del hombro de Xavier hacia Lauren—. Queremos hablar con vosotros. Con los dos.

Xavier se volvió hacia Lauren.

—No tienes que hacer esto. Puedo pedirles que se vayan.

—Está bien. —Lauren cruzó los brazos—. Podemos hablar.

Se armó de valor para lo que los dos hombres fueran a decir.

El rey y el príncipe entraron, y los cuatro permanecieron en el recibidor. Milan no parecía el hombre arrogante, crítico y altivo que Lauren había conocido antes. Tenía la mirada clavada en el suelo y parecía... ¿arrepentido?

—Estoy aquí para disculparme —dijo el rey Filipe—.

Contigo, Xavier, por no creer en tu capacidad de ser un buen rey, con o sin familia.

Y por no confiar en que tomarías la decisión correcta en lo que respecta a Lauren.

Y Lauren, también quiero disculparme contigo.

Debería haberte acogido mejor. Nunca debería haberle pedido a Xavier que te usara como una pieza de ajedrez.

Vuestra historia de amor no se parece en nada a la que tuve con mi difunta esposa, María.

María y yo tardamos años en enamorarnos, pasando de conocidos a amigos a algo más.

Quería un amor así para Xavier, pero cuando ese amor llegó de repente, no lo reconocí.

Me equivoqué en todo, y lo siento muchísimo.

—Está bien —dijo Lauren. Era difícil creer que el rey estuviera diciendo aquello de verdad, pero agradecía el esfuerzo. Aunque fuera demasiado tarde—. Gracias por decirlo.

—Yo también quiero disculparme —dijo Milan—. Xavi, cuando éramos niños, soñábamos con gobernar juntos. Yo fui el primero en abandonar ese sueño, y lo siento mucho. Jamás me atrevería a pedirte que gobernaras a mi lado ahora, después de lo que hice, y también lo siento. Sé que fue imperdonable.

Lauren arrugó la frente. No sabía qué había hecho Milan. Cuando miró a Xavier buscando una explicación, él suspiró.

—Milan fue quien le dijo a la prensa que habíamos mentido sobre nuestra relación.

—Oh. —Lauren se mordió el labio.

—Quiero disculparme contigo también, Lauren.

—Milan la miró con aquellos grandes ojos marrones que, por un momento, le recordaron tanto a los de Xavier que se le ablandó el corazón—.

Te he amargado la vida estos últimos días por lo que le dije a la prensa.

Siempre lo lamentaré, y si puedo compensártelo de alguna manera, lo haré.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Lauren.

Milan hizo una mueca.

—Pensé que estaba protegiendo a mi hermano. Pensé que solo estaba fingiendo, no sabía que de verdad estabais enamorados. Y quería el poder para mí, aunque ahora me doy cuenta de lo equivocado que estaba.

—Escuchad —Xavier dio un paso adelante—. Os agradezco que hayáis venido a disculparos, pero no es suficiente. Lauren y yo nos vamos. No podemos criar a un hijo en un ambiente así, y tampoco puedo pedirle a la mujer que amo que se quede.

—Por favor, reconsidéralo —dijo el rey Filipe—.

Todavía quiero que seas rey. Milan vino a verme.

Me contó lo que había hecho, y los dos hablamos de cómo os he complicado la vida, chicos.

De lo que significa ser un buen rey. Estamos de acuerdo en que tú eres el único capaz de hacerlo, porque necesitamos un nuevo tipo de rey en Zarancia.

Un hombre con el corazón abierto, como el tuyo, no como yo; me he cerrado en banda desde que María murió.

Un hombre que tomará las decisiones correctas para ayudar a las personas que ama, aunque esas decisiones le hagan daño.

Un hombre como tú, Xavier, y una reina como tú, Lauren.

Xavier se volvió hacia Lauren, y ella asintió. Una sonrisa asomó a sus labios.

—Por supuesto que estoy de acuerdo. Deberías ser rey, Xavier.

—Deberías —dijo Milan.

—Quiero... pero no lo sé. —Xavier negó con la cabeza—. Quiero una vida mejor para nuestro hijo, con menos presión y un padre presente.

—Podemos ayudarte a encontrar una nueva forma de gobernar —dijo Filipe—. No tienes que hacerlo como yo lo hice. Puedes ser mejor.

—Y si me lo permites, yo también quiero ayudar —dijo Milan.

Xavier vaciló.

—Hace mucho que no somos una familia de verdad. Quizás desde que Mame murió.

—No es demasiado tarde. —Lauren dio un paso adelante. Sonrió a los dos hermanos y a su padre, uno por uno—. Nadie te entiende como la familia. Sed amables.

Los tres hombres rieron quedamente al oír a Lauren citar las palabras de María.

Entonces, Xavier extendió la mano para que Milan la estrechara.

—Puede que lleve algún tiempo reparar las cosas —dijo—. Pero estoy dispuesto a intentarlo, con dos condiciones.

Lauren sabía lo que iba a decir incluso antes de que hablara. Aun así, sonrió cuando dijo:

—No más mentiras. Y decidimos todo juntos.

Esa noche, mientras Xavier la abrazaba, con la cabeza de ella apoyada en su hombro y sus corazones latiendo al unísono, Lauren notó cómo el cansancio se apoderaba de ella.

Había sido un día largo: desde la huida del palacio, pasando por el momento en que Xavier la encontró y le dijo que la amaba, hasta la reconciliación de Xavier con su familia.

Después, habían deshecho las maletas de nuevo, cenado mientras soñaban con un futuro compartido, y se habían acostado juntos por segunda vez desde que se conocían.

—¿Te estás durmiendo? —preguntó Xavier con voz cálida y suave junto a su oído.

—Casi. —Lauren se movió para poder verlo en la oscuridad—. ¿Estás preparado?

—¿Preparado para qué?

—Para una nueva vida juntos. —Bostezó—. Para una nueva forma de gobernar.

—¿Contigo y con nuestro hijo a mi lado? Por supuesto.

—Bien. —Lauren volvió a bostezar—. Yo también.

—Te quiero —dijo Xavier, y con esas palabras aún flotando en el aire, Lauren por fin se quedó dormida.