CAPÍTULO 20
XAVIER
Mientras Xavier seguía al asesor del rey, Juan Felizi, hacia el despacho de su padre, sentía un peso en el pecho. Ya sabía lo que le esperaba. Su padre le diría que no estaba hecho para el trono. Lo reprendería una vez más por haber permitido semejante escándalo.
A Xavier ni siquiera le importaba. Solo quería acabar con la reprimenda para poder ir a hablar con Lauren. La había visto tan destrozada por la noticia que se le había partido el corazón. Lo único que deseaba era abrazarla hasta que ambos se sintieran mejor, pero no podía. Todavía no.
Llegaron al despacho del rey Filipe y entraron. Ya había varios asesores apostados junto a las paredes, entre ellos Kaila Ramírez y otros miembros del equipo de prensa. Cuando Xavier entró, Filipe hizo un gesto con la cabeza y todos se levantaron para abandonar la sala.
—Hijo —dijo Filipe con voz neutra—. Siéntate.
Xavier se sentó. Lo invadió la sensación familiar de ser un niño al que regañan.
—Supongo que sabes lo que dice la prensa de ti.
—Lo sé.
—¿Cómo pudiste permitir que esto pasara, Xavier?
—Filipe se levantó de golpe y se pasó la mano por el cabello canoso—.
Te dije que tuvieras cuidado. Te dije que dejaras las fiestas y que dejaras de acostarte con cualquiera.
Pero te negaste a escuchar. Incluso ahora, te pedí que convencieras al público de que amas a esta mujer, y fracasaste.
—No era mi intención que la prensa se enterara —respondió Xavier con calma—. Alguna fuente del palacio les pasó la información.
—Estoy investigando quién fue, pero hasta el personal debería haber creído que la amas. —Filipe negó con la cabeza—. Estoy muy decepcionado contigo. Puede que la reputación de nuestra familia no se recupere jamás.
Xavier estaba dividido entre agachar la cabeza como un cachorro regañado y replicar que no era culpa suya que su padre lo hubiera obligado a mentir.
Filipe había dicho que necesitaba demostrar que podía ser un hombre de familia.
Y Xavier lo había hecho. Había sido una fuente anónima del palacio quien lo había arruinado todo.
—Lo importante ahora es contener el daño —continuó Filipe—. No deberías volver a dejarte ver con Lauren. Eso ayudará a limitar el escándalo hasta que todo esto pase. ¿Entendido?
Xavier asintió. —Lo entiendo. —Y vaya si lo entendía: Filipe quería ahorrarle la vergüenza a la familia.
Pero Xavier quería proteger a Lauren. Había sido horrible ver el pánico en sus hermosas facciones mientras la prensa los acorralaba.
No quería volver a ponerla en esa situación.
Ya le había pedido demasiado, así que de ahora en adelante se ocuparía él mismo de todo.
Y eso significaba mantenerla alejada del foco mediático.
—Bien —dijo Filipe—. Ahora tendremos que emitir un comunicado, algo veraz pero inocuo. Puedes decir que Lauren te animó a mentir porque estaba avergonzada.
—No. —Xavier también se puso de pie—. No pienso hacer eso.
Nada de esto es culpa de Lauren, y no voy a insinuar que lo sea.
Estoy dispuesto a asumir la responsabilidad de mis mentiras.
Estoy dispuesto a dar un comunicado. Puedo explicar lo que pasó y disculparme por haber engañado al público. Pero no pienso hacerle daño.
—Muy bien. —Filipe asintió—. Quizás entiendes el amor mejor de lo que pensaba. Lástima que sea en estas circunstancias. Aun así, necesitamos limitar el daño con algún tipo de comunicado. Haré que el equipo de prensa y los asesores vuelvan a entrar para que empecemos a trabajar en ello.
Unos minutos después, la sala volvía a estar llena con el regreso de los asesores y el equipo de prensa.
Todos empezaron a hablar a la vez, proponiendo ideas que iban desde asumir la responsabilidad de las mentiras hasta afirmar que la fuente era un fraude.
Xavier escuchó, descartando las peores opciones, hasta que tuvieron un comunicado listo.
—Podemos publicar esto en tus redes sociales para empezar —dijo uno del equipo de prensa—. Mañana convocaremos una rueda de prensa en la sala del palacio donde podrás responder preguntas.
—De acuerdo. —Xavier se levantó—. Si eso es todo por ahora, tengo que irme.
Su padre le lanzó una mirada de desaprobación, pero Xavier se escabulló sin más.
Estaba furioso con su padre y con el equipo de prensa.
Furioso consigo mismo por haber aceptado mentir sobre Lauren.
Debería haber sido honesto desde el principio y haber dicho al público que solo se conocían desde hacía poco tiempo, pero que ella le importaba muchísimo.
Xavier subió las escaleras a toda prisa hacia las habitaciones de Lauren. Necesitaba verla, asegurarse de que estaba bien. Le explicaría que ya no podían dejarse ver juntos, que era para protegerla, y ella lo entendería. Con suerte, esto no arruinaría la relación que aún estaban construyendo.
Llegó a su habitación y llamó a la puerta.
Nada. Volvió a llamar, y un momento después, Lauren abrió.
Tenía los ojos enrojecidos; era evidente que había estado llorando.
Llevaba el pelo recogido en un moño despeinado y se había cambiado los pantalones y la blusa por unas mallas y una camiseta ancha.
—Xavier. —Se dejó caer en sus brazos, y él la estrechó con fuerza mientras aspiraba el aroma de su champú.
Cuando estaban tan cerca, podía notar una ligera curva en su vientre, la primera señal de su bebé.
Mientras la abrazaba, tuvo cada vez más claro lo que tenía que hacer.
Necesitaba arreglar esto él solo. No podía hacer pasar a Lauren por otro momento humillante frente a la prensa.
No podía obligarla a hacer nada que la hiriera. No podía poner en peligro a su hijo.
Le importaba, y mucho. Una vez que arreglara esto y demostrara que podía ser responsable y protegerla, se lo diría. Pero por ahora, lo importante era que Lauren estuviera bien. Se apartó con suavidad y le dedicó una cálida sonrisa.
—¿Estás bien?
—Sí. Anda, ¿quieres pasar? —Se hizo a un lado y él entró.
—Siento mucho todo esto.
—Yo también. —Se secó los ojos con el dorso de la mano y se mordió el labio—. Esto es un desastre.
—Podemos arreglarlo. ¿Necesitas agua? —preguntó—. ¿Un té?
—No, estoy bien. Hablemos de qué hacemos ahora. —Lauren se sentó en el sofá y él se sentó frente a ella—. ¿Hay que convocar una rueda de prensa? ¿O escribir otro artículo? Estoy lista.
—No te preocupes. —Xavier le dedicó lo que esperaba fuera una sonrisa tranquilizadora—. Puedo arreglar esto yo solo. Solo tienes que pasar desapercibida durante un tiempo.
—De acuerdo. —Lauren se mordió el labio—. ¿Qué quieres decir con pasar desapercibida?
—Solo mantente alejada de las redes sociales —explicó Xavier—. Quédate en el palacio, lejos de la prensa. No hables con nadie.
—¿Y tú hablarás con la prensa solo? —Había algo extraño en la voz de Lauren.
—Sí.
—¿Pero no parecerá que realmente estás avergonzado de mí? —Una lágrima rodó por la mejilla de Lauren—. Si me escondes y no apareces conmigo, ¿no dará la impresión de que la prensa tenía razón desde el principio?
—No, no. —Xavier negó con la cabeza—. Solo necesito asumir la responsabilidad. Yo te metí en este lío y tengo que sacarnos a los dos. —Le tomó la mano—. ¿Te parece bien?
Se mordió el labio. Luego asintió.
—Sí. Claro. Está bien.
—Bien. Tengo que irme, debo publicar un comunicado. Pero volveré a verte pronto, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Xavier le apretó la mano una vez más antes de levantarse y marcharse.
Volvió a su despacho, dispuesto a publicar el comunicado y encontrar la forma de salir de aquel lío.
Le habría gustado quedarse más tiempo con Lauren, pero era mejor tomarse un tiempo para arreglarlo todo.
Una vez que esto pasara, volvería con ella y le diría lo mucho que significaba para él.
Todo iba a salir bien; él se aseguraría de ello.
Solo necesitaba un poco de tiempo. No soportaba verla sufrir de nuevo sin tener una solución mejor.