CAPÍTULO 15
LAUREN
Volvieron a sus habitaciones en silencio. Lauren iba absorta en sus pensamientos, y Xavier también parecía sumido en los suyos. Cuando llegaron a la puerta, ella entró sin más.
—Buenas noches —dijo mientras iba a cerrar la puerta. Xavier extendió la mano, rápido como un rayo, para impedirlo. Lauren frunció el ceño.
—¿Puedo entrar un minuto? —preguntó él. Lauren se mordió el labio.
—No sé si es buena idea. Estoy agotada. Y seguro que tienes obligaciones reales que atender.
—Solo un minuto —Xavier le dedicó una sonrisa rápida—. ¿Por favor?
—Está bien.
Lauren se hizo a un lado para que pudiera entrar.
—Solo quería decirte que lo hiciste muy bien —dijo mientras la seguía al interior—. Sé que mi familia puede ser… difícil. Pero respondiste a sus preguntas de maravilla.
—No estoy tan segura —Lauren se detuvo en el centro de la habitación y cruzó los brazos—. Tengo la sensación de que solo están esperando a que meta la pata.
—Sí —Xavier se rio—. Bienvenida al club. Siempre están esperando a que yo meta la pata también. Es difícil.
—¿Qué debo hacer? —preguntó, y extendió los brazos con gesto de impotencia.
—Solo sé tú misma —dijo Xavier—. Mi familia puede ser difícil, pero cuando te conozcan, les caerás bien. De verdad. Mi padre ni siquiera conectó con Elora de inmediato, y eso que Milan la presentó siguiendo el protocolo y todo.
Lauren suspiró.
—De acuerdo.
—Por ahora, deberías comer algo —continuó Xavier—. Vi que apenas probaste la cena. Debes de tener hambre.
Ahora que lo mencionaba, el estómago de Lauren rugió quedamente. No había sentido hambre durante aquella cena tan incómoda, donde la habían asado a preguntas más que al pescado. Pero él tenía razón. No había comido lo suficiente.
—Supongo que sí —dijo ella.
—Déjame pedirte algo —Xavier fue al teléfono de servicio en su mesita de noche—. ¿Qué te apetece? ¿Más cena o postre?
—Postre —decidió Lauren.
—Pediré para los dos, entonces —Xavier marcó, luego hizo una pausa—. Es decir, si puedo quedarme a comerlo.
—¿No necesitas salir corriendo?
Todavía había un rastro de molestia en el tono de Lauren, aunque ya no estaba tan disgustada como antes. Conocer a la familia de Xavier le había aclarado algunas cosas. En concreto, que él se esforzaba al máximo en una familia que solo quería ver lo peor de él.
—No, a menos que quieras que lo haga.
—Puedes quedarte.
Lauren fue a la cocina y se sirvió un vaso de agua. Oyó a Xavier hablar por teléfono y luego sus pasos hacia el sofá. Lo siguió, vaso en mano, y se sentó en el sillón frente a él.
—Vaya cena familiar… ¿Siempre son así?
Xavier asintió.
—Siempre.
—Milan, en particular, parecía querer avergonzarme.
Xavier hizo una mueca.
—Probablemente sí. Lleva tiempo intentando desplazarme como heredero. Normalmente eso significa ir contra mí, pero ahora también te incluye a ti. Lo siento mucho.
Lauren lo miró a los ojos.
—Gracias por eso. Y gracias por defenderme.
—Es lo mínimo que puedo hacer —Xavier cruzó las piernas—.
Ojalá pudiera decirte que nunca tendrás que volver a pasar tiempo con ellos, pero seguramente sería mentira.
Lo que sí puedo decir es que mi padre es un buen hombre que quiere lo mejor para todos, y Elora parece encantadora.
Si se dieran una oportunidad, les caerías muy bien.
—¿No tienes nada bueno que decir de tu hermano?
Xavier suspiró.
—Milan… bueno. De pequeños estábamos muy unidos.
Solo nos llevamos un año, así que íbamos juntos a las clases particulares, aprendíamos tenis juntos, jugábamos juntos en palacio.
Pero al crecer, Milan se dio cuenta de que yo estaba destinado a ser rey y él…
no. Intenté explicarle que yo no había pedido nacer primero y que siempre tendría un lugar a mi derecha, pero no le bastó.
Ansiaba más poder. Empezó a intentar eclipsarme, a demostrar que él era más apto para ser rey.
Últimamente, eso ha significado casarse y sentar cabeza, porque, hasta hace poco, yo tenía fama de ser algo fiestero.
—Ya veo —dijo Lauren. Se mordió el labio—. Debe de ser difícil que el hermano al que quieres se vuelva contra ti.
—No es culpa suya —dijo Xavier—. No del todo. Es esta estúpida monarquía. Me habría encantado que Milan y yo gobernáramos juntos, como hermanos, pero es imposible. Y en cuanto a estrategia, previsión y diplomacia, lo que hace falta para ser rey, estoy mucho más preparado que mi hermano.
Lauren asintió.
—Entiendo. Es solo que, bueno… siempre deseé tener un hermano.
Mi infancia, solos mi padre y yo, nunca fue solitaria, no exactamente, pero a veces deseaba tener un compañero de juegos de mi edad.
O alguien que me ayudara a decidir cómo cuidar mejor de papá hacia el final.
Siempre imaginé que un hermano o hermana enriquecería mi vida, y siento que para ti no haya sido así.
—Milan sí ha enriquecido mi vida —Xavier suspiró—. Ojalá lo hubieras conocido hace cinco o diez años. Era tan divertido, tan payaso, y listo a su modo. Seguro que aún lo es, pero ahora cuesta verlo.
Justo entonces, llamaron a la puerta. Xavier fue a abrir y regresó con una bandeja de platos cubiertos. Cuando los destapó, había nada menos que seis postres. Lauren abrió los ojos de par en par.
—Es demasiado.
—Compartiremos —dijo Xavier, cogiendo un tenedor pequeño y pasándole otro—. Venga, a por ellos.
Lauren probó el pastel de chocolate con glaseado verde. Esperaba pistacho, pero sabía a lima. Estaba sorprendentemente delicioso.
—Supongo que vivir en un palacio tiene sus ventajas —dijo, alzando el tenedor con un trozo de pastel a modo de brindis.
—Las tiene —sonrió Xavier—. También quería disculparme por haber estado tan ocupado.
—No pasa nada —dijo Lauren. Bajó la mirada hacia los postres, evitando sus ojos.
—No, en realidad no —suspiró Xavier—. Tengo mucho que hacer, y además decidí que necesitabas espacio. Pero debería haber hablado contigo.
—Gracias —Lauren dio otro bocado al pastel. Por primera vez desde que había llegado al palacio, no se sentía tan sola.
—¿Estás lista para la salida de mañana? —preguntó Xavier mientras probaba el arroz con leche.
Lauren asintió.
—Eso espero. Kaila me ha estado preparando. Tendré buena postura y una sonrisa amable. Aunque quería preguntarte: ¿qué se supone que debemos decir sobre cómo nos conocimos? ¿Lo mismo que le contaste a tu padre y a tu hermano?
—Más o menos —Xavier dejó el tenedor—. Para el público, deberíamos dar a entender que nos conocimos hace tiempo. Podemos decir que te ayudé a orientarte, te enseñé la ciudad y nos enamoramos.
—Claro —asintió Lauren—. Amor.
—Saldrá bien —le sonrió Xavier—. La prensa puede ser intensa, pero no tienen nada que hacer contra Milan y Filipe.
Lauren se rio.
—Ya lo creo.
—Además, la salida de mañana será más divertida. Te gustará la galería, seguro.
—Yo también —Lauren probó la ensalada de frutas con crema y coco rallado—. Oh, vaya. A mi padre le habría encantado.
—¿Le gustaba la ensalada de frutas?
—Sí. Le encantaba el coco —sonrió Lauren, pero una punzada de tristeza le atravesó el pecho. Desde que su padre había fallecido, esto le pasaba a veces. Era como si el dolor acechara en las sombras, listo para saltar sobre ella cuando menos preparada estaba para afrontarlo.
—Entonces le encantaría este —dijo Xavier, señalando con el tenedor un pastelito blanco en la esquina de la bandeja—. Pana de coci. Está hecho a base de coco, aunque también lleva relleno de cereza y chocolate.
—A ver —Lauren lo probó y asintió—. Está bueno. Se habría comido una bandeja entera, seguro.
—Y yo no se lo habría impedido —sonrió Xavier—. A mí no me gusta tanto el coco.
—Ojalá lo hubieras conocido —las palabras se le escaparon antes de que pudiera pensarlo bien.
—¿De verdad?
Ella asintió.
—Era todo lo contrario a tu familia. Siempre fue cálido y comprensivo. Cada vez que algo salía mal en mi vida, él estaba ahí para ayudarme a superarlo, sin juzgarme.
—Parece que era un gran hombre.
—Lo era —Lauren miró a Xavier—. Oye, puedes venir a hacerme compañía cuando quieras. No tienes que evitarme.
—Me alegra saberlo —sonrió Xavier—. Ha estado bien. Pero será mejor que me vaya y te deje descansar.
—Vale —Lauren lo acompañó hasta la puerta—. Buenas noches.
—Buenas noches.
Cuando se marchó, Lauren volvió a la silla y terminó los postres.
Tenía el corazón encogido. Echaba de menos el cariño de su padre, su calidez.
Le preocupaba haber cometido un error al intentar hacerse pasar por la novia de Xavier.
Y lo peor de todo, le preocupaba haber sido injusta con él.
Vale, había sido un imbécil con ella, pero cuanto más lo conocía a él y a su familia, más veía que luchaba bajo el peso de unas expectativas infinitas. Al menos lo estaba intentando.
Ella también lo haría.