CAPÍTULO 14
LAUREN
Lauren empezó a deshacer las maletas. La suite era enorme y lujosa, con todas las comodidades imaginables.
El baño tenía una ducha con tantos cabezales y accesorios que parecía un parque acuático.
La cocineta era casi una cocina completa, con horno, microondas, vitrocerámica de dos fuegos, un pequeño lavavajillas y nevera.
Los armarios estaban provistos de pan, té, fruta y otros productos de primera necesidad.
El dormitorio era espacioso y luminoso, con vistas al mar.
Sin embargo, para Lauren, nada de aquello le parecía bien.
Había planeado mantener las distancias con Xavier, y lo había conseguido...
hasta que él volvió a ponerse encantador y dulce.
Entonces lo había invitado a pasar, como una idiota, con la esperanza de poder hablar más y aclarar las cosas.
En cuanto bajó la guardia, él salió corriendo, dejando claro que sus obligaciones eran mucho más importantes que ella.
Pues muy bien. Lauren no estaba allí para tontear con un príncipe.
Estaba allí para asegurarse un buen futuro para ella y su bebé, y eso significaba valerse por sí misma.
Así que sacó el portátil y lo dejó en el escritorio, colocó los zapatos junto a la puerta, ordenó los libros en la estantería del salón y entró en el dormitorio.
Sin embargo, cuando abrió el armario para guardar su ropa, ya estaba repleto de prendas.
Había pantalones y faldas, vestidos largos de satén y blusas de vestir.
Había una chaqueta color crema que parecía demasiado abrigada para el clima de Zarancia, y un mullido albornoz azul.
Incluso había pijamas: shorts de seda y camisetas de tirantes cuidadosamente dobladas.
El primer impulso de Lauren fue inspeccionar cada prenda.
Algunas incluso eran de premamá, lo que le provocó un vuelco en el estómago.
Las apartó y sacó un vestido largo azul oscuro salpicado de brillos plateados que parecía un cielo nocturno.
Se lo puso delante y dio una vuelta como Cenicienta admirando su vestido antes del baile.
Entonces volvió a la realidad de golpe, y Lauren cayó en la cuenta de que alguien, probablemente Xavier, había pensado que su ropa no era lo bastante elegante para la vida en palacio.
Era cierto, pero aun así dolía. Lauren no necesitaba que nadie la vistiera.
Era perfectamente capaz de hacerlo sola.
Esa revelación trajo consigo otro temor. ¿Y si aquello era solo el principio? ¿Y si Xavier intentaba controlar todo lo que hacía, además de lo que se ponía? Lauren apenas lo conocía. Quizá ese era el tipo de hombre que era en realidad: no solo un mentiroso y un imbécil, sino también un manipulador.
Volvió a meter en el armario el suave vestido que tenía en las manos y cerró la puerta, dando la espalda a toda aquella ropa.
Después se dejó caer en la cama mientras las lágrimas le escocían en los ojos.
Desde que había descubierto que estaba embarazada, Lauren vivía constantemente al borde del llanto.
Era exasperante. Pero esta vez las lágrimas estaban justificadas.
Se encontraba a las puertas de una vida que desconocía por completo, con un hombre al que apenas conocía.
Una vez que recuperó la compostura, Lauren volvió a explorar el resto de la suite. Esta vez se fijó en que el baño también estaba provisto de todo tipo de productos, desde lociones y champús hasta cosméticos. Un montón de mullidas toallas blancas la esperaba en el toallero.
Todo aquello era tan distinto de la vida que Lauren había conocido siempre que no estaba segura de que le gustase.
Al cabo de un rato, se preparó una taza de té y se acurrucó en el sofá con su libro, aislándose del mundo durante unas horas.
Cuando llamaron a la puerta, se sobresaltó tanto que casi volcó la taza de té, ya fría.
Se levantó de un salto y corrió a abrir, recomponiéndose por el camino.
Seguro que era Xavier, que volvía para retomar la conversación.
No lo era. En su lugar, había una mujer joven de la edad de Lauren. Llevaba un traje de chaqueta con falda y sostenía una tableta. Tenía el pelo recogido en un moño bajo y un aire serio y profesional.
—Usted debe de ser la señorita Merril —dijo con energía en un inglés perfecto—. Me llamo Kaila Ramírez. Soy su asistente personal.
—¿Asistente personal? —Lauren parpadeó—. ¿La ha enviado Xavier?
—Me ha contratado la familia real para ayudarla a adaptarse a la vida aquí —dijo Kaila mientras pasaba junto a Lauren hacia el interior de la suite—. Puedo responder a sus preguntas y repasar con usted la agenda de los próximos días.
—Oh. De acuerdo. —Lauren siguió a Kaila hasta la mesa de la cocineta, donde ambas se sentaron—. ¿Puedo ofrecerle algo de beber?
—No es necesario —Kaila le dedicó una sonrisa fugaz—, vayamos al grano. Tenemos mucho de lo que hablar. Primero, me gustaría saber si la ropa y los productos de aseo son de su agrado. Si necesita otras tallas o productos diferentes, solo tiene que decírmelo.
—Preferiría ponerme mi propia ropa —dijo Lauren con rapidez. Kaila la recorrió con la mirada, y Lauren bajó la vista hacia su atuendo: una falda larga azul y una blusa blanca. Era lo más elegante que había metido en la maleta, pero Kaila no parecía impresionada.
—Sí, bueno. —Kaila sonrió, aunque la sonrisa no le llegó a los ojos—.
Estoy segura de que tiene un guardarropa estupendo, pero la moda de palacio puede ser distinta de lo que usted acostumbra.
Como le decía, si necesita otras tallas, estaré encantada de ayudarla, y si prefiere más vestidos que pantalones o viceversa, también puedo ocuparme de eso.
Lauren se tensó. Aun así, ya veía que no tenía sentido discutir con Kaila, y aquello no merecía una batalla.
—De acuerdo. Revisaré la ropa y se lo haré saber. —No quería admitir que ya se había probado algunas prendas y que le quedaban perfectas.
—Perfecto. —Kaila pulsó la tableta—. Pasemos a lo siguiente: su agenda para los próximos días. Tengo entendido que no proviene de un entorno aristocrático, así que imagino que le vendrá bien un repaso de protocolo real y de cómo tratar con los medios. He organizado varias sesiones para prepararla.
Lauren volvió a tensarse.
—¿Esto lo ha pedido Xavier? —Si él pensaba que era una plebeya sin modales, sería la gota que colmaría el vaso. Haría las maletas y se largaría, con promesas o sin ellas, con trabajo o sin él.
—En absoluto —dijo Kaila—. Simplemente pensé que le resultaría útil. ¿Me equivoco?
Lauren respiró hondo.
—Sé cómo comportarme.
—Espero que no me haya malinterpretado. —Kaila dejó la tableta y se inclinó hacia ella.
Su tono se suavizó y sus ojos marrones parecieron volverse amables—.
Estoy segura de que es sumamente competente.
Pero vivir en un palacio y salir con un príncipe es una situación única, y resulta difícil estar preparada para ello.
Sobre todo estando en un país extranjero.
Quiero que se sienta segura y como en casa. Por eso he organizado las sesiones.
Lauren se mordió el labio.
—Lo siento. Eres muy amable. Supongo que últimamente he estado un poco nerviosa.
—Perfectamente comprensible —dijo Kaila, enderezándose y recuperando su expresión profesional—.
Tu primera reunión con la familia real será dentro de tres días, por la noche.
Es una cena familiar. Tu primera aparición oficial con Xavier será al día siguiente.
Hasta entonces, si tienes alguna pregunta o inquietud, aquí estaré.
—Gracias.
—Por supuesto. ¿Estás lista para tu primera sesión? He pensado que podríamos repasar un poco de etiqueta en redes sociales.
Lauren asintió.
—Vale.
Lo último que quería era una lección sobre redes sociales. Quería acurrucarse en la cama y tomarse un té. Quería escapar del palacio para siempre. Quería darle un almohadazo a Xavier y preguntarle en qué demonios estaba pensando.
Pero Kaila tenía razón. Era un mundo completamente nuevo, y Lauren necesitaba toda la ayuda posible para encajar.
—Me he tomado la libertad de hacer algunas capturas de pantalla de tu página de Instagram —dijo Kaila, girando la tableta para mostrársela a Lauren—.
Las que he marcado con un círculo son problemáticas.
En esta, por ejemplo, posas con una pizza y el pie de foto dice: «Tan deliciosa que podría casarme con ella».
Esto podría confundir al público de Zarancia.
No queremos que piensen que de verdad te gustaría casarte con una pizza.
Y en esta otra, donde posas con una niña pequeña, la gente podría preguntarse si es tu hija.
—No, qué va —dijo Lauren rápidamente—. Es la hija de una familia con la que me alojé mientras viajaba por Italia. Mira, la ayudé a hacer la máscara de gato que lleva puesta. Y no quiero casarme con una pizza, obviamente. Era broma.
—Tú lo sabes, y yo también —dijo Kaila—. Pero el público puede que no. Te mostraré las directrices de redes sociales del gobierno de Zarancia, que he mandado traducir. Es un buen documento para consultar antes de publicar cualquier cosa.
A partir de ahí, las cosas fueron de mal en peor.
Kaila repasó las redes sociales de Lauren con lupa, señalando de todo: desde la foto del instituto en la que tenía la boca llena de nubes hasta la imagen en la que hacía malabares con naranjas.
Luego le explicó las directrices en detalle, hasta que Lauren finalmente carraspeó.
—Te lo agradezco mucho —logró decir con voz algo estrangulada—. Pero quizá debería eliminar directamente mis perfiles de redes sociales.
—Oh, no —dijo Kaila—. Eso quedaría muy raro. Es mejor eliminar algunas de las fotos más problemáticas. Y deberías tener más cuidado a partir de ahora.