Esperando al bebé del príncipe (Pactos y papás nº 5) CAPÍTULO 13 #2
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CAPÍTULO 13 #2

Mientras subían por las calles hacia el palacio, Xavier se devanaba los sesos buscando temas de conversación.

Lauren y él habían hablado con tanta naturalidad la noche que se conocieron, como si ya fueran viejos conocidos.

Ahora, en cambio, no se le ocurría nada que decirle. Al final dio con un tema seguro.

—¿Has pensado en nombres? —preguntó.

Lauren lo miró sin comprender.

—¿Nombres?

—Para el bebé.

Señaló el vientre de Lauren, como si ella no supiera dónde estaba el bebé.

—Ya sabes. Nombres. ¿Has pensado en alguno?

—No.

Bueno, ahí acabó la conversación. Quizá el tema no había sido tan seguro como Xavier pensaba. Siguieron subiendo, pasando por pequeñas panaderías, tiendas y museos.

—¿Visitaste este museo? —preguntó Xavier, señalando uno grande con columnas imponentes en la fachada—. ¿El Museo Santo Igual?

—Sí.

Algo es algo.

—¿Te gustó?

—Estuvo bien.

Lauren se paró en seco, obligando a Xavier a pararse también.

—Mira, no hace falta que charlemos por charlar, ¿vale?

—¿De qué quieres hablar, entonces? —preguntó Xavier.

—De nada.

Lauren se encogió de hombros.

—No quiero estar aquí. No quiero tener que fingir que estamos juntos. Yo no pedí nada de esto, y no me apetece charlar de museos ni de nombres de bebés ni de nada.

—Vale.

Xavier cruzó los brazos. A pesar de que tenía toda la intención de ser comprensivo con Lauren y anteponer las necesidades de ella, empezaba a irritarse.

Una cosa era que estuviera enfadada con él.

Eso lo entendía. Otra muy distinta era complicarlo todo negándose a hablar.

Él estaba haciendo todo lo posible por hacer llevable aquella situación tan difícil.

Lauren no estaba dispuesta a poner nada de su parte.

—¿Qué? —preguntó Lauren, cruzándose de brazos también—. ¿No te parece bien? ¿Te preocupa que alguien nos vea sin hablar y sospeche de tu farsa?

—Solo digo que esto será más fácil si nos llevamos bien —respondió Xavier—. No hace falta que seamos los mejores amigos ni nada, pero si al menos podemos hablar, no será tan duro. Vamos a pasar mucho tiempo juntos este año.

Lauren suspiró y dejó caer los brazos a los costados.

—Supongo que tienes razón. Lo que pasa es que me cuesta superar lo de las mentiras.

Xavier asintió.

—Lo siento. De nuevo. Sé que la cagué. Pero ahora estamos juntos en esto, nos guste o no.

—Pues a mí no me gusta.

Lauren se dio la vuelta y echó a andar de nuevo.

Xavier la alcanzó sin decir nada. Ella todavía le importaba.

La noche que habían pasado juntos había significado mucho para él.

Pero no le hacía ninguna gracia pasar un año encerrado con alguien que lo odiaba, cuando el futuro de ambos dependía de su capacidad para fingir estar enamorados.

Si Lauren no estaba dispuesta a intentarlo, aquello iba a ser un desastre.

—Hace buen tiempo —dijo Lauren después de unos minutos, y Xavier se relajó un poco. Hablar del tiempo no era gran cosa, pero era mejor que el silencio tenso.

—En Zarancia siempre hace buen tiempo —dijo él—. Bueno, casi siempre. Hay algunos días al año en que hace demasiado calor, y de vez en cuando llueve, pero por lo general todos los días son así.

Lauren asintió.

—Qué bien.

—¿Qué tiempo hacía donde te criaste?

Lauren lo miró de reojo y se mordió el labio.

—Pues... había mucha niebla. Oregón es famoso por la niebla costera. También llovía bastante. Pero en verano, cuando salía el sol y el cielo estaba despejado... era precioso.

—Suena precioso —coincidió Xavier—. Aunque a mí tampoco me molesta la lluvia.

—A mí tampoco. La verdad es que tiene su encanto. Siempre que no tengas que andar mucho rato bajo el agua.

Se miraron y apartaron la vista. Xavier había querido charla intrascendente, pero esto era casi peor que el silencio. Quería coger la mano de Lauren. Quería disculparse por haberle mentido y pedirle perdón. Quería decirle que significaba mucho para él y que quería arreglar las cosas.

Pero la charla intrascendente era lo máximo a lo que podía aspirar.

Después de lo que parecieron horas, aunque en realidad fueron menos de veinte minutos, llegaron al palacio. Los guardias de la entrada le lanzaron a Xavier una mirada de reojo cuando entró con Lauren, pero no dijeron nada. Cuando él los miró, se cuadraron y fijaron la vista al frente.

—Bienvenida —dijo Xavier— al Palazzi Contreras.

—Vaya.

Lauren se había detenido en medio del vestíbulo.

Xavier entendía por qué. Las puertas dobles del palacio daban directamente a un atrio solemne decorado con obras de arte de valor incalculable.

El suelo de mármol relucía bajo sus pies, y el techo se elevaba tres pisos, decorado con un mural pintado a mano.

Si Xavier no se hubiera criado allí, habría pensado que estaban en un museo en lugar de en una casa familiar.

—Mi hermano y yo solíamos deslizarnos por el suelo en calcetines y competir a ver quién llegaba más lejos —dijo Xavier. Lauren lo miró y su expresión se suavizó en una leve sonrisa.

—Me gusta esa imagen.

—Sígueme. Te llevaré a tus habitaciones y te haré una visita rápida de camino. A la izquierda tenemos salas de reuniones, comedores de gala y oficinas. A la derecha, el ala familiar.

Xavier la condujo por el pasillo de la derecha. Para sus adentros, cruzó los dedos para no encontrarse con nadie. Todavía no.

—El comedor familiar está justo aquí —le dijo, señalando—. También hay una cocina profesional. Cada suite tiene una cocinita, aunque solo sirve para preparar cosas sencillas. También hay varias salas de estar y una bolera aquí abajo.

—¿Has dicho bolera?

Lauren lo seguía sin poder apartar la vista de las obras de arte que iban dejando atrás.

—Sí. También tenemos una piscina y una rosaleda. Hay un salón de baile, pero está en la otra ala.

Lauren silbó.

—Madre mía. No me puedo creer que vivas aquí.

—Ya te acostumbrarás.

Se detuvieron frente a un ascensor.

—Este sube a las suites. Las de invitados están en la tercera planta, y las de la familia en la cuarta. Te he puesto en la planta de invitados para que no te cruces tanto con mi familia.

—Vale.

Lauren asintió. Estaba un poco pálida.

—Tu familia.

—Les encantarás —dijo Xavier, aunque estaba mintiendo.

Lauren era guapa, inteligente y divertida.

¿Cómo no iba a gustarles? Sin embargo, el rey Filipe no estaría satisfecho a menos que Xavier estuviera realmente enamorado de una mujer «apropiada», y Milan probablemente vería a la nueva «novia» de Xavier como una amenaza para sus propios planes.

Cogieron el ascensor hasta la tercera planta y salieron.

—¿Qué hay en la segunda planta? —preguntó Lauren mientras recorrían un largo pasillo decorado con apliques y flores frescas.

—Las habitaciones del personal, sobre todo. La lavandería. Cosas así.

—¿Tu personal vive aquí?

Xavier asintió.

—Algunos. Si necesitas algo, a cualquier hora, siempre puedes llamar.

Lauren abrió mucho los ojos.

—Sabía que eras príncipe, pero no me imaginaba que fuera así.

—Tampoco es que quisiera ir pregonando que tengo un ejército de sirvientes —dijo Xavier. Se detuvieron frente a una puerta con un elegante seis de metal—. Esta es la tuya.

—Vale.

Lauren abrió la puerta y entró. Xavier se quedó en el umbral. La observó mientras recorría con la mirada el salón, la cocinita, el balcón, el baño y el dormitorio. La suite tenía más o menos el tamaño de un apartamento modesto de un dormitorio.

—Esto es más grande que mi apartamento de Oregón —dijo Lauren, volviendo junto a Xavier—. Te... agradezco que hayas preparado todo esto para mí.

Xavier asintió.

—Era lo menos que podía hacer. Gracias otra vez por aceptar.

Ella sonrió, y a Xavier se le calentó el corazón. Más que la charla sobre el tiempo, aquella sonrisa le dio esperanza. Lauren entró en la habitación y se detuvo en seco. Se volvió hacia Xavier y señaló un cuadro en la pared.

—¡Oh! Este cuadro. Es el que me contaste, el de la chica con el árbol y el perro.

Xavier asintió de nuevo. —Pensé que te gustaría, así que hice que lo trajeran aquí.

Lauren volvió a sonreírle. Esta vez la sonrisa le llegó hasta los ojos. —Te lo agradezco. Oye, ¿quieres pasar? Puedo prepararnos un té en mi nueva cocinita y hablamos de los planes.

Xavier miró el reloj. —Lo siento, no puedo. Tengo que ir a otra reunión. Te dejo un rato para que te instales y quedamos luego.

—Claro. —El rostro de Lauren se volvió inexpresivo; la sonrisa dio paso a la misma mirada neutra de antes—. Gracias por mostrarme las habitaciones. Que te vaya bien en la reunión.

—Preferiría hablar contigo —dijo Xavier rápidamente—, pero no puedo. —Lauren se acercó a la puerta y se detuvo, de cara a él.

—Vale. Adiós, entonces. —Y le cerró la puerta en las narices con suavidad. Xavier se quedó unos instantes mirando la madera y suspiró. Aquello iba fatal. Había querido darle a Lauren espacio y tiempo para instalarse, pero le había salido el tiro por la culata. Todo lo que hacía le salía mal.

Pero ahora mismo no podía darle más vueltas. Tenía una reunión. Con suerte, por la noche él y Lauren podrían volver a hablar. Con suerte, podrían recuperar algo de la naturalidad que habían tenido antes de que todo se complicara tanto.