Capítulo dieciséis
—¡Yuju!
Julianna miró de golpe a Louisa, que le agitaba una mano delante de la cara, e hizo una mueca. Agarró la escoba y se puso a barrer de nuevo.
—Perdóname.
—¿Te encuentras bien? —La posadera se detuvo con una bandeja de cervezas en la mano—. Llevas muy rara desde ayer.
Julianna forzó una sonrisa.
—Estoy bien.
Louisa la miró con incredulidad, pero se encogió de hombros.
—No quisiera entrometerme, pero ya sabes dónde estoy si necesitas hablar.
—Estoy bien —repitió—. Te lo prometo.
Y lo estaba. De verdad. Aunque sabía que John andaba ahí fuera, buscándola.
Aunque se estaba enamorando de un pícaro redomado.
Aunque había huido de casa y trabajaba como criada en una posada.
Estaba bien, absolutamente bien. Y eso era lo extraño.
Tenía el pecho rebosante y la cabeza ligera.
No podía dejar de recordar la boca de Drake sobre la suya ni cómo se le oscurecían los ojos cada vez que la miraba.
El día anterior había visto una faceta suya que dudaba que conociera nadie más. Se había mostrado vulnerable y frustrado. Y lo único que ella deseó entonces fue abrazarlo con fuerza y decirle que todo saldría bien. Después de todo lo que él había hecho por ella, era lo menos que podía hacer.
Sin embargo, no tenía ni idea de dónde se había metido aquel maldito hombre. Teniendo en cuenta que había jurado protegerla de John, desde luego se le daba de maravilla mantenerse lejos de la posada.
Alzó la vista cuando se abrió la puerta y el corazón le dio un brinco de alegría, que se le cayó a los pies al instante. No era Drake. Entraron dos hombres y se dirigieron a la barra, seguidos de Knight. La localizó y fue derecho hacia ella.
—¿Tienes un momento?
Ella asintió.
—Pero que sea rápido. Cada vez hay más gente.
Knight la llevó al hueco de la escalera y cerró a sus espaldas la puerta de la taberna.
—Tengo una solución, una manera de mantenerte a salvo de John.
—No puedo evitar albergar la esperanza de que ya haya vuelto a casa y se haya dado por vencido.
—Conozco a John y no lo hará. Y, si no viene él, podría venir nuestro padre. Haré cuanto esté en mi mano para protegerte, Julianna, pero tienes que marcharte de aquí.
—¿Marcharme?
—Tengo una conocida que te acogerá: la condesa de Redmere. La condesa tiene familia en Hampshire. Puede llevarte allí y mantenerte a salvo.
—¿Hampshire? No. Está demasiado cerca de Londres. Demasiado cerca de gente que podría conocerme.
—La condesa no te presentará en la alta sociedad londinense. Tiene una tía que puede cuidar de ti en el campo. Nadie sabrá que estás allí, salvo el conde y yo.
Ella frunció el ceño.
—¿Y por qué iba a querer ayudarme esa condesa?
—Soy… amigo de su marido, como bien sabes.
—¿Y cuánto tiempo se supone que debo esperar en Hampshire?
—El que tarde en concertarte un matrimonio.
—¿Un matrimonio?
Se le formaron arrugas entre las cejas.
—Sí, Julianna, un matrimonio. Uno bueno. Con un hombre que pueda ofrecerte protección. Una vez casada, ni John ni nuestro padre podrán tocarte. Pasarás a ser propiedad de otro hombre.
—¿Propiedad? Pero… —Un torbellino de pensamientos le cruzó la mente. No podía irse de allí; era feliz. Le gustaba Cornualles. Ni siquiera le importaba el trabajo. ¿Y cómo iba a…? ¿Cómo iba a dejar a Drake? No, era imposible.
—Me aseguraré de que sea un buen hombre, te lo prometo.
Julianna escrutó a su hermano y se cruzó de brazos.
—No.
—¿No?
—No me marcho. Me gusta estar aquí. Además, seguro que estoy más a salvo aquí, contigo y… y con Drake.
Knight entrecerró los ojos.
—¿Drake?
Ella esquivó su mirada.
—No pienso ir a ninguna parte —dijo en voz baja.
—Todo esto es por él, ¿verdad? —La voz de Knight se alzó—. ¿Drake? ¿Quieres quedarte con ese hombre?
Ella clavó la mirada en la de él.
—¿Y qué, si es así?
—Ya te dije que te mantuvieras alejada de él. —La señaló con el dedo.
—Puede que seas mi hermano, pero no vas a gobernar mi vida. ¡Acudí a ti en busca de ayuda, no para que te comportaras como nuestro padre y me dieras órdenes!
—Te doy órdenes por una buena razón. ¿No crees que quiero lo mejor para ti? Créeme, Julianna: Drake no es lo mejor para ti.
—¿Y tú qué sabes? No lo conoces como yo, tú no…
—Es contrabandista, Julianna.
Las palabras restallaron en el estrecho pasillo y se abrieron paso directamente hasta su corazón, que dio una sacudida dolorosa.
—¿Qué quieres decir? —preguntó con voz quebradiza.
Knight suspiró.
—Que es contrabandista. Los dos lo somos. Créeme cuando te digo que conozco bien a Drake.
—Pero…
—Yo no te mentiría.
Julianna se quedó mirando a su hermano. Aquello explicaba muchas cosas: por qué quería que se fuera de allí; cómo era posible que Drake pareciera tener dinero sin apenas trabajar; por qué su hermano desaparecía a cada rato.
El hombre que había querido que Drake lo llevara a Francia debía de saberlo también.
—¿Por qué… por qué no me lo dijiste? —exigió saber.
—Era mejor que no lo supieras. Así podrías negarlo todo si alguna vez te preguntaban.
—Porque sois delincuentes.
—Hay riesgo, sí.
—¿Por qué haríais algo así? Los contrabandistas son… son gente terrible.
Knight se encogió de hombros.
—No hacemos daño a nadie, eso te lo aseguro. Pero un caballero caído en desgracia tiene pocas ocasiones de ganar dinero. Y esta era buena.
—¡No sé cómo puedes tomártelo con tanta calma, ni cómo puedes pensar que esto esté bien!
—No voy a discutir contigo. Ahora comprendes por qué te quiero lejos de aquí, ¿verdad? Ten el equipaje listo para mañana y yo mismo te llevaré con la condesa.
—Pero, Knight...
—No me discutas, Julianna. Prepárate.
Julianna se quedó mirando la puerta, que se cerró de un portazo.
Apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas.
¿Cómo había podido mentirle su hermano? ¿Y cómo había podido Drake?
A los dos les habían sobrado ocasiones para decírselo.
Y pensar que ella había empezado a sentir...
Bueno, qué importaba ya. Drake le había mentido.
Después de todo lo que habían hablado el día anterior, ¿por qué no se lo había dicho?
Pues no le mentiría más. En cuanto acabara su jornada, se plantaría en el barco de Drake y le exigiría una explicación.
Estaba harta de que aquellos hombres le ocultaran cosas y pretendieran decirle lo que tenía que hacer.
Primero sacaría la verdad a Drake y luego...
bueno, aún no lo sabía, pero desde luego no pasaría por que su hermano le buscara marido.
No había hecho todo el camino hasta Cornualles para que volvieran a decidir su destino por ella.