Esperando a un pícaro como tú (Los pícaros más perversos nº 3) Capítulo nueve
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Capítulo nueve

Red se acomodó en la silla junto a Drake.

El viento hacía temblar los cristales a su espalda y agitaba las llamas de la chimenea que tenía al lado.

Detestaba aquella época del año. Otra noche miserable de las que lo dejaban dando vueltas en la cama.

Tendría que alojarse allí de nuevo en vez de dormir en el barco.

—Te has ventilado esa botella en un santiamén. —Red señaló con la cabeza la botella de whisky medio vacía que había sobre la mesa.

Drake le lanzó una mirada hosca.

—¿No tienes una esposa a la que dar la lata?

—Desde luego que sí, y volveré con ella enseguida, pero antes tenemos que hablar de los planes. Te vendría bien tener la cabeza despejada.

—Podría gobernar un barco con la barriga llena de whisky —protestó Drake.

—No te pido que gobiernes un barco, te pido que me ayudes con los planes.

La puerta de entrada se abrió y Nate y Knight entraron juntos en la posada.

Knight se detuvo a hablar con su hermana, que llevaba una bandeja con bebidas.

Drake no pudo evitar observarla. Había algo ridículamente adictivo en estudiar el suave balanceo de sus caderas o en ver cómo se colocaba un mechón detrás de la oreja para que volviera a caerle sobre la cara.

Knight se dirigió hacia ellos y clavó la mirada en él.

Drake se la sostuvo. Aquel gigantón estaría acostumbrado a aterrorizar a casi todos los hombres de la Tierra, pero a él no lo asustaba.

Bajo aquel corpachón latía el corazón de un hombre tierno; Drake lo sabía.

En algunos aspectos, eran iguales. Knight se guardaba su pasado para sí y corría el rumor de que huía de la justicia, pero, fuera lo que fuese lo que le había sucedido, la vida le había repartido malas cartas y lo había dejado maltrecho y magullado.

El contrabando era su salvación: su oportunidad de hacer algo productivo y, además, rentable.

—Nunca llegaste a decir que tuvieras una hermana, Knight —comentó Drake mientras Knight se sentaba enfrente.

—Knight nunca dice nada —intervino Nate, que alzó las manos cuando Knight le lanzó una mirada furibunda—. Pero es verdad.

—Es elegante y refinada. De buena familia, sospecho. Lo que —le apuntó con el dedo— significa que tú también eres de buena familia.

Knight se limitó a fulminarlo con la mirada.

Red le empujó el dedo hacia la mesa.

—No hemos venido a hablar de Knight, y ese whisky te está soltando la lengua.

Nate se encogió de hombros.

—¿Podemos ir al grano? Tengo una esposa esperándome.

Drake se rió entre dientes.

—Tú y Red, a la entera disposición de vuestras esposas. —Sacudió la cabeza—. ¿Quién lo habría imaginado?

Nate resopló con desdén.

—Cuando tengas una esposa hermosa esperándote en casa… o en el barco, o donde sea… serás igual.

Red asintió.

—Preferiría mil veces pasar el rato con Hannah que con vosotros, cabrones empapados de whisky.

—¿Así nos agradeces nuestra lealtad? ¿Con insultos? —Drake adoptó una expresión ofendida—. Ten cuidado o tendrás que buscarte otro capitán.

Red arqueó una ceja.

—Lo dudo mucho. Te gusta demasiado el dinero.

Drake se encogió de hombros y se lo concedió.

—Muy bien. Insúltame cuanto quieras. Solo asegúrate de que la próxima paga sea excelente.

—Lo será —le aseguró Red—. Parece que dentro de poco tendremos que llevar un mensaje. Ya que estamos, cargaremos otra remesa de vino. Ahora mismo estoy esperando instrucciones.

—Entonces, ¿toca esperar? —preguntó Drake.

—Sí, un poco más. —Red le hizo una seña a Louisa para que les trajera una cerveza a Nate y a Knight.

Drake suspiró y se sirvió otros dos dedos de whisky. Nate le apartó la botella en cuanto terminó de servirse. Drake frunció el ceño.

—¿Qué demonios haces?

Nate miró a Red.

—¿Le cortamos el grifo?

Red asintió.

—Bebes demasiado.

—Te equivocas. —Sonrió de oreja a oreja—. Bebo lo justo. Además, tú tampoco estás precisamente sobrio, Red. Te he visto abrazado a una botella más de una noche.

—¿Ah, sí? —Red lo escrutó—. Porque hace mucho que no me abrazo a ninguna botella.

—Desde que te casaste con Hannah —intervino Nate.

Red fulminó con la mirada a su hermano menor, que se encogió de hombros.

—Es verdad.

—Te estás volviendo temerario. —Red se inclinó hacia él—. Y, sin duda, bebes demasiado.

Drake se irguió.

—Si pones en duda mi capacidad para capitanear un barco, puedes…

Red levantó una mano.

—No la pongo en duda. Solo te hablo como amigo.

Drake paseó la vista por la mesa. Knight no había dicho una palabra, algo del todo normal en él, pero esperaba al menos alguna reacción. El hombre contemplaba su cerveza con la mente claramente en otra parte.

—¿Y tú, Knight? ¿Crees que bebo demasiado?

Knight levantó la vista de la cerveza.

—Sí.

Drake soltó un bufido.

—Bebo lo normal. Solo algunas noches…

Red y Nate intercambiaron una mirada.

Drake dio un manotazo en la mesa.

—¡Maldita sea, es verdad, lo juro! Solo de vez en cuando.

—Y era la pura verdad, maldita sea. Solo necesitaba beber hasta perder el sentido cuando el viento aullaba y la lluvia azotaba con fuerza.

Los demás días podía pasar perfectamente sin beber.

Pero, por supuesto, no podía explicárselo.

¿Cómo iba a hacerlo? Cuando intentaba expresar lo que sentía, sonaba como un candidato al manicomio.

—Sus bebidas, caballeros.

Drake se volvió hacia la intrusa. No pudo evitar recorrer con la mirada el cuerpo de Julianna. Ella sonrió a Red y a Nate, pero lo ignoró a él mientras se inclinaba para servirles las cervezas.

—Gracias, Julianna. ¿Qué tal te va en la posada? —preguntó Nate, y dio un trago a su cerveza.

—Bastante bien. —Sonrió, y Drake se tensó. Maldita sea, esa sonrisa debería ser para él y no para Nate. ¿Qué había hecho Nate por ella? Nada. Había sido él quien la había rescatado y la había ayudado a conseguir aquel trabajo.

—Nunca había tenido los pies tan doloridos.

Se rio, y aquel sonido le llegó a Drake hasta la entrepierna.

Si la tuviera en la cama, la haría reír. Y gritar. Y estremecerse debajo de él. Le haría olvidar hasta su propio maldito nombre y, desde luego, el de Nate.

—¿Louisa te hace trabajar demasiado? —preguntó Nate.

—Qué va —respondió Louisa al pasar junto a ellos—. Julianna se ha empeñado en trabajar todas las horas que Dios manda. Si le duelen los pies, solo ella tiene la culpa. A mí no tiene nada que demostrarme.

Se alejó a toda prisa cuando desde un rincón de la taberna pidieron más cerveza a gritos.

Julianna negó con la cabeza y sonrió.

—Será mejor que vuelva al trabajo. ¡Nunca había visto esto tan lleno!

Drake la observó marcharse, demasiado consciente de que había ignorado su presencia todo el rato.

Lo más probable era que Knight le hubiera dicho que se mantuviera alejada de él, pero ¿desde cuándo le hacía Julianna caso a nadie?

Maldición, necesitaba quedarse a solas con ella y ver cómo sus ojos volvían a adquirir aquel brillo cálido y ahumado.

No tardaría en despertarle de nuevo la curiosidad, siempre y cuando no se tratara de husmear en sus asuntos personales.

Bueno, al menos no en ese tipo de asuntos personales.

—Cuesta creer que sea tu hermana —murmuró Nate.

—¿Y eso? —gruñó Knight.

—Bueno, es tan… —Nate se interrumpió ante la mirada furiosa de Knight.

—Hermosa —intervino Drake—. Deslumbrante. Despampanante.

—Drake. —Red carraspeó a modo de advertencia.

—Encantadora —continuó Drake, mirándola de reojo—. Impresionante.

La mesa tembló cuando Knight descargó un puñetazo sobre ella.

—Te voy a impresionar yo a ti de un puñetazo si no cierras la boca ahora mismo.

Drake miró el puño y sonrió.

—Solo digo la verdad.

—¿Quieres la verdad? —Knight le señaló con un dedo grueso—. La verdad es que, si te acercas a mi hermana, te romperé todos los huesos del cuerpo.

—Y yo que creía que éramos amigos. Tu margen de beneficios se reducirá exponencialmente si matas al capitán del barco. —Drake miró a Red en busca de apoyo, pero este se limitó a negar con la cabeza. Nate se encogió de hombros y le dirigió una mirada de «estás solo en esto».

—Marineros hay de sobra —replicó Knight, con el ceño cada vez más fruncido.

—Pero yo no soy un marinero. Soy capitán, Knight. ¿O lo has olvidado?

—Mantente alejado de Julianna o te haré daño, y lo digo en serio. No eres lo bastante bueno para ella, y ya ha pasado por bastante —advirtió Knight.

Aunque aquellas palabras pretendían espantarlo, Drake no pudo evitar darles vueltas. Seguía sin tener la menor idea de por qué ella había hecho todo aquel viaje ni de qué le había ocurrido antes de llegar a Cornualles. Quería saberlo.

Y apostaba a que no tardaría en sonsacarle todos sus secretos, por mucho que ella dijera lo contrario.

—Mantente alejado —repitió Knight.

Drake resopló y se llevó una mano al pecho.

—Juro por mi miserable vida que no haré nada que Julianna no quiera que haga.

Knight entrecerró los ojos hasta dejarlos en dos rendijas.

—Eso no significa nada. Pero Julianna no se acercará a ti. Tiene demasiado sentido común para eso.

—Entonces no tienes nada de qué preocuparte —respondió Drake con suficiencia.

—¿Podemos volver a disfrutar de nuestras copas y a planear el próximo viaje? —preguntó Nate—. Recordad que todavía tengo una esposa esperándome en casa.

—No eres el único hombre del mundo con esposa, hermano —señaló Red—. Cualquiera diría que eres el primero de la Tierra que se casa.

Drake soltó una carcajada.

—La novedad se te pasará pronto.

—Ah, sí —respondió Nate con sequedad—. Estoy seguro de que en cualquier momento me cansaré de volver a casa con mi esposa, que es hermosa, divertida y cariñosa. Cómo me gustaría ser como tú, Drake, y tener solo una botella de whisky por compañía.

Drake volvió a reírse.

—Yo sé encontrar compañía cuando la necesito.

—Me he enterado de que uno de esos hombres que andaban dando problemas a Louisa preguntaba por un pasaje a Francia —intervino Red.

Drake frunció el ceño y bebió un sorbo de whisky antes de responder.

—¿Cómo te has enterado de eso?

—Yo sé todo lo que pasa por aquí. —Red se encogió de hombros—. Y hay ciertas personas que han estado preguntando por ese hombre. —Red lanzó una mirada en dirección a Julianna antes de que Knight pudiera darse cuenta de quién hablaban.

Si alguien le recordaba a Knight que Julianna había estado pasando tiempo con él, Drake estaba seguro de que le soltaría un puñetazo o dos.

Aun así, ojalá aquella maldita curiosa dejara de meter las narices donde no la llamaban.

Puede que le gustara su compañía, pero ella no tenía por qué verse metida en su mundo de secretos y peligros.

Knight no se percató del intercambio de miradas.

Drake siguió la suya y la encontró clavada en Louisa.

O, más concretamente, en el borracho al que amenazaba con echar.

Drake vio cómo el hombre negaba con la cabeza y bramaba que no pensaba irse a ninguna parte; luego miró la mano de Knight, que se cerraba en un puño.

Knight rara vez se pelaba sin motivo, aunque tenía fuerza de sobra para ganar cualquier pelea, pero tenía un pronto terrible.

El hombre con el que discutía Louisa se puso en pie, echó la silla hacia atrás y se tambaleó. Le plantó un dedo en la cara.

—Yo no me voy a ninguna parte. He pagado mi bebida y me la pienso beber.

A Louisa no pareció amedrentarla la ira del hombre.

—También le has puesto la mano encima a una de mis chicas. Lo que significa que te vas.

El valor de Louisa no sorprendió a Drake. Llevaba años lidiando con borrachos y maleantes, y la había visto echar a más de uno agarrado por la oreja. Por lo visto, sin embargo, aquel hombre nunca había visto a Louisa perder los estribos.

El hombre se cernió sobre ella y le rodeó la cintura con un brazo, aprisionándola contra su cuerpo.

—Si te sientes excluida, preciosa, a ti también puedo tocarte.

Antes de que Louisa pudiera reaccionar —y Drake no tenía ninguna duda de que lo habría hecho—, Knight cruzó la taberna a grandes zancadas, le retorció la mano al hombre y lo inmovilizó contra la mesa.

—La dama ha dicho que se marche —dijo Knight con frialdad.

Mientras el borracho gimoteaba y se retorcía para soltarse de la mano con que Knight le sujetaba con firmeza el brazo, este lo llevó hacia la puerta principal. Alguien se apresuró a abrírsela y Knight desapareció un instante tras ella.

—Ahora recuerdo por qué lo aguantamos —dijo Nate con una sonrisa burlona.

—Lo aguantamos porque nadie se atrevería a enfrentarse a él —le recordó Red a Nate—. Y es amigo nuestro. En cierto modo.

—Un amigo de lo más reservado —murmuró Drake—. Tendré que sonsacarle a Julianna algo más sobre él, aunque asegura que sabe poco de lo que ha sido de él desde que se marchó de casa.

—A Knight no le hará ninguna gracia —advirtió Nate.

Drake lo apuntó con el dedo.

—No puedes negar que sientes curiosidad por él. ¿Cuántos años llevamos trabajando a su lado? Y, sin embargo, ninguno de nosotros lo conoce de verdad.

Red negó con la cabeza y apuró la cerveza.

—Deja al hombre con sus secretos.

Se levantó y le hizo un gesto con la cabeza a Louisa.

—¿Todo bien, Louisa?

Ella se pasó la mano por el vestido arrugado.

—Ya sabes que hace falta algo más que un borracho idiota para asustarme, Red. Tengo trabajo que hacer... Por favor, eh, dale las gracias a Knight de mi parte.

Louisa se alejó a toda prisa antes de que regresara su amigo, con la expresión tan sombría como siempre.

Drake frunció el ceño. Hacía ya un tiempo que resultaba evidente que Knight estaba cada vez más pendiente de Louisa, pero no había advertido ni la menor señal de interés por parte de ella.

Y ahora Louisa huía de él. ¿Qué demonios pasaba entre esos dos?

Knight se sentó sin decir palabra.

—Bueno, creo que esa ha sido mi señal para volver a casa, caballeros.

Red metió los brazos en el gabán y dejó unas monedas sobre la mesa.

—Tomad algo a mi cuenta, pero esta noche nada de peleas.

Drake alzó las manos.

—Si alguien va a pelearse aquí, es Knight. ¿Qué has hecho con el tipo?

—Me he asegurado de que no vuelva.

Knight cruzó los brazos y clavó la mirada en su jarra de cerveza.

Nate abrió la boca y la volvió a cerrar, e intercambió una mirada con Drake. Dudaba que Knight hubiera matado al hombre. Sí, estaba seguro de ello. Podía ser un bruto callado, pero no era un asesino.

Eso esperaba Drake. Si iba a seguir pasando tiempo con Julianna, desde luego no quería acabar bajo tierra por culpa de Knight.