Ese CEO es mi tentación Capítulo 33
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Capítulo 33

—Joder, ¿cómo puedes tener tanta suerte? —gritó Cata.

Solté una carcajada.

—Niña, ¡qué me dejas sorda! —se quejó mi prima.

Les había hecho una videollamada y acababa de contarles lo que me pasó el día anterior con David.

Hasta este momento no había podido hablar tranquilas con ellas, ya que David se quedó a comer y también a cenar. Se fue de mi casa pasadas las diez y media y esa hora no era buena para llamar a mi amiga y a mi prima. A pesar de que la información bien lo merecía.

Ahora eran las nueve y media de la mañana y estaba dentro de mi coche. Acababa de estacionar, pero no en mi trabajo.

Como me pidió mi padre, me estaba tomando unos días libres. Por una vez, después de lo de ayer, había decidido tomarme un merecido descanso. Por Fran y mi padre sabía que estaba todo controlado, aunque lo mismo me conectaba desde casa por la tarde, para trabajar un poquito.

Estaba por ver. No era seguro.

—No sé de qué te sorprendes —le dijo mi prima a Cata—. Lo de David y Luci estaba cantado —rio—. Joder, qué subidón. Yo ya lo sabía.

—¿En serio? —le pregunté sorprendida.

—Sí —contestó con una gran sonrisa—. David fue ayer a hablar con Ismael y se lo contó todo.

Ni mi marido ni yo sabíamos que David llevaba tiempo trabajando con tu padre y bueno, sobre lo demás, tanto Ismael como yo nos dijimos todo lo que sabíamos, porque ya no tenía sentido callarlo.

Así que llegamos a la conclusión de lo que nos has contado —dijo emocionada.

—Pues podrías haberme dado un adelanto —me quejé en broma.

—No te lo crees ni tú. Estoy segura de que lo de ayer lo repetirías una y otra vez tal cual sucedió.

—Tienes razón —suspiré.

—¿Cuántas veces? —preguntó Cata, con la cara muy pegada a la cámara—. Confiesa.

—No quieres saber cuántas.

—Oh, mierda. Qué tristeza más grande tengo por mí —lloriqueó en broma.

—Porque quieres —rio Sandra—. Yo sé de uno que estaría encantado de quedar contigo.

—Mierda, no me menciones a Cristian que estoy intentando olvidarlo.

Bufó.

—¿Y eso? —me extrañé—. Hasta donde yo sé, hace bastante que no os veis, porque la última vez que fui yo al club y me encontré con David y Cristian, nos fuimos rápido con Rita, por lo que me pasó.

—Ese es el problema, que hace mucho que no nos vemos y él no quiere verme.

—Ah. Pero no sabes si quiere verte. Yo diría que sí, por su reacción cuando supo que estabas en el club. Lo que pasa es que los dos sois de la misma manera y si ninguno de los dos da un paso al frente, al final no será nada.

Me encogí de hombros.

—Da lo mismo. Ahora estamos hablando de ti y de lo que hizo David, presentándose en tu casa, más tarde del numerito en el despacho de tu padre.

—Qué fuerte, todo —rio Sandra.

—¡Ay, que al final se cumple lo del ramo y eres la siguiente en casarte! —gritó Cata.

—¿Te has propuesto dejarnos sordas? —le pregunté.

Negué, sonriendo.

—Es que no puedo con tantas emociones —rio y Sandra y yo sonreímos.

—Enhorabuena, cariño —me dijo mi prima—. Ambos os lo merecéis. David en un gran hombre, impresionante, y no hablo solo de su aspecto.

—Lo sé. Algo me ha dejado ver de su personalidad y me gusta mucho.

—Te enamorarás más de él. Te lo aseguro.

—Voy a dejaros ahora. Ya sabéis las últimas novedades importantes.

—¿Dónde estás? ¿Qué vas a hacer hoy en el día libre?

—He venido a la empresa de David.

Cata silbó y mi prima sonrió de oreja a oreja.

—Mi padre me ha dicho cual es y quiero darle una sorpresa. O siempre puedo decir que vengo a trabajar, por lo de sustituir a mi padre.

—Tienes excusa —rio Sandra—. Pero no vas a necesitarla. David estará encantado de que hayas ido. Hame un favor.

—¿Cuál?

—Sácalo a alguna cafetería a tomar un café. Que haga una pausa.

—Ayer lo separé del trabajo durante todo el día. Creo que hoy puedo hacer un poquito más.

—Sí —sonrió—. No te imaginas lo que conseguiste —me dijo con un guiño.

—Hablamos más tarde —le dije, a modo de despedida.

Después de que ellas me dieran las suyas colgué la videollamada y me guardé el móvil en el bolso.

Al salir del coche me lo colgué al hombro y después de cerrar con el mando, caminé con decisión hacia el gran edificio de la empresa de David.

Mi padre ya me avisó de lo grande que era y de lo majestuoso que se veía y era, también.

No había exagerado ni un poco.

Al entrar agradecí el fresco del aire acondicionado, mientras caminaba hacia la recepción.

El calor parecía que no quería dejar la ciudad.

—Hola —saludé a la chica de detrás del mostrador.

—Hola —me correspondió—. ¿En qué puedo ayudarla?

—Vengo a ver a David. Al señor Haro.

—¿Tiene una cita para hoy?

—No exactamente —le sonreí a la chica—. Verás, vengo de la empresa…

Comencé a darle los datos de la empresa de mi padre y a comentarle que estaba sustituyendo a mi padre.

Con la mención de la empresa ya hubiera sido suficiente.

—Claro, puede subir. El despacho del señor Haro se encuentra en la primera planta. Llegará rápido, no tiene pérdida.

—Muchas gracias.

—A usted.

—Llámame Lucía. A partir de ahora estaré por aquí por negocios.

No le comenté que por algo más también, eso era algo que nadie más debía saber. Al menos por el momento. Ni yo sabía cómo iba a terminar todo esto.

—De acuerdo, Lucía. Gracias por la confianza. Yo soy Lara.

—A ti, Lara. —Le hice un guiño.

Me alejé del mostrador para ir hacia el ascensor, a pesar de que solo tenía que subir una planta. No me apetecía ir por la escalera, aunque llevaba un calzado cómodo.

Esperé sola y cuando las puertas se abrieron delante de mí, me quedé paralizada al ver a las dos personas que había dentro.

Una de ellas era David, la otra la mujer del club y los besos, Aurora.

Ellos no me vieron. David estaba negando algo con la cabeza y Aurora estaba demasiado encima de él, tanto que podían respirar el mismo aire.

—Esto tampoco es nada, ¿no? —hablé en alto, por si tenían problemas de audición, ya que no había escuchado que el ascensor había llegado a su destino.

El primer en reaccionar fue David. Levantó la cabeza de golpe y apartó enseguida a Aurora.

Sonreí con ironía, al mismo tiempo que negaba, antes de darme la vuelta y comenzar a caminar hacia la salida.

—Olvídate de lo que te he dicho, Lara —me dirigí a la recepcionista, captando su atención—. No pienso pisar nunca más este edificio —le dije, con mi mejor sonrisa.

Debió ver algo detrás de mí porque agrandó los ojos. Yo, por si acaso, aceleré los pasos para salir cuanto antes del edificio y largarme de este lugar.

—¿Qué…? —Jadeé.

Estaba de pie, caminando, y segundos después mis pies no tocaban el suelo. Y no solo eso, sino que mi cabeza estaba bocabajo, en la espalda de David.

—¿Qué haces? —Alcé la voz—. Bájame. No tienes ningún derecho a cogerme como un saco de patatas ni como nada. Tú no tienes ningún derecho sobre nada.

—No le hagas caso, Lara. Está celosa.

Jadeé por la impresión, cuando me dio varias palmadas cerca de la curva del culo.

—Claro, señor —le dijo Lara.

—Lara. ¡No le hagas caso! Esto es un secuestro. Llama a la policía, por favor. No, no, mejor llama a la empresa de mi padre y pregunta por él, di que tienes que darle una información importante de su hija.

Hice una pequeña pausa, para recuperar la respiración.

—¿Qué haces? ¡No quiero entrar en el ascensor!

—¡Aurora!

Al escuchar ese hombre de David me quedé callada e inmóvil. Dejé de golpearle el final de la espalda.

—¿Ves a esta mujer? Es la única que me importa y por la que quiero pelear, todas las veces que hagan falta. Me has dicho que no sé lo que quiero, pero lo que tú no sabes es que lo tengo clarísimo desde hace años.

Se quedó callado, para que sus palabras calaran más.

—Voy a darte una última oportunidad. No habrá más avisos por mi parte.

Si se te ocurre acercarte a mí de manera no profesional, estás fuera de la empresa.

Si tienes la idea estúpida de besarme de nuevo o de hacer algo íntimo, estás fuera de la empresa.

Y, por supuesto, si te acercas a esta mujer que llevo conmigo, de cualquier manera, te aseguro que aparte de despedirte, tomaré otras medidas.

David se apartó de las puertas y estas se cerraron.

Antes de quedarnos encerrados en el ascensor, pude ver a Aurora. Tenía los puños apretados a ambos lados de su cuerpo y nos miraba con rabia.

A Lara también me dio tiempo a verla. Su expresión era de sorpresa total, tanto que se quedó con la boca abierta.