Capítulo V. De noche todos los dragones son pardos #2
Él gruñe. La historia del favor es un tanto truculenta e implica la participación de su jefe en los bajos fondos, ciertos hombres de blanco con tufo angelical y una perilla anal, por lo que no me entretendré con ella. Solo diré que ese día Devil vio el cielo conmigo.
—Se trata de Jake Mathe —prosigo yo.
—¡El viejo Jake! ¿Qué se trae entre manos ese gamberro?
—Ese desvirgador de elfos está maltratando un dragón negro.
—Ah, mala cosa. Si buscas hacerlo desaparecer, tengo que decir que puede que haya un conflicto de intereses…
—No sé porqué no me sorprende que hagas tratos todavía. ¿Eso no va en contra del juramento de alguacil?
—Uno tiene que ganarse la vida. El sueldo apenas da para vivir. En cualquier caso, no puedo tocarlo.
—No busco que ejecutes mi venganza. Esa me la reservo. Sólo tienes que acercarte por ahí con Carla, la de la asociación de animales fantásticos Bobalicones, y registrar el estado en el que se encuentra ese dragón. Si ella lo cree necesario, se lo llevará y puede que encuentre algo de resistencia.
—Creía que tú no utilizabas eufemismos. Esa es una forma muy suave de describir lo que hará Jake cuando se dé cuenta que queremos llevarnos a su dragón.
—Confío en que puedas con él. Y con esto, saldaremos la deuda.
—Muy bien. Llevaré a mis chicos y, como regalo, puede que convenza al Juez de seguir con el expediente.
—Creía que tú no realizabas milagros.
Paso el resto de la tarde intranquila. No es mi dragón y la historia me ha llegado de rebote, pero el disgusto es el mismo.
Veo a Cabezón intentado atrapar la cola de Llorica y me dan ganas de patear a Jake hasta que su culo suplique por su boca.
En este estado de ánimo no debería atender a nadie, pero justo hoy es el día que ha elegido una incauta mujer para aparecer por mi jardín. Sin cita previa, obvio.
En cuanto la veo sonreír comedidamente, con las manos entrelazadas, renqueante y en postura sumisa, sé que no es una cliente. Es una pedigüeña.
—Hola, mire, soy una pobre mujer que no tiene mucho, pero que ama los dragones —me dice, poniendo su mejor cara de pena y ojitos llorosos.
No sabe que soy inmune a las lágrimas.
—Buenas. ¿Qué estaba buscando? —le pregunto, le-talmente.
Quizás solo busque tocar uno, pienso con esperanza.
—Pensaba que quizás tuviera alguno que le sobrara, para que me haga compañía —pide ella y mi esperanza se va a la porra.
—¿Sobrarme?
—Sí, verá —y aquí me cruzo de brazos, porque sé que comienza la historia lacrimógena—, es que he tenido cáncer en el pie, me lo van a tener que amputar y mi hijo está en el reino de Gels luchando con orcos y, como comprenderá, me encuentro muy sola.
En el banco de los gnomos me engañaron, me quieren embargar y estoy sin trabajo ahora mismo, por lo del cáncer, claro.
Estoy muy deprimida, mucho, necesito un dragón.
Respiro e inspiro. Paciencia, Elsa, paciencia.
—¿Ha preguntado en las asociaciones? Este es un centro de cría.
—Es que allí sólo tienen dragones negros y viejos. Y yo, claro, con mi estado de salud no puedo, necesito un cachorro.
—Pero no tiene dinero.
—No, me temo que no puedo comprar. Pero quiero mucho a los animales, sobre todo a los dragones, y siempre ha sido mi sueño tener uno.
POMP. Es el sonido que hace mi paciencia al romperse. No es como un pequeño click que hace un interruptor, sino como un gong que reverbera y hace temblar todo mi cuerpo de ira.
—Disculpe, pero el amor solo no es suficiente — digo, dando un paso hacia ella con mi mejor sonrisa lobuna.
Esta mujer ha elegido el peor día para pedirme nada—.
A pesar de lo que digan esas estúpidas canciones, nunca lo es.
Se necesita un suelo fértil, un futuro, para que ese amor no acabe en tragedia.
Y lo que usted me está diciendo es que no le dará la vida adecuada al dragón que le entregue, porque, pobre de usted, se siente sola.
Eso no es ser responsable. Eso sería ser un mal criador.
—Pero yo voy a cuidarlo muy bien —trata ella de excusarse, dando un paso atrás.
—¿Y cómo va a mantenerlo? ¿Qué va a darle de comer? ¿Qué pasará si tiene un accidente usted? ¿Y si tiene un accidente él? Todo cuesta dinero, señora.
—Pero no tiene que pasarle nada. Siempre puedo pedir ayuda a las protectoras para que me den comida para él.
—Señora, no se haga cargo de aquello que no pueda mantener. No vaya pidiendo que otros lo hagan por usted. Si se siente sola, apúntese a ganchillo, haga voluntariado en el centro de adopciones o eche una canita al aire. Yo no le voy a dar ningún dragón.
—¡Pues ahora sí que no voy a cogerle ninguno! — me grita ella, roja como un dragón de lava. Se da la vuelta y sale corriendo. Devil va a reírse cuando se lo cuente, porque al parecer la que hace milagros soy yo. Ya no cojea.
En ese momento, llega un mensaje de Carla y yo lo procedo a leer con ansiedad. Es escueto: «Lo tenemos». Adjunta una imagen. La abro y se me revuelven las tripas.
Retiro lo dicho. En mi siguiente vida, no quiero ser dragón.