Escudo de gorriones (Escudo de gorriones 1) Capítulo sesenta #2
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Capítulo sesenta #2

Una mujer gritó, la mayoría de las personas empezaron a susurrar y pasar las noticias hacia atrás, a aquellos que no habían podido oír. Un hombre que estaba cerca de mí sujetó el brazo del niño que tenía a su lado, se giró y empezó a abrirse paso entre las personas para regresar a su hogar.

Era demasiado pronto para que llegaran los crux. Se suponía que la migración tendría lugar el próximo año, en el peor de los casos. Siempre llegaba con la primavera. Siempre. Todavía teníamos que prepararnos para el invierno.

Era demasiado pronto. No estábamos listos.

—Necesitamos que todas las tropas que no sean indispensables en esta fortaleza vengan a Allesaria —dijo Ramsey—. Aquellas personas que no quieran quedarse en Ellder son bienvenidas en la ciudad. Partiremos esta noche.

Entonces esa era la razón por la que había tantos soldados. Había estado reclutando gente para llevarla a la capital.

—Y tú vendrás con nosotros —le dijo a Ransom—. Es una orden.

Pero Ransom la ignoró y levantó la espada para señalar con la punta a Banner.

—¿Qué hace él aquí?

—Hice un trato con el Rey Dorado y el general Banner —dijo Ramsey, cruzando los brazos sobre su pecho—. Él se llevará a su prometida de regreso a Quentis.

—No. —Los dedos de Ransom se abrieron y cerraron sobre la empuñadura de la espada, mientras ajustaba su agarre. No podría usarla contra Ramsey, pero la advertencia fue clara. No importaba si había un juramento de sangre o no, estaba seguro de que lo intentaría—. Ella se queda.

—No iré a ninguna parte —dije al mismo tiempo que Ransom.

Una parte de mí estaba contenta de que mi padre hubiera mantenido su promesa de llevarme a casa. Pero llegó demasiado tarde.

Ya estaba en casa.

Banner ahogó una risa.

—No he venido por ti.

Un momento .

—¿Qué?

Entonces, ¿por quién? Yo era su prometida. O lo había sido. Si no estaba aquí por mí…

Banner centró su atención detrás de mí.

Varias personas habían abandonado el patio y regresaban a sus hogares para compartir la noticia sobre el heraldo de los crux cuanto antes, de modo que nadie me estaba tapando la vista cuando un grupo de soldados empezó a caminar hacia nosotros.

Era uno de los grupos que había entrado por la puerta lateral y los guiaba una mujer con la que había estado conviviendo aquí hacía no mucho tiempo. Una mujer con un rostro bonito y ojos castaños grandes, cuyo cabello rubio estaba trenzado al estilo de los guerreros.

—¿Jocelyn?

Al instante, me sentí aliviada al verla y saber que había logrado llegar a su hogar para abrazar a su madre. ¿Ella y Banner se habían comprometido cuando la mandé de regreso a Roslo?

Tenía una espada en la mano y, si bien era más pequeña que la de los hombres, se veía cómoda y segura empuñándola, al igual que Tillia con la suya. Aunque creo que se veía demasiado cómoda para ser una criada.

La alegría de volver a verla desapareció de inmediato cuando el miedo se asentó en mi vientre.

Jocelyn no era una simple criada, ¿verdad? ¿Era una espía de Banner?

¿O de mi padre?

Había una razón por la que me había acompañado en este viaje y no había sido para calentar el agua para mis baños.

En todo este tiempo, mientras yo ganaba confianza, había olvidado la poca fe que mi padre tenía en mí. Ver a Jocelyn fue un recordatorio brutal de ese sentimiento. Lo sentí como si me hubieran arrastrado atrás en el tiempo, como si se estuvieran reabriendo viejas heridas.

No era la misma princesa que había partido de Roslo. ¿Les había contado lo mucho que había cambiado? ¿Preguntaron al menos por mí? ¿O solo por Allesaria? ¿Por sus planes?

Me engañó, ¿verdad? Jocelyn reunió toda la información que le habían ordenado recoger y luego me dio la excusa perfecta para que la enviara de regreso. Incluso había fingido llorar.

Jocelyn se giró y le hizo un gesto a alguien para que se acercara.

Brielle apareció a su lado y, cuando nos vio a todos, un grito ahogado brotó de su garganta.

—¿Banner?

El alivio cubrió su rostro y abrió los brazos.

—Brielle.

Se abrió paso a toda prisa entre los soldados y Jocelyn y se acercó corriendo hacia él, mientras su cabello se mecía detrás de ella y sus brazos y piernas se sacudían hasta que ella se estrelló contra su pecho.

—Has venido por mí.

—Te prometí que encontraría una manera de hacerlo. —Se inclinó hacia atrás, tomando su rostro entre sus manos, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Luego la besó como si estuvieran solos en una habitación oscura y no en medio de una multitud.

Ese beso me dejó sin aliento.

Banner y Brielle.

¿Ella era su prometida? ¿Este era el trato que había hecho Banner? La información de Jocelyn a cambio de Brielle.

Cielos . No estaba segura de poder procesar más sorpresas esta noche. Pero, a medida que la conmoción se hacía a un lado, la verdad empezaba a cobrar sentido. Ahora podía verlo.

Banner había estado en el acantilado el día que partimos en el barco, pero no para mirarme a mí, sino a ella. La mujer que veía en la ciudad, la amante sobre la que había oído rumores en el castillo era Brielle.

Cuando le había preguntado si alguna vez se había enamorado, había dicho que sí, pero que él le había roto el corazón.

Banner le había roto el corazón cuando aceptó casarse conmigo.

Pero ella lo siguió amando de todas maneras, a pesar del dolor.

Fueron separados, pero se mantuvieron unidos con la esperanza en un futuro, como si todo fuera perfecto en este mundo.

De repente, comprendí que Jocelyn no había sacado solo a Brielle de esa casa.

En ese instante, los soldados aparecieron arrastrando a Luella hacia el centro del patio, sujetando sus brazos con una fuerza descomunal.

Ransom se giró y levantó la espada mientras se alejaba de mi lado.

—Soltadla.

Luella tenía su cabello oscuro suelto y su túnica dejaba al descubierto su camisón de dormir. No le habían dejado ponerse las sandalias, de modo que sus pies se deslizaban descalzos sobre el suelo.

Ramsey no había venido solo para reclamar a su hijo. Vino a buscar a su esposa.

No sabía cómo había podido encontrarla, pero tenía la corazonada de que había sido gracias a Jocelyn. Quizá mi antigua criada había encontrado el paralelismo entre la descripción de la reina y la mujer que a menudo veía con el Guardián.

Y, si mis suposiciones estaban en lo cierto, entonces Jocelyn nos había traicionado a todos.

Perra .

Zavier se movió y miró por encima de los soldados, buscando a alguien.

Evie. Por todos los dioses, ¿dónde estaba Evie? Solo deseaba que estuviera a salvo.

Al escuchar el suspiro de Zavier, entendí que era probable que estuviera escondida.

Mi suspiro también fue igual de fuerte.

—¡Basta! —Un destello blanco se movió a toda prisa entre la multitud y entonces Cathlin apareció de repente, intentando alcanzar a los guardias. Cuando vio que Ransom les estaba bloqueando el camino, aminoró la marcha, respirando con pesadez, y cambió de rumbo para situarse detrás de Zavier.

La ira parecía brotar de todo el cuerpo de Ransom mientras bloqueaba el paso a los guardias que llevaban a su madre.

—Soltadla.

Tuvieron la cordura suficiente para hacerle caso.

Puede que no pudiese enfrentarse al rey, pero eso no incluía a los guardias. Sus cabezas rodarían antes de que siquiera pudieran parpadear.

—Vuelve a casa —le dijo a Luella—. Vete.

Pero ella esbozó una sonrisa llena de tristeza y le acercó una mano a la mejilla.

—No importa si es en Allesaria o en Ellder, no tengo manera de escapar de mi destino. Es hora de afrontarlo de una vez por todas. Y terminar con esto.

No. Ramsey la iba a matar. No hablaría de esa manera si creyera que podía resolverlo. ¿Lo haría aquí, delante de todos? ¿La mataría frente a Ransom?

Me encontré con una sonrisa amenazante y victoriosa en el rostro del rey cuando me giré hacia él. Después de más de cuatro años buscando a Luella, la había encontrado. La información que Jocelyn le había dado lo había traído hasta esta fortaleza.

Tendría que haberse ido antes. Todos deberíamos habernos ido antes.

Luella pasó junto a Ransom con la frente en alto y se detuvo frente a su marido.

—Ramsey.

—Lu —dijo con una voz fría—. Estaba seguro de que, después de todo este tiempo, tendría que viajar hasta la otra punta del reino para encontrarte.

Imagina mi sorpresa cuando me enteré, gracias a una espía de Quentis, de que había una mujer que nunca se alejaba del Guardián.

Una mujer que tenía un parecido notable con la reina. La tutora de una niña de cuatro años.

Mi corazonada. Estaba en lo cierto.

Tensé la mandíbula, sintiendo cómo la ira fluía caliente por mis venas. Iba a matar a Jocelyn si Ramsey encontraba a Evie.

—¿Quién es esa niña? —preguntó Ramsey—. ¿O debería matarte primero y averiguarlo después?

—Has perdido por completo la cabeza, Ramsey —dijo Cathlin, furiosa—. Te has vuelto un necio y has acabado cegado por los celos y la venganza.

Pero el rey la ignoró y mantuvo su mirada fría en su esposa. Su reina.

—Ramsey —dijo Luella con suavidad—. Esto ya ha llegado demasiado lejos.

—No lo suficiente. —Se llevó una mano a la cara y se acarició una mejilla con la punta de los dedos.

Luella se movió incómoda y Ramsey esbozó una sonrisa arrogante que se convirtió en una expresión de desdén.

De repente, sujetó su cabello y tiró con tanta fuerza que la hizo gritar de dolor.