Capítulo sesenta
Los soldados que se encargaban de la puerta obedecieron la orden de Ransom, pero todos levantaron la vista hacia la muralla con desconcierto. Sus expresiones de confusión eran idénticas a las de aquellos soldados que montaban guardia en la muralla.
Se quedaron mirando al ejército fuera de la fortaleza, probablemente preguntándose por qué les habían prohibido la entrada a soldados con el emblema turano y al rey. Su rey.
Miré hacia el bosque y vi cientos de antorchas que parecían multiplicarse sin fin. Era como si el ejército hubiera rodeado la fortaleza por todos los flancos.
—Mack, no nos abandones —susurré, haciendo la señal de los Ocho. Si se desataba una batalla, el dios de la guerra elegiría un bando esta noche y rogaba que fuera el nuestro.
Ramsey no solo había traído a los soldados con los que había viajado a Ravalli o a Treow, sino que vino con toda una legión. ¿Era esta su milicia? ¿Cuántos de esos hombres estaban infectados con la lyssa?
Se empezaron a oír muchos gritos abajo cuando el resto de los soldados salió de las barracas y se acercó al patio.
—Abrid esas puertas —gritó un hombre, señalando el pesado tablón que trababa la entrada principal.
—No. —La orden de Ransom resonó por todo el patio y el hombre que había ordenado lo contrario bajó la vista hacia sus botas—. Traed a Zavier. Ahora.
—¿Qué está pasando, Guardián? —preguntó un soldado que apareció a su lado—. Es el rey.
En algún otro momento, habría puesto los ojos en blanco al escuchar ese comentario tan obvio, pero ahora solo quería saber qué rayos estaba pasando.
—No lo sé —contestó Ransom—. A menos que Zavier o yo demos la orden, esa puerta tiene que permanecer cerrada. ¿Entendido?
—Sí, señor. —El hombre asintió.
—Ven conmigo —dijo Ransom, tomándome del brazo y llevándome hacia la escalera de la muralla. Cuando bajamos, miró a los guardias junto a la puerta con una mirada tan acerada que tranquilamente podría haberles atravesado el cuerpo—. Cerrada. Hasta que yo diga lo contrario.
—Sí, señor.
Podían no entenderlo, pero confiaban tanto en el Guardián que no cuestionaron la orden, incluso aunque fuera Ramsey quien estaba esperando afuera.
—¿Qué está pasando? —pregunté en voz baja.
—Me lo advirtió —dijo Ransom, y resopló—. En Ravalli. Me advirtió de que me quedaba un mes. Debería haber partido antes hacia Allesaria. Las amenazas de mi padre no son en vano.
—¿Todo esto es para venir a buscarte a ti? —Señalé la muralla—. Me parece un poco exagerado. Eres el Guardián, pero tampoco hace falta un ejército como ese.
Tensó la mandíbula.
—Algo anda mal. No quiero que entre en Ellder, pero creo que no me quedará otra opción. No podemos pelear contra él. Y no puedo ordenarles a estos hombres que ataquen a su rey.
—Tu juramento.
Asintió, pasando una mano por su rostro.
—Mierda.
Las pisadas de Zavier resonaron por detrás cuando se acercó corriendo a nosotros. Tenía el cuello de la túnica abierto y una de las piernas del pantalón estaba levantada y atorada en una de las botas. Se acomodó la diadema, que estaba torcida en su cabeza.
—¿Qué está pasando?
—Mi padre. Ha traído a toda una legión.
Incluso en la oscuridad, vi cómo Zavier se ponía pálido y su mirada salía disparada hacia la puerta.
—¿Viene por tu madre?
—Puede ser —dijo Ransom—. ¿Dónde está?
—Con Evie —dijo Zavier, acercándose a Ransom—. No podemos pelear contra ellos.
—No, lo sé —dijo Ransom, suspirando—. No le pediré eso a los soldados de Ellder. Y cuanto más tiempo espere al otro lado de la puerta, más se preguntará qué es lo que estamos ocultando.
Aunque era probable que esa fuera también la razón de su visita sorpresa. Estaba presionando a Ransom. Si había venido a buscar a Luella, no tendrían tiempo de sacarla de la fortaleza.
Ransom y Zavier se miraron por unos segundos, como si estuvieran compartiendo una conversación silenciosa tal como había visto en otras ocasiones. Luego Zavier levantó un brazo y le hizo una señal a los soldados en la puerta para que dejaran entrar al rey.
—Quédate detrás de mí —dijo Ransom.
—¿Qué hay de Evie?
—Mi madre se encargará de esconderla —murmuró—. Si la suerte de Daria está de nuestro lado, solo me pedirá que lo acompañe a Allesaria de inmediato.
Donde, de todos modos, tenía pensado ir al amanecer.
Pero ¿y si Ramsey quería establecer un campamento aquí? ¿Y si decidía quedarse en la casa de Ransom?
Todo mi cuerpo empezó a temblar cuando lo tomé del brazo y lo presioné con fuerza mientras las puertas se abrían.
El estruendo de las pisadas de los caballos fue inmediato. Los jinetes cruzaron la entrada principal en una única fila al principio, pero, una vez que las puertas se abrieron por completo, se convirtió en dos, tres y luego cuatro.
Cuando llegaron al patio, rompieron filas tal como lo habían hecho en Ravalli y crearon un corredor para su rey.
Ramsey entró sin prisa. El trote de su caballo era altivo y deliberado, como si le hubiera enseñado a pasearse con soberbia.
El hormigueo en mi piel fue inmediato cuando el hermano Dime cruzó la puerta.
¿Qué hacía con el rey Ramsey? ¿No era el emisario de mi padre?
Quizá ahora que había regresado, se quedaría el tiempo suficiente para que se lo preguntara.
Tal vez me explicaría por qué podía sentir su magia y por qué el Sumo Sacerdote había preguntado por mi madre.
Pero si esas respuestas tenían que esperar a que Ramsey y su ejército de compañía se fueran, entonces así sería.
Fue tanto lo que me distrajo el Voster que tardé un momento en ver quién era el hombre que entró cabalgando detrás de él.
Un hombre que prácticamente había olvidado. Un hombre que no llevaba el emblema turano del lobo, sino uno que había visto toda la vida.
Una ballesta envuelta por hojas y tallos de trigo.
Un símbolo presente en todas las banderas de Quentis.
Banner.
Mi sorpresa fue tal que Ransom me oyó. ¿Qué demonios?
—¿Qué diablos hace este aquí? —dijo Ransom entre dientes.
¿Qué hacía Banner aquí? ¿Había más hombres de Quentis?
Cuando estábamos en la muralla, no había mirado con detenimiento a la legión. ¿Eran todos soldados de Ramsey? ¿O mi padre había enviado sus tropas a Turah?
No se podía considerar una invasión si lo invitaban.
Dioses, ¿qué estaba pasando?
Muchos más soldados entraron por la puerta, tanto hombres como mujeres, cada uno con el uniforme turano. Entonces, ¿Banner había venido solo?
Todos los soldados estaban armados y sus espadas, cuchillos y escudos reflejaban el fuego de los barriles y las antorchas.
A medida que la legión ocupaba todo el patio, los habitantes de Ellder empezaron a salir de sus hogares, sintiendo gran curiosidad por saber la razón de la visita del rey.
La mayoría tenía su ropa de dormir debajo de sus prendas de abrigo, lo que hacía que las texturas suaves contrastaran notablemente con las armaduras de metal de la legión de Ramsey.
Tillia y Halston se abrieron paso entre la multitud y se detuvieron detrás de Zavier. Vander y el resto de los guerreros los siguieron de cerca.
Cuando Ramsey se detuvo, esperaba que se quedara en su montura y nos mirara con superioridad con esa diadema sobre su frente. Sin embargo, desmontó del caballo enseguida y se paró delante de nosotros.
Todas las personas a mi alrededor hicieron una reverencia. Todos.
Excepto Ransom.
Y yo.
Ransom miró a su padre con absoluto odio y desprecio.
Sus ojos un color plateado que se iba arremolinando y, entre toda la conmoción, no había notado que ya había desenvainado su espada.
Sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que sujetaba la empuñadura, mientras mantenía la hoja afilada a su lado.
—Su Majestad —dijo Zavier, levantándose para dirigirse al rey—. Bienvenido a Ellder.
Ramsey resopló y le habló a Zavier, aunque manteniendo la mirada en Ransom.
—No finjamos que soy bienvenido aquí.
El tintineo metálico de las armaduras y las pisadas fuertes resonaron detrás de nosotros y la única razón por la que podía ver a los soldados de Ramsey ocupando las calles de la fortaleza era porque todos seguían inclinados con su reverencia todavía.
Sin embargo, a medida que entendían que nos estaban rodeando y encerrando por todos lados, la mayoría se levantó y el miedo empezó a flotar como una nube densa.
Estos soldados debieron de haber entrado por la puerta lateral. Los guardias ubicados allí no habían oído la orden de Ransom, así que no les impidieron el paso. No había ninguna razón para prohibirle la entrada a aquellos que tenían su mismo emblema.
Otros soldados desmontaron, incluido Banner, que se detuvo a un lado del hermano Dime.
Tenía el mismo aspecto que cuando partí en el barco. Llevaba su casaca aguamarina con los botones dorados que resplandecían con las luces del patio. Había ira en sus ojos, los destellos ambarinos ardían con intensidad al mirar a Ransom.
¿Le había ordenado mi padre que viniera? ¿Había venido para llevarme de regreso a casa? ¿O estaba aquí por una razón completamente distinta?
Siempre había alabado a Banner por su lealtad hacia mi padre, pero quizá esa lealtad había sido puesta a prueba mientras yo estaba en Turah. Tal vez estaba aquí por lo que mi padre no le había otorgado.
Venganza contra el Guardián.
Ramsey no dejaría que Banner matara a su propio hijo, ¿cierto? Aunque Banner tampoco tenía oportunidad de vencer a Ransom. Estaba empezando a sentir un gran dolor en el corazón con todas estas preguntas y la magia del Voster me estaba llevando al límite.
Zavier y Ransom estaban uno junto al otro, esperando que Ramsey hablara.
Ramsey no los hizo esperar demasiado.
—Un heraldo de los crux fue avistado en la frontera occidental hace dos días.
—No —dije, meciéndome sobre mis talones y sintiendo una gran desesperanza, mientras una ola de terror se esparcía por toda la multitud.