Escudo de gorriones (Escudo de gorriones 1) Capítulo cincuenta #2
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Capítulo cincuenta #2

Una vez que terminé, me puse de pie, revisé las páginas y dejé que las líneas y las marcas se mezclaran.

La lyssa había empezado en algún lugar. Un epicentro. Pero, al entornar los ojos con la esperanza de encontrar algún patrón en el pergamino, lo único que veía eran manchas grises y blancas borrosas.

No había ningún sitio donde se acumulasen los monstruos. Ninguna convergencia hacia un mismo lugar.

—Maldición —dije suspirando.

¿Estaba perdiendo el tiempo? Quizá la fuente, la persona que había creado la lyssa, había viajado demasiado como para que pudiera ser ubicada en un solo lugar. Tal vez los monstruos también eran nómadas y, como viajaban tan libremente, cuando atacaban era imposible saber dónde se habían infectado.

Era Allesaria.

Tenía que ser Allesaria. Y tenía que estar relacionado con los Voster.

No había ni una sola referencia a otras criaturas mágicas en todos los libros que había leído desde que había llegado a Turah. Mucho menos algo que hubiera leído en casa, en Quentis.

Más allá de lo que creyera Ransom, si la lyssa era mágica, los Voster estaban involucrados.

La hermandad tenía que ser la razón por la que mi padre estaba tan determinado a encontrar Allesaria.

Tenía que ser la fortaleza de los Voster, oculta en algún lugar de las profundidades de las montañas turanas.

Samuel había agregado bastantes detalles al paisaje y, según su mapa, la cadena montañosa al norte de Ellder parecía más grande.

No había ninguna marca en esa área.

O bien estaba completamente equivocada y Allesaria no estaba cerca de esa cadena montañosa o bien Allesaria no era la fuente, los Voster eran inocentes y Ransom tenía razón sobre todo.

Estaba atascada, otra vez. ¿Todos los espías pasaban por estos momentos en los que nada parecía encajar? ¿O me pasaba solo a mí?

Necesitaba el brazalete de Ransom. Para ver si había situado la capital. Pero no estaba aquí y, aunque estuviera, dudaba que me lo fuera a dar para que lo inspeccionara.

Mi frustración se extendió por toda la habitación como un manto sofocante y caluroso, así que junté las piezas de mi mapa y las guardé en mi diario. A continuación, me acerqué a la chimenea y quemé el mapa de Samuel que llevaba escondido debajo de la túnica.

Faze estaba sentado en el alféizar de la ventana, dormido. Ni siquiera abrió uno de sus ojos violetas cuando lo acaricié detrás de la oreja. Las escamas en su espalda estaban empezando a endurecerse y sus dientes caninos estaban volviéndose más largos. Más afilados.

De vez en cuando, mordisqueaba los dedos de Evie y, cada vez que lo veía hacerlo, le tocaba la nariz, con la esperanza de que aprendiera a no hacer eso. Pero la primera vez que le cortara la piel…

Bueno, ese sería el final. Se acabarían los días de juegos entre ellos. No habría más noches en las que durmiera en una almohada a mi lado.

Cuanto más tiempo lo tuviéramos, más difícil sería liberarlo. Pero todavía no era lo suficientemente grande como para cazar y conseguir su propio alimento, para mantenerse fuera del alcance de otros depredadores en la naturaleza.

Le acaricié el hocico, cuyo pelaje era del mismo color rosado que su vientre, y luego toqué la punta de una de sus rojizas orejas peludas antes de dejarlo dormir y salir.

Deambulé sin rumbo en particular, solo para tomar un poco de aire fresco y despejar la cabeza.

Las calles de Ellder estaban tranquilas.

Habían estado así toda la semana. La gente caminaba cabizbaja, con los cuerpos tensos y alertas.

Nadie abandonaba la seguridad de sus hogares a menos que fuera necesario.

Si no hubiera estado tan tranquilo, probablemente no habría oído el estruendo de las pisadas de los caballos en las puertas. Había estado toda la semana esperando oír ese sonido.

Cambié de dirección y me acerqué trotando al patio central. No había sido fácil regresar a ese lugar esta semana, pero el día después del ataque me obligué a hacerlo. Me quedé parada allí, con lágrimas en el rostro, justo en el lugar donde la sangre del niño había manchado el suelo.

Su nombre era Witt.

Witt. Sariah .

Recordaría sus nombres el resto de mi vida.

Tenía el corazón en la garganta. Llegué al final del camino principal y vi a un grupo de guerreros entrar con sus caballos, levantando una nube de polvo cuando se detuvieron. Había una carreta en el medio.

Tillia se quedó sentada en su montura y la piel alrededor de sus ojos le daba un aspecto cansado y una expresión severa. Solo se suavizó cuando Halston llegó a su lado.

Miré todos los rostros, buscando a Ransom, pero este era el grupo de caza de Halston, no el de Zavier. Estos guerreros no estaban en Ellder cuando los ulfernos atacaron. Tillia estaba en Treow.

Varios muchachos y hombres salieron de las caballerizas para hacerse cargo de los animales y abrevarlos. Los caballos parecían tan exhaustos y polvorientos como sus jinetes.

Tillia y Halston desmontaron y permanecieron juntos, él con un brazo sobre los hombros de su amada, mientras los otros guerreros se dispersaban, probablemente en busca de un lugar para dormir.

Halston le murmuró algo al oído a su esposa, mientras le acariciaba el vientre.

Me quedé boquiabierta y me llevé una mano al corazón.

Tillia levantó la vista y vio que la estaba mirando. Sonrió y apoyó una mano sobre la de su esposo.

Halston siguió su mirada y me hizo una leve reverencia antes de darle un beso en la cabeza. Cogió sus bolsas y se las llevó a donde se quedaban en Ellder, mientras Tillia se acercaba a mí.

—Hola. —Me envolvió en un abrazo—. Te he echado de menos.

—Y yo a ti. —Cuando la solté, bajé la vista hacia su vientre—. ¿Y eso? ¿Estás embarazada?

Una sonrisa radiante iluminó su rostro y sus hermosos ojos castaños.

—Los curanderos nos advirtieron de que la primera etapa es muy delicada, por eso nos lo guardamos para nosotros durante un tiempo. Pero creo que ya no hay manera de ocultarlo.

—Me alegro mucho por vosotros.

—Yo también. —Entrelazó un brazo con el mío y me llevó con ella mientras salíamos del patio. Como si supiera que no estaba lista para permanecer demasiado tiempo en este lugar—. Halston y sus guerreros se cruzaron con Zavier y el Guardián.

El aire brotó de mis pulmones.

—¿Están…?

—En camino. Se separaron para inspeccionar la zona. Venimos de Treow. Halston quiere que me quede en Ellder hasta que nazca el bebé. Al parecer, ahora que estoy embarazada, ya no tengo permitido subir por una escalera de soga.

—Vaya, qué dulce que sea tan protector. Bueno, estoy de acuerdo en que ahora seas más precavida. —Aunque, después del ataque de la semana anterior, ya no sabía si realmente existía un lugar seguro.

Su sonrisa se desvaneció.

—Me enteré de lo que pasó.

—¿Encontrasteis a la jauría?

Tillia sacudió la cabeza.

Se me hizo un nudo en el estómago cuando el miedo me invadió por completo. Todos esperaban la noticia de que habían acabado con los monstruos, que habían eliminado la amenaza y nos habían vengado con sus muertes.

Pero estas noticias nos romperían el corazón.

—El Guardián no se rendirá —dijo Tillia, dándome una palmada en el brazo—. No detendrá la cacería.

—¿Cuándo…?

De repente, se oyó un grito desde la muralla.

—¡Abrid las puertas!

Las dos nos giramos, separándonos, y nos quedamos quietas en el patio, observando a Zavier y sus guerreros entrar en la fortaleza. Dos de ellos habían estado en la sala del trono con él, pero también había otros tres que no reconocí. Vander cabalgaba junto a mi falso esposo.

Y detrás de ellos, rezagado con Aurinda, llegaba Ransom.

Tenía el rostro manchado con tierra y manchas oscuras que parecían de sangre. Llevaba su espada colgada a la espalda. Llevaba la ropa muy sucia y el cabello desarreglado. Estaba hecho un desastre. Aunque tan hermoso que las lágrimas amenazaban con inundar mis ojos.

La ansiedad contra la que había estado luchando toda la semana se desvaneció y, por primera vez en días, pude respirar profundamente.

Su mirada se abrió paso entre los demás y aterrizó sobre mí como si pudiera sentir mi presencia entre la multitud. Como si estuviera conectado a mí de la misma manera que yo lo estaba con él. Su expresión no cambió. No se relajó. Pero sus ojos pasaron de un color avellana al verde.

Zavier se detuvo frente a mí y, cuando desmontó del caballo, me tapó la vista de Ransom. Tenía el brazo izquierdo en cabestrillo y cojeaba. Tenía la frente cubierta por una notable capa de sudor, pero no estaba tan sucio como los demás.

—Se dislocó el hombro —dijo Tillia—. Se cayó del caballo cuando este se asustó al ver un aureón. Pasó algunos días en Treow con los curanderos mientras los otros seguían con la cacería.

Eso explicaba por qué estaba tan limpio y el resto no. Aunque, como no se había molestado en afeitarse mientras se recuperaba, su barba incipiente hacía que se pareciera más que nunca a Ransom.

—Ahora entiendes por qué funciona así de bien —dijo Tillia—. Por qué puede fingir ser el príncipe.

Era obvio que ella lo sabía. Debería molestarme que lo supiera, pero la lealtad de Tillia hacia Zavier y hacia Ransom era una de las razones de mi admiración por ella.

—Lo lamento mucho, Odessa. Por las mentiras.

—Solo seguías órdenes. Lo entiendo —dije, encogiéndome de hombros—. ¿Quiénes más saben la verdad?

—Halston y Vander. Es diferente en Allesaria. Los miembros de la corte saben quién es Ransom, pero aquí, en los pueblos del interior, solo aquellos que pertenecen a su círculo más cercano conocen sus verdaderas identidades. El resto ve a Zavier como el príncipe y a Ransom como el Guardián.

Había cierto consuelo en saber que ahora pertenecía al círculo más cercano de Ransom. Y al de Tillia también.