Escudo de gorriones (Escudo de gorriones 1) Capítulo cuarenta y ocho #2
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Capítulo cuarenta y ocho #2

Sacudí la cabeza, tomándome un momento para asimilar toda esa información.

—Por eso decidiste mantener a Evie en secreto y dejar que Zavier fingiera ser su padre.

—No te confundas. Zavier es su padre. La ama con todo su corazón, comparta su sangre o no. Zavier ha sacrificado más por mí, por este reino, de lo que sería esperable.

Lo que significaba que Ransom nunca castigaría a Zavier por robarle momentos de felicidad como el que había presenciado con Jocelyn y Vander.

—No teníamos pensado que Zavier mantuviera la fachada como mi doble, pero, al poco tiempo de abandonar Allesaria, el ulferno me mordió. Y todo cambió.

Se había convertido en el Guardián.

Y por eso permitió que su doble de la infancia siguiera usando la corona.

—Zavier es mi primo. Es el hijo de mi tía, la hermana de mi padre. Es el siguiente en la línea al trono después de mí. Hasta que Evie nació.

—Pero es mujer.

—Las sucesiones en Turah no funcionan de la misma manera que en Quentis. La corona pasa al hijo más grande del rey y la reina, sin importar su género. Evie es la hija de mi padre y, cuando yo ya no esté, ella podrá reclamar el trono.

Entonces Evie se convertiría en una princesa y Ramsey la apartaría de la única vida que ella había conocido.

—Cuando sea mayor, si quiere una vida en la corte y yo sigo con vida, no seré un obstáculo para ella. Pero quiero que sea ella quien tome esa decisión.

Le estaba dando a su hermana la oportunidad de elegir que no le habían dado a él. La oportunidad que no me habían dado a mí.

Si no me hubiera enamorado de este hombre, bastaría con lo que acaba de oír para que lo hiciera.

—Solo tiene cuatro años —dijo—. Ya ha tenido suficientes encuentros con monstruos. No hace falta que la lleven a Allesaria. Si fuese por mí, ella nunca pondría un pie en el castillo hasta que mi padre esté enterrado. Cuando llegue el momento, yo también estaré en mi tumba.

—Deja de repetir esa mierda —dije, molesta—. Por favor.

Ransom suspiró y ver el cansancio en su rostro me daban ganas de gritar.

No se estaba muriendo. Me negaba a aceptar ese destino. No sin agotar todas las posibilidades para encontrar una cura y una manera de detener la infección, mágica o no.

—¡Hey! —dijo Ransom, girando, y se detuvo frente a mí—. Todavía no estoy muerto.

—No, ya lo sé. —Me crucé de brazos y lo miré con el ceño fruncido.

Sus mejillas recuperaron un poco de su color cuando intentó esbozar una sonrisa.

Mejor.

Me paré a su lado, esperando que caminara a mi lado antes de hacerle la próxima pregunta.

—¿Tu padre sabe sobre la existencia de Evie, que es la hija de Zavier?

—No estoy seguro. No es ningún secreto que Zavier tiene una protegida.

—¿Por qué no la adopta como su hija? ¿Por qué hace que lo llame Zavier y no papá?

Ransom suspiró.

—Por su seguridad. Cuando nació, esa parecía ser la mejor opción.

Si la gente llegaba a sospechar que es miembro de la realeza, siempre sería un objetivo.

Hicimos todo lo posible para hacerles creer que es hija de una mujer de Ozarth que murió cuando dio a luz y Zavier decidió criarla como su propia hija.

—¿Y por qué no buscasteis a otra persona para que cumpla el rol de padre? Alguien que estuviera más alejado de la corona.

—Zavier estaba con nosotros cuando traje a mi madre de Ozarth. Miró una sola vez a la niña y quedó prendado. No importaba entonces. Yo era el príncipe y él era Dray, un guerrero, además de mi primo.

Pero luego mordieron a Ransom y todo cambió.

—Quizá podríamos haberlo solucionado de otra manera, pero, para quitarle a Evie a Zavier, primero tendrías que pasar por encima de su cadáver.

—¿Aunque ella estuviese más a salvo con otra persona?

—Estoy de acuerdo, pero no voy a obligarlo a renunciar a ella. Más allá de lo que creas, no soy tan cruel.

Nunca lo había considerado cruel. Implacable, obstinado, arrogante, insoportable sí. Pero jamás cruel.

—Vale, se queda con Zavier. ¿Y tu madre? ¿Lo acepta todo de buen grado?

—Sí y no. Pasaron años, pero todavía sigue esforzándose por asimilar que mi padre se haya convertido en el hombre que es ahora. Yo también. Cuando era pequeño, nunca cuestionaba sus decisiones y creía cada una de sus palabras.

—¿Y ahora?

—Hace lo que cree que es correcto. No voy a enfrentarme a él. Pero sí haré todo lo que pueda desde mi posición.

—¿Siendo el Guardián? Has engañado a todo el reino. Todos creen que Zavier es el príncipe.

—Yo soy Zavier.

Puse los ojos en blanco.

—Sabes a lo que me refiero.

—Soy leal a mi gente. ¿Importa quién crean que soy? ¿Un príncipe o un guardián? Vivo para mantenerlos a salvo, tanto de los monstruos con garras como de los monstruos con coronas.

—Como tu padre —murmuré.

—Y el tuyo.

Resoplé y me detuve.

—Mi padre no es un monstruo.

Podía no ser la clase de padre que consentía a sus hijas, pero amaba su reino. Ponía a Quentis por encima de todo. ¿De verdad eso era tan monstruoso?

Ransom siguió caminando, obligándome a acelerar el paso para alcanzarlo.

—Se acerca una tormenta, Odessa.

—Sí, se llama migración.

—No me refiero a eso.

—¿Entonces qué? —Levanté las manos y me detuve otra vez. No era el único que estaba agotado hoy—. Estoy cansada de hacer preguntas, Ransom. Puedo asegurarte que, por lo que respecta a los planes de mi padre, yo no sé nada. Confía en mí tanto como tú confías en mí. O sea, nada.

Ransom se giró y se puso frente a mí, mirándome con esos ojos color avellana intenso. ¿Cuándo habían cambiado? Había estado tan perdida en su historia que no había notado cuándo dejaron de ser verdes.

—Creo que tu padre ha encontrado una manera de romper el Escudo de Gorriones.

Mi padre había insinuado lo mismo. Desataría el caos en todo Calandra y eso significaría que los reyes serían libres de atacar a otros reyes. La frágil paz se rompería para siempre. Era una hazaña imposible. O debería haberlo sido.

—¿De qué manera? —Si mi padre no me lo decía, quizá mi marido sí.

—Matando a los Voster. Si acabas con la hermandad, acabas con sus lazos mágicos.