Escudo de gorriones (Escudo de gorriones 1) Capítulo cuarenta y ocho
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Capítulo cuarenta y ocho

Ramsey había intentado matar a la madre de Ransom. La madre de Evie.

Entonces, ¿quién era el padre de Evie? ¿Ramsey? ¿O Zavier? ¿Zavier y la madre de Ransom habían tenido una aventura?

—Ahora tengo muchas más preguntas —dije.

—Era obvio que eso iba a pasar —dijo Ransom, riendo, mientras tomábamos un camino diferente que extendería la caminata y, con suerte, le daría tiempo para explicármelo todo—.

Mi madre es la hija de un noble turano de Perris.

Amasó una increíble fortuna exportando madera por todo Calandra.

Mi abuelo, el padre de mi padre y también rey en ese entonces, necesitaba dinero.

Y el padre de mi madre quería que su hija fuera reina.

Entonces, hizo los arreglos necesarios para que mi madre obtuviera una corona que ella no quería.

La primera vez que mis padres se conocieron fue el día de su boda.

—Me recuerda a algo —balbuceé.

—Ella nunca amó a mi padre —dijo—. Pero cumplió con sus responsabilidades para asegurarse de que Turah tuviera un heredero al trono. Y mi padre…

—¿Estaba resentido con ella?

—No —dijo Ransom, caminando más lento y apoyando su mano libre sobre su pecho—.

La amaba. Solía decirme que ella era lo más preciado de su vida.

Y, durante muchos años, intentó que ella también lo amara.

Escuchaba cualquier cosa que tuviera que decirle, le concedía cada uno de sus deseos.

Si ella quería navegar hacia Laine en el verano, él la enviaba con sus mejores guerreros y suficiente dinero para llenar uno de sus barcos con hierbas, especias y aceites.

Ramsey no era el tipo de persona por el que quisiese sentir lástima, pero era inevitable sentir un poco de lástima por el rey. Por un amor no correspondido.

—Mi madre no odiaba a mi padre. Sabía que él tenía esos sentimientos por ella y que ella no sentía lo mismo, pero siempre lo trató con amabilidad.

Le permitió sentir esas cosas. No las alentó, pero tampoco las asfixió.

Simplemente las aceptó. Pero mi padre es el rey.

Quería conseguir su amor y, a medida que los años pasaban, a medida que empezaba a llegar a la conclusión de que nunca lo obtendría, cambió. Se volvió más insensible y duro.

¿Por eso Margot era tan rígida y amargada? ¿Porque amaba a mi padre y mi padre amaba al fantasma de mi madre?

—Hubo un tiempo en que reía y sonreía. Era mi ejemplo a seguir —dijo Ransom—. Exactamente el hombre en el que yo quería convertirme. Pero pasó hace tanto tiempo que ya no recuerdo cómo sonaba su risa.

—Lo siento.

—No te preocupes. Él tomó sus propias decisiones. —Una ira encubierta pareció recorrer todo su cuerpo mientras seguíamos avanzando por la calle tranquila—. Por lo que sé, mi padre nunca le fue infiel a mi madre. Era totalmente devoto a su esposa. Pero no puedo decir lo mismo de ella.

Vaya .

—Tenía un amante.

—Sí —dijo—. Los padres de mi madre y su hermano murieron durante la última migración.

Buscaron refugio en cuanto vieron al primer heraldo.

Tenían una habitación con suministros debajo de su hogar en Perris.

Pero, en algún momento, enfermaron durante el confinamiento, probablemente por el moho y la falta de aire.

Si tan solo hubieran esperado unas semanas para ocultarse después de que avistaron al heraldo, quizá habrían sobrevivido. Nunca lo sabremos.

Todas las migraciones empezaban con los heraldos, crux solitarios que advertían que la migración estaba en camino. Según los registros, una vez que se avistaba un heraldo, se calculaba que la horda llegaría en uno o dos meses.

Margot siempre me decía que no nos refugiáramos hasta que llegara la horda, así pasábamos la menor cantidad de tiempo posible debajo del castillo.

Buscar refugio bajo tierra o en cuevas era la mejor manera de sobrevivir a los crux.

Algunos se arriesgaban en sus hogares y se quedaban en su interior, y solo rogaban clemencia a los dioses.

Pero los refugios también tenían sus riesgos.

Muchas personas que no se organizaban como correspondía morían de hambre y otros perecían por las enfermedades.

Los humanos no estaban hechos para vivir sin la luz del sol y de las lunas y el aire limpio.

—Si mi madre no se hubiera casado con mi padre, si no hubiera estado en Allesaria, también habría estado en ese refugio.

Así fue como se convirtió en la única heredera del imperio de su padre.

Alguien tenía que hacerse cargo del negocio.

Y como no podía administrarlo sola, eligió al reemplazo de su padre.

Mikhail era un joven capitán de Ozarth, el mejor amigo de su hermano.

Y su amante. No estoy seguro de cuánto duró la aventura, quizá años.

Es probable que la razón por la que no amaba a mi padre fuera porque su corazón ya había sido reclamado cuando era joven.

—¿Nunca se lo preguntaste?

—Amo a mi madre —dijo Ransom, frunciendo el ceño—. Pero en cierta manera, empatizo con mi padre. Él no fue el único que salió lastimado por ese amorío.

—¿Mikhail es el padre de Evie? —Si era de Ozarth, quizá la madre de Ransom había dado a luz allí y eso explicaría los destellos azules en los ojos de Evie. Lo único que no tenía sentido era el parecido entre Evie y Zavier: el cabello castaño achocolatado, la forma de su rostro, su sonrisa.

Era como Ransom.

Sí, no sabía cómo era su madre, pero Ransom se parecía a Ramsey.

—No —contestó.

Entonces Evie era hija de Ramsey. Una princesa de Turah.

—No fue algo planeado ni esperado. No se lo contó a mi padre ni siquiera cuando se desató el infierno. Creo que si mi padre lo hubiese sabido, yo no tendría que haberlo parado para que no la matara.

—¿ Tú lo detuviste?

—La estaba estrangulando. —La mano de Ransom se cerró con fuerza sobre la mía, tanto que abrí los dedos para recordarle que todavía estábamos cogidos de la mano. Se alejó y me soltó la mano enseguida, extendiendo sus dedos—. ¿Te he hecho daño?

—No soy de cristal.

—No, es verdad. —Se pasó la mano por el cabello mientras seguíamos caminando. No intentó tocarme otra vez.

Nunca había sido tan consciente de la mano que colgaba a mi lado. Nunca me esforcé tanto para no intentar acercarme a alguien. Pero era para mejor que mantuviéramos las distancias. Además, ni siquiera me gustaba caminar cogidos de la mano.

—Mikhail había ido a Allesaria con la excusa de reunirse con mi madre para hablar sobre un asunto de exportaciones.

Ransom tragó saliva con un gran esfuerzo y noté cómo su garganta subía y bajaba.

—Y entonces mi padre los encontró en la cama juntos.

Nunca olvidaré los gritos. Se oyeron por todo el castillo.

Ni siquiera se suponía que yo estaría allí.

Tenía que ir a entrenar, pero el herrero me había detenido camino al área de entrenamiento.

Me había forjado una daga para mi cumpleaños y había entrado en el castillo para guardarla.

Empezó a caminar más despacio y se detuvo. Luego levantó la vista hacia el cielo y cerró los ojos, como si estuviera intentando olvidar esos recuerdos inolvidables.

—Los guardias que estaban frente a la puerta de su recámara no hicieron nada.

Entré corriendo en la habitación y encontré un mar de sangre.

Estaba por todas partes: las paredes, el suelo, las sábanas.

El cuerpo de Mikhail estaba junto a la puerta, como si hubiera intentado escapar.

Su rostro estaba… hinchado. No era más que un pedazo de carne magullada y charcos de sangre.

Contuve las ganas de vomitar.

—Mi padre tenía sujetada a mi madre contra el suelo y no la soltaba.

Él seguía gritando: «Lo has matado. Lo has matado, maldición».

Sin importar todo lo que hiciera para apartarlo, no soltaba su cuello y no dejaba de gritar.

En ese momento, tomé la empuñadura de mi cuchillo nuevo y se la estrellé contra la cabeza con tanta fuerza que cayó tendido en el suelo.

Ransom se pasó las manos por la cara, tomándose un minuto para apartar el recuerdo de su mente. Cuando me miró, el color había abandonado sus mejillas.

—Lo siento. Fue demasiado. Es una escena horrible y no debería haber…

—No soy de cristal —repetí. Una historia violenta no iba a asustarme.

Todo su cuerpo pareció relajarse cuando suspiró.

—Bueno, al parecer estoy acostumbrado a guardarme esas verdades difíciles solo para mí.

—No es necesario que lo hagas. No conmigo. —Miré la calle, agradecida de que estuviéramos solos. Agradecida de que el Sumo Sacerdote hubiera atraído a una multitud tan grande al patio.

Cielos . Vaya desastre.

¿Evie sabía la verdad? ¿O seguirían contándole mentiras por el resto de su vida? Creo que no puedo culparlos.

—¿Qué pasó con tu madre?

—La llevé a un lugar seguro y la mantuve oculta mientras se recuperaba. Pasaron dos semanas hasta que sus ojos dejaron de estar inyectados en sangre y los moretones se desvanecieron.

—¿Alguna vez regresó a Allesaria?

—No.

¿Dónde se estaba escondiendo ahora? ¿En Ellder? ¿En Treow? ¿Se estaba ocultando a simple vista?

—¿La he conocido?

Ransom me miró, pero no dijo nada. Otro secreto que le iba a ocultar a su esposa. Pero no lo culpaba. Si no sabía la verdad, no me podrían obligar a revelar su escondite.

—Todo eso ocurrió hace cuatro años. Cuando mi madre me dijo que estaba embarazada, la llevé a Ozarth. Creí que se quedaría allí y empezaría una nueva vida, pero, cuando nació Evie, me pidió que la trajera aquí. No quería vivir lejos.

—De ti. —Su hijo.

—De mí —asintió—. Fui a Allesaria cuando Evie era una bebé. Mi padre me rogó que trajera a mi madre a la ciudad y, cuando le pregunté la razón, me dijo que necesitaba terminar lo que yo había interrumpido. Ese día me fui y nunca más regresé.

—¿Qué? ¿Todavía quiere matarla?

—Nunca le perdonará su traición. Para él, es más serio que solo una esposa que le fue infiel a su esposo. Él se ve como un rey con una reina desleal. Su orgullo no permitirá que mi madre viva.

—¿Y Evie?

—Se la quedaría para hacerle la vida imposible.