Capítulo cuarenta y seis
Mis cuchillos estaban guardados en el arnés que llevaba cruzado en la espalda mientras me abría paso por Ellder hacia la zona de entrenamiento.
Y aunque me encantaba la espada que Ransom me había regalado, todavía pasaba más tiempo con los cuchillos, y hoy necesitaba toda la confianza que pudiera reunir.
Casi todos los terrenos del centro de entrenamiento estaban ocupados por soldados que se estaban ejercitando.
El sonido del acero chocando y los gruñidos de los guerreros resonaba desde todas direcciones mientras me acercaba al lugar favorito de Ransom: el cuadrilátero más grande, situado en el centro.
Todo ese tiempo había asumido que se le daba un trato preferencial porque era el legendario Guardián.
Pero ¿era por eso? ¿O estos soldados sabían que Ransom era su príncipe heredero?
¿Que, más allá de que fuera Zavier quien llevara la diadema sobre la frente, él no era el verdadero heredero al trono?
Un grupo de guerreros empapados de sudor dejaron de pelear cuando pasamos junto a su zona de entrenamiento. Eran los guerreros que habían viajado con Zavier en su cacería y con ellos estaba el hombre de la noche anterior.
Vander.
Era mucho más hermoso a la luz del día que cuando estaba en la puerta de la habitación de Jocelyn. Su cabello negro tenía unas trenzas intrincadas similares a las de Halston. Bajó la barbilla cuando pasé a su lado.
—Princesa.
El título me hizo trastabillar.
La gente de Treow sabía que yo era el Gorrión.
Brielle y Jocelyn me llamaban Su Alteza y ahora que estaban en Ellder, otros debieron oírlas.
Si todos los guerreros me llamaban princesa, no pasaría mucho tiempo antes de que las noticias se propagaran por toda la fortaleza.
Pronto, todos sabrían que era la princesa Odessa Wolfe.
Mi anonimato desaparecería. Lloraría por eso más tarde.
Había dos hombres en el centro del cuadrilátero de Ransom. Exactamente los dos hombres que había venido a buscar.
Zavier me estaba dando la espalda, pero, cuando la mirada de color avellana de Ransom pasó por encima de su hombro, se giró e hizo una reverencia.
—Odessa.
—Zavi… —Me detuve al comprender otra cosa. Era como si me hubieran pinchado el dedo con una aguja. Su nombre no podía ser Zavier. Todo Calandra sabía que el nombre del príncipe heredero era Zavier. Así que, ¿quién era esta persona?—. ¿Cuál es tu verdadero nombre?
Miró a su alrededor, asegurándose de que no hubiera nadie cerca que pudiera oírlo. Luego bajó la voz hasta que no era más que un susurro.
—Dray. Aunque nadie me llama así desde hace más de una década.
—¿Una década? —¿La farsa había durado todo ese tiempo?
Zavier asintió, dando un paso hacia atrás, quitándose efectivamente del centro del cuadrilátero. Hombre astuto .
Ransom me miró con los brazos cruzados sobre el pecho, las piernas separadas y apoyadas firmemente en el suelo. No tenía ninguna expresión de desdén en el rostro. Aunque era probable que sí la hubiera en mi rostro.
—¿Cuánto sabe Jocelyn?
—Nada. Cree que soy el príncipe y que no puedo hablar —dijo Zavier… o Dray, cualquiera que fuera su nombre. Se giró hacia Ransom—. Lo siento, mi príncipe.
—Era hora de que se supiera la verdad —dijo Ransom, pero su mirada nunca se apartó de la mía—. Déjanos solos.
—Antes de que te vayas. —Me crucé de brazos—. Jocelyn debe regresar a Quentis de inmediato.
Zavier miró a Ransom, esperando su aprobación.
Mi esposo asintió una única vez.
—Me encargaré de eso enseguida —dijo Zavier, marchándose y desapareciendo detrás de los estantes.
El ruido en el área de entrenamiento empezó a disminuir, como si todos los soldados y guerreros hubieran recibido la orden de marcharse. No me molesté en mirar alrededor para ver si teníamos compañía, sino que mantuve la mirada fija en Ransom.
Nos miramos y, con cada segundo que pasaba, esa ira abrumadora que había sofocado toda la mañana empezó a volverse más intensa.
Quería hacerle cientos de preguntas. Mis fosas nasales se ensancharon y presioné con tanta fuerza los dientes que tranquilamente podría haber triturado una roca hasta que no fuera más que polvo.
Pero, al parecer, mi ira divertía a mi mentiroso marido.
Esa sonrisa que había visto incontables veces sobre su boca perfecta.
Esa sonrisa insolente de mierda.
Mis cuchillos resonaron a nuestro alrededor cuando abandonaron sus fundas y, antes de siquiera saber qué estaba haciendo, los llevé directo al cuello de Ransom.
Se inclinó hacia atrás, sonriendo aún más al esquivar mi ataque. Me lancé hacia él otra vez, obligándolo a retroceder un paso.
—¿Todos lo saben? ¿Todos en Turah creen que soy la idiota que se ha creído todas tus mentiras?
—Muy pocos saben la verdad. Y nadie cree que seas una idiota, Odessa.
Corregí mi postura dispuesta a lanzar otro ataque.
—Hablemos de nombres, ¿está bien? ¿Cuál es el tuyo, Guardián ?
—Ransom —contestó, y lo ataqué una vez más. Se inclinó hacia la izquierda y luego hacia la derecha para esquivar cada una de mis estocadas—. Zavier Ransom Wolfe. Pero siempre preferí que me llamaran Ransom. No todo ha sido mentira.
—No todo, solo lo importante —resoplé, y me lancé hacia su vientre con el cuchillo, obligándolo a moverse hacia un lado—. ¿Durante cuánto tiempo ha estado fingiendo Zavier ser tú?
—Once años.
—¿Por qué? —Mis cuchillos cortaron el aire cuando me lancé hacia su garganta. Se hizo a un lado y levantó las manos como si se hubiera rendido.
—Todos los príncipes y princesas de Turah tienen un doble hasta que cumplen la mayoría de edad.
Hace cien años, el hijo del rey fue asesinado cuando tenía quince años.
Desde entonces se volvió una práctica común dentro de la familia real.
Es un honor ser elegido para representar a un miembro de la realeza.
Zavier ha estado conmigo desde que yo tenía trece años. Es mi primo.
Por eso el parecido. Si era un honor ser elegido, entonces sus familias probablemente habían estado muy contentas de que Dray abandonara su nombre y adoptara el de Zavier.
—¿Por eso fingió que no podía hablar en Quentis? —pregunté.
—Sí y no. Creo que te lo dijo, pero el silencio por lo general es la mejor manera de que otra persona se ponga nerviosa y acabe compartiendo algo que no debía.
Es una estrategia que iniciamos hace mucho tiempo.
Cuando éramos jóvenes, si Dray actuaba como mi doble y no sabía qué decir, simplemente se quedaba callado.
—Bueno, me parece que ya eres un poco mayorcito para seguir con esta farsa. ¿Por qué seguís con esta mentira? —Lo ataqué de nuevo, pero esa vez fue de forma inestable y lenta.
—Tengo mis razones —dijo, tensando la mandíbula.
—Razones que no piensas compartir conmigo, ¿me equivoco?
—Estaba cansada de estas omisiones y mentiras. Todo este reino estaba construido sobre una montaña de secretos, desde Allesaria hasta el príncipe heredero.
¿Esta gente nacía y ya empezaba a desconfiar de todos? ¿Les enseñaban a los recién nacidos a mantener secretos? ¿Se les ordenaba a los niños mirar a los extraños con desdén y desagrado?
Otro aluvión de ira empezó a fluir por mis venas y me lancé hacia él con desenfreno, sin control, sin apuntar a ningún sitio en concreto. Tropecé con un hueco en el suelo y caí hacia delante, pero logré mantenerme de pie antes de terminar apuñalada con mi propio cuchillo.
—Bueno, basta —dijo Ransom, sacudiendo una mano—. Te vas a hacer daño tú misma.
—Al diablo contigo y con tu preocupación. —Me enderecé, llenando los pulmones de aire mientras sujetaba con firmeza los cuchillos. Luego los levanté—. ¿Vas a pelear o vas a seguir corriendo como el cobarde que eres? ¿Al igual que tu padre?
—Cross —dijo con un tono de advertencia—. He dicho basta .
—Saca tu espada. —La empuñadura brillaba sobre su hombro.
—No.
Le lancé un ataque bajo con la mano izquierda y otro cruzado con la mano derecha, mientras avanzaba con un movimiento que Tillia me había enseñado unas semanas atrás.
—Pelea.
—No.
Me acerqué a él y lo arrinconé.
—¿Tu padre sabe todo esto? ¿Las mentiras? ¿La farsa?
—Sí.
Cuando Ramsey fue a Treow y preguntó por su hijo, estaba buscando a Ransom. Su encuentro en Ravalli era para exigirle que fuera a Allesaria. Le estaba pidiendo al heredero que regresara a su hogar.
—¿Fue idea suya? ¿Lo de tomar una novia como pago? —dije entre dientes, y me lancé hacia delante, apuntando a su muslo. La punta del cuchillo rozó el cuero de sus pantalones.
—Maldición, Odessa —masculló—. Basta.
—Respóndeme —grité, y avancé otra vez hacia él.
Pero Ransom seguía quitándose del camino, obligándome a perseguirlo por todo el campo de entrenamiento.
—Por una vez, dime la maldita verdad. ¿Fue idea de tu padre?
—No —gritó—. Fue mía. Tu padre planea invadir Turah.
Está desesperado por encontrar Allesaria.
Además, yo debo cumplir con el Escudo de Gorriones y casarme con su hija.
Sabíamos desde hace años que había estado entrenando a tu hermana para que fuera una espía.
Es casi tan buena lanzando cuchillos como Banner, así que necesitaba una manera de elegir un Gorrión diferente.
—La hija débil. —Como Ramsey había dicho, sus espías le habían informado que yo era la hija débil, la princesa descartable.
Joder, eso sí dolía. Me sentía como si me hubieran abierto en canal.
—No eres débil —dijo Ransom—. Lo supe desde el momento en que saltaste de ese acantilado.
Pero, de todas formas, eso había cambiado mi vida por completo.
—Te odio —dije entre dientes, atacándolo con mis cuchillos por la izquierda y luego por la derecha.
Esperaba hacerle un corte—. Dijiste que esto era para liberarme, pero no te importa una mierda mi vida.
Solo soy un peón en tu juego enfermo y retorcido.
Me usaste para manipular a mi padre. Y al tuyo.
Sus ojos se iluminaron con el color plateado de su ira cuando esta brotaba a la superficie. Bien . Quizá ahora sí pelearía.
—No eres un peón, Odessa. No para mí. Eres el Gorrión. Eres mi esposa. Eres la futura reina de Turah.