Capítulo trece #2
—No. —Esbocé mi sonrisa más falsa—. Ahora sería encantador.
—Encantador —repitió—. Primera lección, no dejes que te quite el cuchillo.
Asentí y sujeté la empuñadura con más fuerza.
No dejar que me quite el cuchillo. Bueno. Sonaba fácil.
Pero el resplandor de sus ojos verdes hizo aparecer un nudo en mi estómago. Un momento. ¿Qué se me estaba pasando?
Dio medio paso hacia delante y retrocedí, girando sobre mi hombro para asegurarme de no quedar atrapada contra la proa. La borda estaba muy cerca, así que me moví hacia un lado y levanté el cuchillo. Me tambaleé un poco y se me atascó la bota en una tabla cuando el barco se sacudió con una ola.
El Guardián me miraba como si me estuvieran a punto de crecer alas de murciélago.
—¿Qué?
—Nada.
—Sí, claro —dije entre dientes—. Deja de mirarme de ese modo. Me dijiste que no me dejara quitar el cuchillo. Es lo que estoy haciendo.
—Creo que deberíamos haber empezado con algo más sencillo. Como caminar.
Contuve las ganas de sacarle la lengua.
—No estoy acostumbrada a usar botas con suelas tan anchas.
—¿Quieres que vaya a buscar tus zapatos?
—No —dije entre dientes, retrocediendo otra vez cuando él dio un paso largo hacia mí.
Entornó la vista y sus facciones se endurecieron. Cuando se movió, se convirtió en una nube borrosa.
El cuchillo salió despedido de mi mano incluso antes de que pudiera registrar el dolor en la muñeca. Luego me caí y quedé sentada en el suelo con un golpe seco.
¡Ay!
—¿Una zancadilla? ¿En serio?
—Lo único que he hecho es recuperar mi cuchillo. Te has tropezado sola. —Sus labios formaron una pequeña sonrisa.
—Si te ríes de mí, te juro por Izzac que encontraré la manera de clavarte el cuchillo en el ojo. —Nunca le había pedido nada al dios de la muerte, pero siempre había una primera vez para todo.
El Guardián se agachó y meció el cuchillo entre la punta de los dedos.
—No es muy inteligente amenazarme.
—Vaya, qué sorpresa, porque no te tengo miedo.
Incluso después de oír los rumores sobre el Guardián, después de escuchar la historia de Banner sobre su hermano, no estaba asustada. ¿A qué se debía eso? Intentaría aclararlo más tarde. Ahora quería recuperar el cuchillo.
Gruñí al levantarme de la cubierta. Luego extendí una mano, esperando que se pusiera de pie.
—Quiero intentarlo otra vez.
—Pues yo creo que Zavier tenía razón. Te vas a lastimar o vas a terminar matando a alguien.
Era totalmente posible. Pero chasqueé los dedos y abrí la mano.
—Otra vez.
Sacudió la cabeza, pero me entregó el cuchillo.
—No tienes que estar tan rígida frente a tu oponente. Ponte en posición de ataque. Tu maestro de armas al menos debió haberte enseñado eso.
Recordaba algo de eso.
Giré hacia un lado y puse el pie izquierdo en la misma posición que el suyo, justo por delante del pie derecho.
—Bueno, estoy lista.
—Y ahora, reza a los dioses —murmuró.
Cuando se lanzó hacia delante, estaba lista. Retrocedí, levantando los pies con cuidado para no tropezarme.
—¡Ja!
El destello en sus ojos provocó otra vez un nudo en mi estómago.
Mierda . Estaba en problemas.
Esta vez sí me hizo tropezar. Con un movimiento rápido de su pierna adelantada, me hizo perder el equilibrio. Sin mayor dificultad, me quitó el cuchillo de la mano, mientras yo caía sobre las manos y las rodillas.
Bueno, al menos no había caído sobre mi trasero. Era un poco menos vergonzoso.
Me puse de pie y extendí una mano para pedirle el cuchillo. Pero antes de que me lo alcanzara, uno de los miembros de la tripulación lo llamó.
—Guardián.
Levantó un dedo.
—Suficiente por hoy.
—¿Eso es todo? ¿Ya te rindes?
—Camina, tienes que ablandar las botas.
Bueno, entonces íbamos a empezar el entrenamiento caminando. Guau . ¿De verdad era tan patética?
No iba a responder a esa pregunta.
—Está bien, Guardián —dije arrastrando las palabras con un tono burlón—. ¿Así es como todos te llaman? Debes tener un nombre.
—Sí.
Esperé. Esperé. Y seguí esperando.
—¿Y bueno, cuál es?
Se inclinó hacia delante y puso una voz más grave.
—Quizá te lo diga alguna vez. Si te lo ganas.
Para este hombre todo era una prueba.
—Si me lo gano, ¿al igual que tu confianza?
Su risa no traslucía ningún humor.
—Puede que te ganes saber mi nombre algún día, pero no te equivoques, Cross: yo nunca confiaré en ti.
Sí, bueno, lo mismo digo.
Se marchó sin decir nada más, antes de que pudiera ver cuánto me había dolido su comentario.
¿Era yo? ¿Era algo que hacía, algo que decía, lo que provocaba que la gente no confiara por completo en mí?
No contaba ningún cotilleo. No podía recordar la última vez que había compartido el secreto de otra persona. Sí, a veces dibujaba personas sin su consentimiento. Quizá eso lo consideraban una invasión de su privacidad. Pero muy pocos veían mis bocetos.
Después de mostrárselos a mi padre y a Margot cuando era más pequeña y recibir solo miradas de desdén, la mayoría de las veces me guardaba mi arte para mí.
Entonces, ¿qué tenía de malo para que nadie confiara en mí? ¿O era en realidad la falta de confianza de los demás? Quizá el fondo de la cuestión era la fe.
Nadie creía en mí . Nadie confiaba en que yo fuera capaz de algo.
No sabía pelear, era bastante torpe. No era ingeniosa y astuta como Mae. ¿Mi padre me había ocultado la verdad sobre los crux y Allesaria porque temía que me atraparan y compartiera todos sus secretos?