Capítulo 27 — El directo
A las cinco de la tarde del domingo el pub estaba lleno como para un derbi, y no era cariño: era vigilancia.
El pueblo había venido a marcar de cerca a Malcolm, que había montado su estudio junto a la chimenea con dos focos, el aro de luz y un cartel de «EN DIRECTO» que se encendía y respiraba, como todo lo suyo, un poco por encima de sus posibilidades.
Yo me senté en mi mesa del rincón con el expediente delante, por costumbre y por escudo. Callum llegó a las cinco y cuarto de la carpintería, con serrín en el antebrazo, y se apoyó en la barra. Eilidh, al verlo, se secó las manos en el paño dos veces, la segunda innecesaria.
—Familia —arrancó Malcolm, con su voz de tráiler—, hoy cerramos la historia que ha conmovido a esta comunidad: el testamento más romántico de Escocia.
Cuarenta días, doce pruebas, un pueblo. Precioso, ¿verdad?
—Pausa ensayada—. Hasta que uno mira los números.
Y los números, ya lo sabéis los que me seguís, no mienten nunca. Mienten las personas que los redondean.
Y levantó el móvil, y en la tele de los partidos, conectada por un cable que había pagado a saber qué tarifa, apareció la fotografía de un tique.
Lo reconocí antes de leerlo. Reconocí el formato del papel, el azul de la tinta de la caja del Thistle las manos me funcionaban solas, benditas sean—.
Protocolo de certificación, aprobado en asamblea pública el día tres del plazo, en este local, con el término municipal presente.
Cláusula quinta: todo ítem viciado podrá subsanarse mediante repetición íntegra dentro del plazo.
—Levanté la vista—. Quedan seis días. La ronda puede repetirse.
A precio completo, con desglose y a la vista.
—¡Eso son otras trescientas y pico! —calculó Morag desde su esquina, por puro reflejo profesional.
—Trescientas y pico —confirmé—. La subsanación existe y cuesta. En este expediente todo lo que vale cuesta; el testador no redactó otra cosa.
Malcolm boqueó un segundo, buscando en su guion una página que no había escrito porque el día tres del plazo él estaba de gira.
—¡La fedataria no puede…! ¡Usted está comprometida! ¡Es juez y parte! ¡Mi equipo legal…!
—Su equipo legal lleva multas de tráfico —dijo alguien del dominó, sin levantar la voz, y fue peor que un abucheo.
—La subsanación —dije— no la certificará esta letrada en solitario: se documentará con desglose, testigos y acta reforzada, precisamente porque mi credibilidad ha quedado tocada por mi propia declaración.
Y una cosa más, señor MacRae, ya que emitimos en directo: mañana a primera hora comunicaré este incidente a mi despacho, íntegro, con mi nombre en el centro.
No hace falta que lo haga usted. La exclusiva de mi expediente la doy yo.
Me senté. La sala respiró. Malcolm cerró el directo como pudo, con una despedida que se le deshacía en la boca, y el pueblo empezó a hablar todo a la vez, que es su manera de abrazar.
Yo solo miraba a un sitio. Llevaba mirándolo desde el tachón.
Callum no se había movido de la barra. No me miraba a mí: miraba el punto de la caja donde cuarenta y nueve días atrás pagó trescientas justas sin pedir desglose, con la cara sujeta, cumpliendo.
Y le vi hacer lo que hace: las cuentas. Le vi entender el descuento, entender el tachón, entender que yo lo vi y callé, y entender por qué callé, todo, en orden, sin un error, porque este hombre no comete errores de comprensión, comete otros.
Y cuando terminó la cuenta no había en su cara nada de lo que yo me había preparado para encajar.
No había rabia. Había algo peor: le vi cerrarse.
Como se cierra una casa en invierno, habitación por habitación, apagando las luces por orden, la última la de la entrada.
Cogió su chaqueta del gancho. Le dijo algo corto a Eilidh, que asintió con los ojos brillantes. Y salió del pub sin mirarme, a un paso normal, que fue lo más violento de toda la tarde: un hombre saliendo a paso normal de un incendio.
En el móvil, ya de noche, un mensaje de Villalba: «Llamada. Mañana. 9:00.» Cuatro palabras. La guillotina también confirma citas.
«ACTA N.º 13 — Día 34 del plazo.
En Strathdreich, domingo, siendo las 23:59, la letrada que suscribe HACE CONSTAR:
Primero. Que el ítem primero adolece de un vicio de ejecución: el importe satisfecho, trescientas libras, resultó inferior en cuarenta y dos libras con sesenta al precio íntegro de la consumición, por descuento aplicado unilateralmente por la proveedora sin conocimiento del heredero.
Segundo. Que esta letrada presenció el descuento en el momento de producirse y omitió su consignación, faltando con ello a su deber de documentación, y que dicha omisión, sus motivos y su calificación como falta propia han quedado declarados públicamente en el día de hoy y se reproducen en anexo, palabra por palabra, sin edición.
Tercero. Que al amparo de la cláusula quinta del protocolo se ha propuesto la subsanación del ítem mediante repetición íntegra, a precio completo y con documentación reforzada, dentro del plazo, del que restan seis días.
Cuarto. Que en el acta séptima de este expediente la que suscribe dejó escrito que este sería el más honesto de su carrera aunque la arruinara. Se ratifica lo primero. Se ejecuta lo segundo.
Doy fe.»