Lo Que Se Promete #4
El segundo día duplica la demencia: Tony, que aparentemente no ha dormido y se ha follado gratis a toda la que ha querido, está vibrante de energía, pero yo me siento cansado.
Nos hemos ido virales: ya no cabe un alfiler en el público, y las chicas corean mi nombre cuando salgo con tuxedo para bailar Darts of Pleasure.
Pero no hay noticias de Milly.
Ni una palabra.
No sé si esperaba verla aparecer entre el público, como en una película romántica: un momento de emoción, en que bailaría, luego me arrojaría a sus brazos, entre aplausos, nos besaríamos bajo las luces y todo estaría bien de nuevo.
Me rescataría otra vez.
Pero no hay Milly, y cuando en mi última secuencia hago un desnudo completo y me ofrezco al público, ni todos los alaridos y aplausos, ni la lluvia de dólares me consuela.
—Hay al menos cinco millones, posiblemente siete.—me dice Jean cuando cerramos.—Ha sido increíble. Has estado increíble. Todos. Me emocioné al final.
Sí, hubo algo consolador, electrizante al final.
Cerramos con Proud: una lluvia de confeti, banderas, aplausos, todos vestidos homenajeando a bomberos, policías, médicos, funcionarios, saltando y cantando con el público.
Me dio alguna serenidad, supongo: ver la alegría de New Orleans, la emoción, John entre bambalinas con lágrimas en los ojos, la sensación de toda esa gente celebrando no solo un espectáculo de strippers, sino algo valioso. Una causa.
Los chicos, incluso los que normalmente braman “¡no homo!” antes de cada baile en grupo, me abrazaron: creo que Mikael, sensible como es, lloró.
—Asumo que vas a querer repetirlo en Los Ángeles luego…—le digo, poniéndome el buzo y la camiseta para irme. Ya se ha vaciado casi el teatro: afuera debe ser un caos de autos. Le dije a John que se fuera delante; tomaré un taxi una vez salga del caos.
—Sí, pero no contigo.—me suelta de la nada. Me quedo desconcertado.
—¿Qué te hice ahora?
Jean se rasca la barba, y sus pequeños ojos agudos me miran de reojo.
—Asumo que te has dado cuenta de que eres mucho más que un stripper, Evan.—
—¿Slut shaming? ¿De ti?
—No digo que ser stripper sea malo. Hasta la prostitución puede ser…
digna, diablos.—dice con calor.—Pero esta gente te ve como un líder, Evan.
Perfectamente te puedes ganar la vida metido en ese centro de beneficencia y además hacer mucho bien, sin tener que desvestirte…
profesionalmente. No sé si te has dado cuenta, pero la gente suele hacer, y con gusto, lo que tú le pidas que haga.
—Me puse gordo. Es eso. ¿Ya no sirvo para tu escenario?—le digo, apartando la vista. Me he emocionado. No quiero llorar más hoy.
—Si prefieres vender el culo, ¿quién soy yo para detener tu vocación? Solo te lo sugería. Pero había un tipo que parecía jugador de la NBA que preguntó, si quieres…
—Buenas noches, Jean.
Afuera hay un caos de automóviles retirándose, taxis y motocicletas: apuesto a que la fiesta sigue para muchos. Ojalá tía Gertrude se haya podido ir sin novedad; la llamaré en la mañana para preguntarle si llegó bien a casa.
Estoy llegando al final de la avenida, preguntándome si podré llamar un Uber, cuando veo estacionado al final un lujoso BMW plateado, y apoyado en la puerta, muy orondo y elegante en un traje negro, a Sebastian.
Quiero ir a abrazarlo: no me había dado cuenta de lo mucho que extrañaba su ancha y fea cara. Quiero hacer una broma, hacerlo sonreír, porque está tan ceñudo. Quiero mirarlo a la cara y pensar que está aquí porque me cree, porque ¿por qué otra cosa podría…?
Se me aflojan las piernas. Es peor que cuando tuve insolación, o después de bailar doce horas seguidas. No me obedecen: la cabeza me zumba, mi cuerpo reaccionó antes de que la idea consciente me llegara al cerebro…
—Milly…—gimo sin voz.—¿Qué le pasó a Milly?
—No, no… está… está hospitalizada, párate, por Dios, Evan… ser dramático… no te me desmayes como una colegiala… eso me pasa por tratar de ser dramático yo también… Evan, abre los ojos o te abofeteo, y lo voy a hacer con todo el entusiasmo… ¿estás despierto? *palmada* ¡EVAN! ¡Despiértate! *palmada*
—Ya estoy, ya estoy bien, bájame, deja de pegarme… ¿¡cómo es eso de que está hospitalizada?!
—La úlcera finalmente reventó, eso pasó. Tuvieron que abrirla y coserla de urgencia.—dice. Se me corta el aliento.—Pero fue a tiempo; gracias a Dios no hizo sepsis ni nada semejante.
Me apoyo en el auto, acezante. Sebastian lo abre y me mete dentro, y nos lleva a un diner que está abierto toda la noche.
La verdad no me vuelve bien el aire hasta que, a pesar de que son las tres de la mañana, me pone café, huevos y panqueques delante, y se apoya en el respaldo del booth con una taza de café en las manos.
—Evan… sé que es absurdo que te pida que creas en mí, después de que yo no creí en ti. Por favor, perdóname: no me merezco que me disculpes, pero considera que la idea de que hubieras humillado y engañado a Milly así me volvió loco.
—Todo apuntaba a mí. Hasta Maddie se lo creyó.—digo con calma tras un largo sorbo de jugo de naranja.—No te culpo, Sebastian…—suspiro, antes de frotarme los ojos.—¿Qué quieres que crea… qué fue esa llamada de Connie, me puedes explicar?
—Es por eso que estoy aquí. Esa noche atrapé a la señorita Constanza echando otro anónimo bajo la puerta de la cocina.
—¿CONNIE?
Sebastian asiente.—Y no creas que no me costó agarrarla. También había grafiteado WHORE en la puerta principal. Me quitó el teléfono y te llamó tras patearme las pelotas y arañarme la cara.—dice con cierto afecto.
—Por Dios, pero…—balbuceo.—¿Connie… CONNIE era quien me mandaba esos anónimos ridículos? ¿Y por qué seguía en eso? ¡Si yo ya no estaba allí! ¡No entiendo, Sebastian!
Él me mira largamente. Hay una burla en sus ojos.
—Sabes que tienes tanta suerte de ser tan bonito, Evan. Porque de inteligente…
—Explícame entonces.
—Evan…—me dice él, apoyando las manos en la mesa y clavándome la vista.—A la señorita Connie, por su conducta errática y su agresividad, la mandaron a una clínica psiquiátrica, retenida. La boda de Armando y la señora Madelaine es el próximo mes.
—¿Ya? ¿Y con Milly hospitalizada?
—Evan, por Dios, enfócate.—me dice secamente.—Esos anónimos y amenazas nunca fueron para ti. ¿No se te ocurre ningún paralelo? ¿No se te ocurre ningún hijo adolescente que se puso errático de repente y que sacaron del camino mientras la señora Madelaine se casaba con el padre?