Esclavo Tuyo Un Arreglo Privado #4
63%

Un Arreglo Privado #4

Estoy tan erecto que el simple calor de mi miembro contra mi piel me sorprende: ella lo ha tomado en los dedos, y cuando bajo la vista y la veo deslizando un anillo vibrador y retentivo hasta la base, se me seca la boca.

Ver esas manos que conozco bien haciéndome esto, es indeciblemente erótico.

— No vas a aliviarte hasta que yo diga— musita y apoya la frente en la parte de atrás de mi hombro— Mira esos rascacielos. Toda esa gente con poder, y aquí, ahora, no tienes ninguno. Pero estás a salvo, Evan… eres mío.

Echo la cabeza atrás para apoyar mi cabeza en la suya, y ella me acaricia el pecho unos momentos antes de voltearme y llevarme a la cama. Despacio. Podría decir que no, pero ciertamente no tengo ganas de hacerlo.

Las esposas de felpa y goma que pasa por mis manos se ven inofensivas, pero la verdad sujetan tanto como unas de acero.

Es más incómodo así, con ambas manos sobre la cabeza, pero ella está sonrojada de excitación, y cuando se sienta en el borde de la cama, sonriendo a la imagen que debo presentar, me condenaría por esos ojitos negros y voraces.

— Siempre he querido explorarte, pero nunca me dejas el tiempo.

Alguna vez fantaseé con drogarte y tenerte a mi merced, pero esto es mucho mejor, ¿no crees?

Así me miras, sabes lo que viene…— musita.

Su voz suena tan diferente, tan sensual.

Se cambió una camisola de satín gris oscuro, y lleva tacones y pantaletas de encaje…

no esperaba verla así. No está maquillada, y su cara suave y bella contrasta aún más con la sonda peneana con tapón que toma de la mesa, deja apoyada en mi estómago y se dedica a masajear y admirar mis brazos.

No serán los de Sebastian pero no tengo de qué avergonzarme tras unos años en la barra, vaya. Ella no parece quejarse para nada, y hay algo en su lengua cuando mordisquea mi bíceps que parece ir directo a mi interior…

Pasa a mi pecho, que tras varios años de depilación es tan lampiño como un Ken (sí, lloré mi pelo en pecho, la verdad, encima el 2017 se puso de moda de nuevo) y alargándose a la mesita, toma otra cosa: parece un complicado bolígrafo.

— Es un lápiz de caramelo— me anuncia, deslizando la punta por mis labios.

Es cierto. Una gota es tan dulce que se me llena la boca de saliva.

Me distraigo pensando que claramente Milly ha estado yendo de compras, o quizás incluso eligiendo online estas cositas pensando en mí, mientras mantenía su cara de niña angelical con su madre y su aspecto de CEO en la empresa… Oh, Dios.

Ha escrito su nombre en mi pecho, y entonces se desliza más abajo y toma la sonda.

Sé lo que viene: le suplicaría por un poco más de lubricación que la muy escasa que le pone, pero puedo aguantar.

Espera que asienta tras encontrar mi vista, y la inserta.

Argh, cómo arde y qué ancha es. Pero el modo en que jadea al mirarme, viéndome completamente a su merced, lo vale.

— Evan…— continúa, empezando a borrar su propio nombre de mi pecho con la lengua— ¿Qué fueron todos esos arrumacos con Kitti Stanfeld en cámara, se puede saber? ¿Hiciste algo más? ¿En el camerino, quizás?

Sacudo la cabeza con energía, aunque me está mordiendo el pezón y se me doblan los dedos de los pies.

— Pues parecía algo más. Y yo que sé cómo eres por las mañanas temprano…

— agrega, apoyando un codo en mis abs, deslizando la lengua y luego yendo a masajear mis testículos inflamados con firmeza en su palma— ¿…

sabes que ningún bailecito te va a salvar si vuelvo a enterarme de que estás con otra, verdad?

Sacudo la cabeza con fuerza. No va a haber próxima vez, lo prometo, pero no puedo hablar.

Milly aprieta la mano. El dolor es eléctrico, inmediato, brillante, pero sólo dura un segundo, y me endurezco más, retenido por el anillo y la sonda.

— Eres mío, Evan. Si vuelves a mentirme, te arrepentirás.

Asiento con más energía todavía. Ella se ve insegura por un momento, echándose el pelo atrás, pero cuando ve que separo las piernas bien, ofreciéndome, claramente desestimando cualquier necesidad de hacer mi signo de alerta, vuelve su sonrisa y saca un francamente diminuto anal plug.

Flecto la rodilla para ella con todo el entusiasmo posible en este mundo, y ella se ríe a mi ansia, a los sonidos de gusto que siento al dejar que me posea y ataque mi próstata.

Verla disfrutar mi tortura mientras me retuerzo en el placer sin poder acabar, ver la salvaje excitación con que me muerde el muslo y se monta en mi rodilla mientras me arqueo…

esto supera con mucho cualquier cosa que haya hecho antes. Mi Milly, mi dominante, segura Milly…

Ella usa un satisfayer apoyado en mi vientre: el sonrojo le llega hasta el pecho cuando estalla explosivamente con gemidos y arañazos, sus uñas en mis hombros.

Le toma unos momentos regresar: la combinación de todo, la vibración, la sonda, el plug, el espectáculo que me ha dado… tiemblo como un electrocutado.

Ella se baja de la cama y se va a la ducha.

LA VOY A MATAR.

Deja la puerta abierta, al menos, y me quita la mordaza.

— Tienes tu palabra clave— me dice, humedeciéndome los labios con un trozo de hielo— Si no puedes más, llámame…— susurra. La oigo bañarse, vestirse, arreglarse. Se toma veinte minutos, los que a mí me parecen veinte años, y regresa peinada, en un traje blanco formal.

— M—mm—Milly…— gimo, suplicante. Su mano va a mi rostro transpirado, e inclinando la cabeza, me besa suavemente.

Cuando suelta el anillo, se me van los ojos atrás.

Cuando quita la sonda…

… santo Dios. Creo que es muy posible que haya salpicado el techo.

— … te quiero, Evan.— susurra ella en mis labios.