Esclavo Tuyo Algo Inconfesable
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Algo Inconfesable

—La gente normal —me dijo Sebastian, entrando a la casa a las nueve, junto con el servicio y una docena de instaladores de seguridad.

Miriam me echó una mirada de irritación, seguramente porque estaba echado con la cabeza colgando del sofá, pero una de las cocineras, que es linda, me dio una palmadita y me dijo que me adecentara, que iban a darme desayunito de inmediato—, se da cuenta, a la décima llamada que le cortan, de que la persona en cuestión *no* quiere hablar contigo.

—¡Tienes que lograr que Milly me conteste el teléfono!

—¡Ochenta y nueve llamadas, Evan! ¡Sin contar las cincuenta y siete a mí! —exclamó él, cruzándose de brazos y sentándose en el brazo del otro sillón—. ¿Y es para decirle qué? ¿Que tú y Helena estaban practicando lucha libre desnudos en el piso de la sala a las tres de la mañana?

—¿Qué hacía ella mirando cámaras a las tres de la mañana? ¿No se supone que cuidas su salud? ¡Eres un pésimo guardián, Sebastian, pésimo!

—A esa hora logré que soltara los informes para irse a acostar. Es increíble lo mucho que logra joder todo el señor Richard con un día que le den… —suspira frustrado; él también está un poco ojeroso—. Y está grabado en el feed. ¿Tenías que acostarte con ella? ¿Tan irresistible es la chica?

—¡No se trata de eso! ¡Estaba histérica, tenía que calmarla!

—¿Tu pene tiene propiedades psicotrópicas? ¿Es un Magical Dick of Calm?

—No se me da bien calmar a la gente… no se me ocurrió otra cosa… y estaba como loca, amenazándome con soltar las fotos. Dice que no tiene nada que ver con los robos en casa de Tom, pero que la policía la interrogó…

—La policía la interrogó porque sus huellas están por toda la casa, incluso dentro de la caja fuerte —me dice Sebastian tranquilamente—. El plan va a la perfección, pero tú tenías que ir y meter tu pene…

—¿Entonces sí está robando? ¡Pero si le di dinero!

—No, no tenía nada que ver. Pero con sus antecedentes, no va a convencer a nadie de eso. O al menos ése era el plan —dice él, frotándose la sien—. Yo arreglé esos robos, Evan, para salvarte de ella. Pero ahora…

—¿Tú…? —me llevo las manos a la cabeza—. ¿Tú le robaste a Tom?

—Era la única forma de amedrentarla y sacarla de aquí.

—¿Lo hiciste por mí? —digo, desarmado y conmovido. Él frunce la nariz.

—Lo hice por Milly, no te emociones. Y no trates de darme las gracias, que parece que tu única forma de relacionarte con la gente requiere condones.

—¡Qué grosero eres! —exclamo, paseándome; no puedo quedarme quieto—. Tienes que conseguir que me conteste el teléfono. O que al menos me deje hablar con ella. ¡Tengo que explicarle!

—¿Explicarle qué? ¿Cómo fue que te caíste encima de Helena en la sala de la casa de su madre?

—Explicarle… todo. Que ella me estaba chantajeando, que tú…

—Ya le expliqué todo eso. No pude explicarle exactamente por qué estabas moviéndote encima de ella, pero sí lo del chantaje, lo que yo estaba haciendo…

—¿Y lo entendió? ¿Vas a lograr que se vaya, recuperar mis fotos, hacer…?

—No.

—¡Pero dijiste…! —me quedo boquiabierto—. ¿Vas a dejar de ayudarme porque… porque Milly está enojada conmigo? ¿Ella te ordenó…?

—No seas ridículo. —Sebastian se levanta; está claro que para él esta conversación ha terminado—.

Milly no va a arruinar tu chance en la fortuna ni a vengarse de ninguna forma en la Fundación o en la empresa por una…

traición amorosa. Está muy dolida, sí, y te voy a pedir que mantengas tu distancia al menos una semana, en lo que se rehace.

Porque después de las tonterías de Richard, que haya tenido que encontrarse con tu estupidez anoche…

fue un poco mucho. Pero no la conoces si crees que hará nada excepto acabar su relación contigo.

Seguro ni siquiera le cuenta a la señora Madeleine.

—Nunca quise herirla. No siento nada por Helena, tienes que decirle…

—Evan —la voz de Sebastian se ha endurecido, y se pone de pie muy cerca, tapándome la luz, hablando en un susurro porque las chicas de la cocina están poniendo un desayuno en la mesa que ahora no tengo ningún apetito de comerme—.

Haya sido por estupidez, maldad o simple mal juicio, la has herido de verdad.

Hace tiempo, cuando estaba en la universidad, algo…

pasó. Desde entonces yo trato de evitarle el mayor estrés posible, lo que no es fácil considerando su posición.

Así que vas a prometerme que la dejarás en paz en lo que se recupera. Sobre Helena… no te preocupes más.

—Pero dijiste…

—Yo no tengo que ocuparme de Helena ya. Milly decidió hacerlo ella misma.

—¿Eh?

Me voy a la Fundación como un zombie, preguntándome cómo pude arruinar todo tan espectacularmente.

John me está esperando, y la Fundación completa (Lily está loca de alegría) celebra nuestro triunfo en Plansingville y el hecho de que ya se ha agendado la construcción de la base y de la primera docena de casas.

Hoy mismo nos mandan un video de inspectores que están revisando la zona y testeando el sistema de nivelación que Hugh propone.

Creo que nada habría sido tan rápido sin Claudio y su manejo de las redes sociales. Todo está viral y en las noticias, y lo están presionando para adelantar las sesiones de entrevistas que le acepté la semana pasada, partiendo por ir a un matinal el lunes.

Todo el mundo celebra esto, y yo estoy tan deprimido como si hubiéramos fallado. Me cuesta más fingir que comparto su alegría de lo que nunca me costó fingir pasión por nadie.

Pero no puedo dejar de pensar en ella.

¿Habrá llorado? ¿Se habrá sentido… humillada?

¿Qué habrá pensado, después de todo lo que compartimos?

¿Después de Nueva Orleans? ¿No habrá creído que fue por lo que no pasó cuando la aferré fuerte?

Si ya entendí que nada sadomasoquista, gracias, eso no era ningún problema, ¡maldita sea! ¡No puede ser que piense eso!

¿Me odiará? Prefiero que me odie a que esté triste.

No quiero que piense que estuve con ella de mentiras.

Bueno, sí, estuve de mentiras, pero no de ese tipo de mentiras.

Oh, maldita sea, estoy tan confuso. Sólo sé que saber que está herida por mi culpa me está enloqueciendo.

Porque es injusto. Porque yo nunca he querido a Helena, y ciertamente NUNCA le haría daño a Milly a sabiendas.

Tengo que arreglar esto, más no sea porque, por mucha alta estima que tenga Sebastian en la ética de Milly, las mujeres despechadas hacen tonterías, y no puedo —NO, ME NIEGO— a perder mi herencia por la estúpida de Helena.

Tengo que hacerle entender que la quiero a ella y que Helena me importa un carajo.

Pero supongo que no es fácil borrar de la cabeza de alguien la imagen de tu pareja follándose a otra persona. Nope. No debe ser fácil. Pero tengo que lograrlo, y maldita sea, no soy un tipo al que se le dé bien explicarse o calmar a la gente.

Pero tengo un talento, al menos.

Uno que nunca me ha fallado.

Sí, el día que me dé disfunción eréctil, mejor me mato, definitivamente…

Después de asegurarle diez veces a Sebastian que voy a dejar en paz a Milly, averiguo con Maddie que ella sigue en el penthouse.

Le anuncio en voz muy alta que voy a quedarme en la casa de la Fundación, y me entero —de modo muy útil— de que “no te preocupes, Sebastian estará en la casa Corliss esta noche para acabar de testear la seguridad; quédate en la Fundación tranquilo para no tener que viajar temprano; me siento segura acompañada por Sebastian”, me asegura Maddie afectuosamente.

Bingo. John, que se cortaría un brazo por mí si se lo pido, me deja manejar su auto de Clayrton a Manhattan, y aprovecha de quedarse con su hija en Brooklyn, prometiendo pasar a buscarme temprano si lo necesito para regresar a la Fundación.

Podría haber hecho el transbordo en tren, pero estoy un poco cargado y así es más cómodo.

Aunque me ha dado un poco de pena sacar al pobre hombre de su nueva casita con lo que está cayendo: las lluvias de octubre se han vuelto una cosa diaria.

No importa. Es por Milly. Francamente, estoy acostumbrado a que mis culpas me peguen en la mitad de la jeta, pero esta vez… si bien, sí, efectivamente, mi pene estuvo en donde ella piensa que estuvo, el sentimiento que lo acompañaba no era… no es…

Después de diez años de prostitución, el sexo no es una cosa que me parezca tan íntima, maldita sea. ¡Es totalmente diferente cuando es con ella!

Si es por eso que yo no explico las cosas con palabras. Por eso quería ser actor. La vida es tanto más fácil cuando alguien más listo que tú te escribe los guiones y solo tienes que verte bonito.

Me sacudo la lluvia, les digo hola a los dos guardias en la entrada y les muestro mi ramo de florecitas, diciéndoles que es una sorpresa para Milly. Después, para que no me vea llegar, trepo veintisiete pisos.

Joder. Yo estaba en mejor estado físico. Antes podía bailar cinco horas y follar toda una noche sin agotarme. Y ahora que como mejor… voy a tener que pagar un gimnasio, finalmente. Qué vergüenza.

Me cuelo en el piso del penthouse. Hay un largo pasillo hasta la puerta, así que ahí rápidamente me seco la cara, me cambio camisa y pantalones, me cuelgo mi cadena de baile a la cintura, perfume, mousse en el pelo. Me enjuago bien con enjuague bucal y me reviso la cara en un espejito.

Perfecto.

Muy despacito saco el parlante de mi mochila, lo enciendo y conecto el Bluetooth del teléfono. Luego abro la puerta del penthouse, empujo el parlante silenciosamente y me cuelo dentro, cerrando la puerta.

Milly está de pie en la puerta de la oficina. Lleva un suéter de mi padre, leggins absolutamente espantosas de argyle y sandalias peludas.

—Evan —dice sin voz, apoyándose en el marco, y sus ojos son trágicos—. ¿A qué has venido? Es mejor que te vayas, por favor.

—Necesito que hablemos —le digo, cerrando la puerta—. Al menos escúchame un momento…