Esclavo Tuyo Riesgos Nocturnos #2
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Riesgos Nocturnos #2

:: Mándame dinero. No tengo ganas de seguir haciendo esto ::

:: Helena, no tengo dinero. Me dan un estipendio patético porque no confían en mí todavía, hasta que pase el año ::

:: No es mi problema. Ya has conseguido dinero antes, Evan. Seguro puedes conseguir algo para que tu prometida no tenga que pasar de rodillas este año :: textea :: ¿No estás dirigiendo esa Fundación? Todo el mundo roba de esas tonteras, ni se va a notar… ::

:: Sé razonable… ::

:: Dile eso a tu madrastra y a su hijita santurrona cuando les mande la foto de la vez que te metieron una botella de champaña en el escenario. Cómo disfrutaste, ¿no? ::

Maldita sea. Le cuelgo, pero se está riendo: sabe que me tiene completamente a su merced por ahora.

Sólo necesito aguantar unos meses, pero es obvio que va a tratar de ordeñarme todo lo posible.

Y es un poco exasperante que, tras ordeñarme semen tantas veces, ahora me ordeñe dinero… y nervios de paso.

Zorra. Y lo digo yo.

No puedo permitir que la desgraciada saque las fotos y mi pasado a la luz.

No me importa tanto la empresa, pero la Fundación sí me importa un poco, y va a ser un escándalo.

Lamentablemente, ahora basta el más mínimo jaleo online y las acciones caen en unos piqueros increíbles, siendo que ya estamos en números…

no para bailar de gusto tras la muerte de mi padre.

Sin contar que, informe de Milly o no, NUNCA me van a volver a aceptar en el Directorio, y muy probablemente —aunque Milly cante una ópera respecto a mis encantos— los albaceas se sientan justificados en mandarme a la mierda.

Lo más práctico y sencillo parece contarle todo a Milly: ella sabe mi pasado, y quizás se le ocurra algo para detener a Helena. Definitivamente detuvo a mi tía Gertrude, que no se ha vuelto a aparecer con historias.

Pero mostrarle esas fotos y mi relación con Helena…

Ella sabe lo que era, lo vio con sus ojos, pero estoy seguro de que no ha visto los sucios detalles. Aún me mira como a un sufrido héroe romántico, y mantener la ilusión me ha costado lo suyo.

No quiero arruinar mi trabajo de joyería en sus sentimientos, maldita sea.

Maddie es imposible de recurrir: ella no sabe nada. Y aunque seguramente me daría dinero si se lo pidiera, la óptica de que Milly se entere de que le saco dinero a su madre enferma es tan mala como que me vea danzando Umbrella sin nada más que un paraguas puesto.

No tengo a quién más recurrir. Todo el dinero que gané en el club se iba directo a pagar mis deudas: considerando que mis colegas estaban igual, tampoco puedo conseguir allí.

Jean. Jean podría, quizás, pero me avergüenza. ¿Cómo tun tipo de 29 años no va a ser capaz de levantar un poco de dinero, por Dios?

Veamos mis opciones:

Volver al club un par de noches por unas semanas…

no. Para empezar, las fotos con Tom y Claudio en el insta de la empresa se volvieron muy populares.

Puede que antes sólo viejas odiosas como la amiga de mi tía Gertrudes me reconocieran, pero ahora, el riesgo es demasiado.

Lo último que me hace falta son *más* fotos mías emergiendo.

Además que la idea de seguir vendiéndome para pagar los gustos de Helena…¡Dios, estoy tan harto de mentir y ser encantador! Antes no me importaba, pero ahora que me paseo por la Fundación y me tratan con tanto increíble, inmerecido respeto, se siente…

No. La otra opción es robar, por supuesto.

Dios sabe que lo hice incontables veces, incluyendo en mi adolescencia y en esa misma casa: *sé* dónde se guarda el dinero, sé dónde están las joyas de Maddie y seguramente no me costaría mucho volver a hacer saltar la caja fuerte detrás de la columna falsa decorativa, que Maddie ha llenado de maceteros.

Pero si me descubren… adiós todo.

El riesgo es demasiado grande, y nunca fui bueno en meterme en la red y hacer magia con cuentas. Lo mío era colarme en la noche, agarrar algo y luego correr muy rápido a la casa de empeños.

O vender drogas entre mis amigos ricos, al comienzo, y luego entre los pobres desgraciado como yo cuando decidí probar mi propia mercancía. Idiota, idiota.

Dice mucho sobre lo que la Fundación me ha conmovido y lo mucho que respeto a Maddie el que a pesar de que es mi firma la que se usa para mover los fondos — ¡sí, mi firma, mi nombre ahora tiene alguna importancia!— decido en vez de eso tragarme el orgullo y llamar a Jean.

:: ¿Qué necesitas?::

:: ¿No puede un amigo llamar a su amigo querido, que ha extrañado terriblemente, para saber cómo se encuentra, cómo es que no le manda ni un mal meme de gatitos striptease…?::

:: Eva, corta ya. No me llamarías a no ser que estuvieras en un lío. Siempre has sido así::

:: ¿Has escuchado ese crack? Ha sido mi corazón…::

:: Dime qué pasa::

:: Necesito dinero, Jean::

Hay una larga pausa. Jean me conoce desde que era un mocoso adicto y arrogante, el niño símbolo del “no soy adicto, lo dejo cuando quiero”. Y también me ha visto en mi punto más bajo.

:: Pensé que ahora tendrías un montón. ¿Ya lo arruinaste?::

:: Estoy tratando de que no. Pero…::

:: ¿Ya te metiste en drogas de nuevo?::

:: No, solo necesito dinero, Jean. Puedo devolvértelo con intereses dobles, triples, lo que quieras a fin de año. Pero necesito algo urgente: me están chantajeando::

:: Sí, ya::

:: ¿No me crees?::

:: Tampoco te creí cuando armaste ese falso secuestro para que tu padre te diera dinero, y cuando me llamaste a mí cuando tu padre te dejó preso::

:: ¡Pero si estaba preso de verdad!::

:: Vendiste droga DENTRO DE LA CELDA, Evan::

:: … si ya sabes cómo soy…:: suspiro:: Jean, ayúdame. Cincuenta mil y te dejo tranquilo. Necesito…::

:: No.::

:: No seas perverso. Te he ganado eso en un par de días. ¿No te acuerdas cuando hicimos el especial Marvel y me vestí del Winter Soldier? Nos forramos esa noche::

:: Te he dicho que no.:: su voz se pone seria, densa :: Te tengo cariño, pequeño estúpido.

Y no te voy a ayudar a joder la única chance que has tenido en tu vida.

Estoy de acuerdo en que tu padre era un bastardo de mierda, pero tu hermana y su familia pagaron unas cincuenta veces ese dinero para llevarte a salvo de regreso a casa.

Ése es un lujo que la mayoría de la gente no tiene, Evan. No te voy a ayudar a arruinarlo::

:: Pero si estoy tratando…::

:: Evan. Detente y piensa en tu vida. Cuando has tomado decisiones de este tipo, ¿alguna vez… cuántas veces NO la has fregado? Reflexiona. Con tu track record, yo me lo pensaría dos veces antes de escucharme a mí mismo::

:: ¡Gracias por NADA, JEAN!::

Tuve que llamar a dos conocidos más antes de que me dieran un dato, y me costó organizarlo. Afortunadamente, ahora todos los arreglos se hacen online: yo sólo tengo que ir a buscar la merca, llevarla, cobrar, regresar.

Profit.

Así que esa tarde llego a casa trase un día muy satisfactorio en la Fundación, en que acabamos de mover un cargamento enorme de medicinas a Guatemala, y mi encanto y mi excelente español ayudó a que el hospital más importante de la zona consiguiera que los derechos de importación fueran gratis.

Maddie dio chilliditos de gusto cuando supo y me abrazó.

Y yo me sentí… tan bien.

Esto, pensé inhalando su pelo, vale la pena protegerlo.

—Podríamos encargar una tortita para celebrar —me dice Milly cuando llega de Manhattan con Sebastian, con él ayudándole con su chaqueta. Se ve muy cansada.

—Voy a salir hoy —le digo, lo que parece descolocarla un poco—. Pero por supuesto que ayudaré si tenemos reporteros mañana. Claudio es realmente muy eficiente en su trabajo.

—¿Adónde vas? ¿Necesitas que Sebastian te lleve? —Milly se ve un poco decepcionada.

—Voy a ver a unos amigos.

El Uber me deja cerca de unos antiguos suburbios que ya eran malos cuando yo era joven y ahora se ven adecuadamente peor. El asfalto está desastroso. Allí, una maestranza de automóviles me arrienda por la noche un Chevrolet, por una módica suma.

Dios quiera que pueda cubrirla cuando regrese o Milly va a tener que pagarme hasta el tren.

Con ese Chevrolet, al que claramente le queda muy poca vida, conduzco a un pueblito cercano que conozco bien.

Alguna vez fue una toma de casuchas donde se acumularon los indigentes durante la Gran Depresión, y, a pesar de que la gente de Providence los corría a tiros con frecuencia, volvían a instalarse y era un foco de prostitución, crimen y robos. Desde entonces ha empeorado.

Es más de una hora, y a pesar del frío, abro las ventanillas y acelero, mi teléfono con algo orquestal que encontré en Spotify. Me siento… libre.

Un poco más libre al menos, volando en la noche con la cajuela llena de drogas, listo para hacer una entrega y rapiñar algo para mí, como en mi adolescencia. Ah, qué recuerdos aquellos, de las fiestas que hacía con el dinero después.

Aunque dudo que pudiera volver a contratar una docena de putas y meterlas en casa para escandalizar a mi padre como antes.

No se trata de que ya no me guste el sexo o que tenga escrúpulos morales: se trata de que, habiendo estado al otro lado del mostrador, sé exactamente lo que uno piensa de la persona que suda y disfruta encima de ti y… dammit, no. Qué asco.

No tengo ninguna gana de follarme a alguien y ver en sus ojos el deseo y el ruego de que por favor me caiga muerto. Y lo patético que soy.

En cambio, Milly…

Es asombroso darme cuenta de que, aparte de lo exquisitamente bien que se siente tenerla, (porque puestos en plata su vagina tiene una presión, calor y fuerza ideal.

Mi pene se sintió de maravilla… tuve esas pulsaciones arriba, cerca de los huesos de la cadera, que hacen que te corras como un surtidor) una parte de mí disfrutó aún más la adoración en sus ojos.

La chica me miraba como a Dios encarnado por darle un par de besos y un par de orgasmos.

Uno podría volverse adicto a ese tipo de validación, yup.

Quizás, como todas las adicciones, sea un poco peligroso.