Escape Room Capítulo 15
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Capítulo 15

Los peldaños metálicos resuenan con nuestras pisadas a medida que descendemos. Veo las siluetas de Adjoa y Oscar delante de mí, recortadas contra la oscuridad. Todos avanzamos en una sola fila, con los pasamanos a cada lado formando líneas paralelas que nos sirven como guía.

Me he detenido para preguntarle a Adjoa qué le ha pasado a Ibrahim en la tumba, pero por su respuesta entre sollozos solo he podido entender que se ha ido. Igual que Min. Este juego está acabando con nosotros uno a uno.

Delante de nosotros, la luz se vuelve más intensa y los escalones son más bajos a medida que voy dando pasos. Ahora veo que estamos bajando por una escalera mecánica rota, con los peldaños inmóviles cubiertos de esquirlas de cristal que crujen bajo mis zapatos.

Parece que estamos entrando en una especie de centro comercial.

Un enorme reloj cuelga al fondo en un espacio de techos altos abovedados, con claraboyas por donde entra la luz.

A través de esas amplias ventanas veo un azul distante, aunque, según las manecillas del reloj, son las ocho y doce minutos, no sé si de la mañana o de la noche.

Oscar es el primero en llegar al final de la escalera y cruza con largas zancadas la explanada vacía.

Me sitúo a la altura de Adjoa y miro a mi alrededor para asimilar la escena de destrucción total ante nuestros ojos.

Montañas de escombros salpican el extenso espacio, con esquirlas de cristal y estantes arrancados, escaparates destrozados y macetas rotas.

En el centro de esa especie de patio interior hay una fuente vacía cubierta de polvo y unas plantas marchitas que han ido dejando un rastro de hojas muertas por las baldosas.

Parece que este sitio lleva años abandonado. Oscar avanza y sus pisadas hacen eco cuando pasa junto a un mostrador desierto de atención al cliente.

—¿Adónde vas? —le pregunto a gritos—. Debemos permanecer todos juntos, sobre todo ahora.

Oscar se detiene de repente y me mira con expresión de desprecio.

—¿Por qué? —replica con un grito que hace que una bandada de palomas alce el vuelo desde un lugar fuera de nuestra vista.

Mientras planean hacia las claraboyas con sus alas grises salpicadas de bronce, Oscar se vuelve hacia mí—.

¿Por qué tenemos que quedarnos todos juntos?

Hasta ahora no nos ha ido demasiado bien, ¿verdad?

Mira a tu alrededor, Ami. No somos «las Cinco Estrellas» ni «los Cuatro Fantásticos».

Ahora solo quedamos tres. No somos un equipo, punto.

Somos rivales. Y voy a asegurarme de ser el primero en encontrar la Respuesta.

—Oscar se gira para marcharse tras lanzar un último comentario por encima del hombro—: Y ni se os ocurra seguirme.

Permanezco ahí, sin palabras, observando cómo se aleja. El camino que coge a través de los montones de objetos rotos lleva a una galería de tiendas. Por allí la oscuridad es más densa al encontrarse lejos de las claraboyas del patio interior, pero vislumbro los escaparates hechos pedazos.

—Deja que se vaya —dice Adjoa, y camina hacia el mostrador de atención al cliente—. Tampoco es que lo necesitemos.

Estudio el centro comercial vacío. A izquierda y derecha, hay más galerías con tiendas, que también están sumergidas en la oscuridad.

Mientras entorno los ojos para ver algo entre las sombras, el fantasma de un escalofrío me recorre la columna.

Este lugar debería estar lleno de luz y vida.

No me da miedo la oscuridad, pero no puedo evitar preguntarme qué esconde. Mi temor se debe a lo desconocido.

—¡Ami! —El grito emocionado de Adjoa hace que me gire. Está de pie, junto al mostrador de atención al cliente, con un papel arrugado en la mano—. Ven a ver lo que he encontrado.

Me apresuro hasta donde está ella y le arrebato el papel de las manos. Mi sensación de perplejidad crece cuando leo las palabras que hay escritas en él.

DORADO

CONGELADO

BOLSILLO

CAZADOR

EX I T

Miro a Adjoa y veo el entusiasmo brillándole en los ojos.

—¿Qué es esto? —le pregunto, esforzándome por entender por qué está tan emocionada.

No le encuentro el menor sentido a estas palabras.

—¿No es obvio? —dice Adjoa con una sonrisa—. Es una lista de la compra.

Miro de nuevo la lista y le doy vueltas a cada palabra en mi mente: dorado, congelado, bolsillo, cazador, exit . Niego con la cabeza. Si es una lista de la compra, no sé qué quiere que compremos. Al ver mi ceño fruncido, Adjoa empieza su explicación:

—Recuerda lo que dijo el anfitrión —comenta, tamborileando un ritmo nervioso contra el suelo con las zapatillas de color verde fosforito—. Todo forma parte del juego. Esta lista estaba aquí esperándonos. Debe de ser una caza del tesoro.

—¿Una caza del tesoro?

—Uno de esos juegos en los que te dan una lista de cosas que debes encontrar. Algunos lo llaman «la búsqueda del tesoro». El ganador siempre es el primero que encuentra todos los objetos de la lista. Debe de ser algo así, una lista de cosas que necesitamos para encontrar la Respuesta.

Recupera el papel y se gira de nuevo para colocarse ante el mostrador de atención al cliente.

La parte frontal está inclinada hacia nosotras y muestra un directorio de tiendas, así como el mapa del centro comercial.

En él veo galerías de tiendas que se abren en tres direcciones desde el espacio central. Están marcadas con rojo, verde y azul.

—Es nuestra oportunidad, Ami —dice Adjoa mientras inspecciona el mapa con el código de colores—. Si queremos ganar a Oscar averiguando la Respuesta, debemos seguir este plano.

Bajo la cabeza para mirar el directorio de tiendas.

No creo que nuestra misión para salvar el mundo acabe con nosotras yéndonos de compras, pero lo que dice Adjoa tiene algo de sentido.

Desde que empezamos a jugar en El Escape, hemos estado intentando encontrar la Respuesta, pero nadie ha dicho que solo fuera una cosa.

Tal vez esta lista nos dé los ingredientes que necesitamos para «crearla».

Y, si está en lo cierto, eso significa que tenemos ventaja sobre Oscar.

—Entonces, ¿adónde vamos primero? —pregunto, recorriendo con el dedo la lista de tiendas, divididas por categorías—. ¿Accesorios? ¿Calzado? ¿Cosmética y perfumería? ¿Electrónica? ¿Entretenimiento?

Adjoa niega con la cabeza y señala un punto en el centro de la lista.

—Joyería —anuncia con una sonrisa confiada—. La lista dice que lo primero que debemos buscar es dorado, así que seguro que ahí hay algo para nosotras. Un anillo o un collar de oro, quizá. Cualquier cosa de ese estilo.

Mueve el dedo por el panel para indicarme la ubicación de la tienda en el mapa, en algún punto de la galería de la izquierda.

—Después nos dirigiremos a la zona de restauración para buscar algo congelado —continúa, mostrándome la ruta que vamos a seguir—, antes de pasar a la zona de ropa para ir a por una prenda con bolsillos. —Levanta la cabeza y me dedica una sonrisa—. Vamos a acabar este juego con estilo.

Intento obligarme a sonreír, pero hay algo a lo que no dejo de darle vueltas.

—¿Y qué pasa con lo demás? —pregunto, quitándole de nuevo la lista de las manos—. ¿Dónde vamos a encontrar a un cazador?

—No necesitamos hacerlo —contesta—. Somos nosotras y, cuando consigamos encontrar todas las cosas de la lista, hallaremos también la Respuesta. Lo único que debemos hacer es terminar el juego y salir de aquí. Eso es lo que significa exit . El final se acerca, Ami.

Levanto la cabeza para sostenerle la mirada a mi amiga. Aunque sonríe, sus ojos no desprenden ningún brillo, rodeados por círculos oscuros a causa de las lágrimas que ha derramado antes.

Pienso en Ibrahim y en Min, en todo por lo que hemos pasado hasta el momento. La buhardilla en llamas, la biblioteca de polvo, la tumba maldita y ahora el centro comercial desierto. Y, mientras lo pienso, no puedo evitar formular la pregunta en voz alta:

—¿De verdad sigues creyendo que esto es solo un juego?

Adjoa se muerde el labio, casi temerosa de responder.

—Tiene que serlo —dice al final—. Y necesitamos asegurarnos de que ganamos.

Adjoa se gira para dirigirse a la galería a oscuras y seguir la misma ruta que ha dibujado con el dedo. Entonces mira hacia atrás y me hace un gesto con la mano.

—Vamos, Ami.