Escapar contigo (Sparrow Falls 2) Capítulo cincuenta y dos. Shep
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Capítulo cincuenta y dos. Shep

Capítulo cincuenta y dos

Shep

Abracé a Thea contra mí con más fuerza mientras veíamos cómo el personal de las fuerzas del orden se desplazaba por el jardín. Estábamos a casi treinta grados, pero Thea estaba temblando. Y aquellos sutiles temblores hicieron que me entraran ganas de prenderle fuego al mundo entero.

En lugar de eso, le di un golpecito al lateral de su taza con el dedo.

—¿Más té? —le pregunté.

Negó con la cabeza sin apartar la mirada del flash de la cámara bajo la tenue luz del sol. Los técnicos que inspeccionaban las escenas de los crímenes estaban sacándole fotos a todo. Con cada destello, Thea hacía una mueca y me mataba un poco más.

—Era mi espacio favorito —susurró.

Sus palabras fueron como una daga cubierta de ácido que me partió el corazón en dos.

Agarró la taza con tanta fuerza que los nudillos se le quedaron desprovistos de color alguno.

—Aquí fue donde empecé a encontrarme de nuevo. A oír mi propia voz. A recordar quién era antes de que Brendan me destrozara con todas sus mentiras.

«Joder».

Pensaba matar a Brendan Boseman. Y me gustaría hacerlo despacio.

Tragué saliva para deshacerme del cabreo que me corría por las venas y me obligué a seguir abrazando a Thea con tanta ternura como fuera posible.

—Lo arreglaremos. Lo reconstruiremos. Lo dejaremos incluso mejor que antes.

Thea simplemente permaneció con la vista puesta en el invernadero, ahora hecho añicos. Y también en los técnicos que no paraban de cargárselo más con cada paso que daban.

—Ya nunca será lo mismo —señaló.

Le acerqué la mano a la mandíbula y le giré la cara con cuidado para que me mirase a los ojos.

—No, no lo será. Pero esto solo demuestra lo fuerte que eres. Todo lo que has superado.

Las lágrimas le centellearon en los ojos.

—A veces, no quiero ser fuerte. Estoy cansada, Shep.

Tragué saliva con fuerza. Me escocía la garganta a rabiar.

—Entonces déjame que sea yo quien cargue con todo esto durante un tiempo.

Thea levantó la cara para mirarme y pestañeó en un intento por deshacerse de las lágrimas.

—Vale.

—Vale —repetí.

Me apoyó la cabeza en el pecho y permitió que la envolviera con los brazos. Era demasiado. Que Thea aceptase mi ayuda en un día cualquiera ya era todo un logro. Pero que cediese con tanta facilidad ahora... Me caló hondo. Echaba de menos su genio, su tozudez. Su chispa.

Pero la abracé. Como si así pudiese inyectarle calma, fuerza y seguridad.

Una camioneta negra que conocía bien aparcó en medio de los demás vehículos policiales.

Sabía lo mucho que le costaba a Anson estar aquí, con ellos presentes.

Todo esto le recordaba a una época que él únicamente quería olvidar, pero había venido de todas formas.

Era un amigo de los de verdad. Un hermano.

Rhodes fue la primera en bajar del coche y su castaña melena le revoloteó alrededor de la cara mientras corría hacia la terraza trasera. A pesar de la tenue luz del atardecer, pude captar la preocupación y el miedo que se ocultaban en los ojos color avellana de mi hermana.

Pero, esta vez, no me culpé por ello. Porque yo no tenía la culpa. Y tampoco intenté arreglarlo de inmediato. Porque sabía que esa preocupación era un regalo; uno de parte de mi hermana para la amiga a quien tanto quería.

Thea se irguió al ver acercarse a Rhodes; le cogí la taza de las manos y la deposité en la mesita que había al lado de la chaise longue . Y menos mal, porque en cuanto Rhodes estuvo lo bastante cerca, abrazó a Thea con todas sus fuerzas e incluso la levantó del suelo.

Mi hermana siguió abrazándola durante un largo minuto, sin mediar ninguna palabra. Luego, se le escaparon unos cuantos tacos y soltó:

—Yo. Lo. Ma-to. Pero creo que primero lo torturaré. Le arrancaré unos cuantos dedos. O a lo mejor debería empezar arrancándole los huevos.

—Dios... —musitó Anson, viniendo hacia el porche—. ¿Necesitas que te construya un cobertizo para asesinatos, insensata?

Rhodes se giró cabreada hacia él y respondió:

—Lo que haga falta con tal de hacer sufrir al gilipollas vomitivo que es ese cabrón.

A Thea se le escapó la risa; fue el sonido más dulce que había oído en la vida. Esperaba sentirme aliviado, pero no fue el caso. Seguía con los nervios a flor de piel.

—¿Vomitivo? —preguntó Thea, deshaciéndose del abrazo de Rhodes.

Esta se encogió de hombros y contestó:

—Parece pertinente. Ni su estómago lo quiere.

Thea sacudió la cabeza, pero se le dibujó una muy discreta sonrisa en los labios.

—Gracias por ser tan buena amiga —le dijo.

—Hago lo que puedo, pero, cuando convierta al viejo Bren-Bren en un prodigio sin huevos, ahí sí me mereceré un premio.

Thea se giró hacia Anson.

—¿Tú ya vigilas, mientras duermes?

Anson rio.

—Procuro no pasarme ni un pelo de la raya; eso, te lo aseguro.

Rhodes puso los ojos en blanco y se defendió:

—Esta mañana me has dado un azote en el culo delante de todo el equipo.

Anson se limitó a encogerse de hombros y se justificó:

—Estabas siendo un poco descarada. Y ya sabes lo que me provocan esos shorts .

—Por el amor de Dios... Basta ya, por favor —musité al levantarme.

Thea volvió a reír mientras venía hacia mí y me pasó un brazo por la cintura.

—¿Orejeras?

—Ni los mejores cascos contra el ruido del mundo servirían.

—Lo siento, Shep —canturreó Rhodes.

—¿Qué lo vas a sentir? —contestó él.

Rhodes simplemente me sonrió. Sin embargo, a la que se fijó en el invernadero, le cambió la expresión en el acto.

—No pensaba que estuviese tan mal...

Thea se tensó a mi lado y a mí me entraron ganas de soltar un taco. Pero me mordí la lengua y me obligué a hablar con tono calmado:

—Vamos a reconstruirlo. Y lo dejaremos incluso mejor de lo que estaba.

Rhodes se giró hacia nosotros con los ojos llenos de preocupación.

—Yo os ayudo. Además, ya sabes que Duncan te hará un buen descuento para las plantas.

Thea movió la cabeza.

—No hace falta que...

—Querrá hacerlo. —Thea miró a Rhodes a los ojos—. Es lo que hace la familia.

Al interiorizar las palabras de mi hermana, Thea me agarró la camiseta con fuerza y susurró:

—Gracias.

Se oyeron unos pasos firmes en la terraza trasera y todos nos giramos para distinguir a Trace aproximarse hacia donde nos encontrábamos. Una expresión prudente era visible en su rostro, pero yo noté la tensión que escondía debajo.

—Ya casi hemos terminado. Enseguida te dejaremos tranquila.

—¿Habéis encontrado algo prometedor? —quiso saber Anson.

—Todavía es demasiado pronto para saberlo.

Hay muchas huellas, pero intuyo que la mayoría serán de Thea y de Shep.

Espero que tengamos suerte y descubramos alguna más.

—Trace desvió la vista hacia Thea y hacia mí—.

He llamado a los abogados de Brendan para pedirles una entrevista. Me han dado largas.

—¿Cómo no? —espetó Rhodes—. Como lo pille con las tijeras de podar, verás tú cómo dejan de darte largas.

Trace abrió los ojos como platos.

—Fingiré que no te he oído. —Rhodes se limitó a mirarlo con el ceño fruncido y Trace se giró hacia mí—: Cuando venía hacia aquí, me ha llamado el inspector del condado.

Me quedé confundido como el que más, pero Trace siguió hablando:

—Han recibido llamadas anónimas de alguien que sugiere que has escatimado esfuerzos en algunos proyectos recientes. Tienen que volver a inspeccionarlos.

—Shep... —susurró Thea con la voz llena de ansiedad.

Apreté los dientes y contesté:

—No tenemos de qué preocuparnos. Hago bien mi trabajo. No encontrarán nada.

A Trace le latió un músculo en la mandíbula.

—Lo siento, Shep. Ya sabes que todo esto no le servirá de nada. —Volvió a centrar la atención en Thea—. Mañana iré al lugar donde están rodando para plantear algunas preguntas.

Thea se puso muy tensa a mi lado. Percibí el miedo que emanaba de su cuerpo. Y reavivó de inmediato la rabia asesina que habitaba en mi interior. Le di un beso en la sien e inhalé su relajante aroma.

—Irá bien —le prometí.

Thea tragó saliva con fuerza.

—Lo cabreará aún más. Que lo hagas en público, digo —advirtió a Trace.

—Igual no es mala idea —terció Anson.

Nos giramos todos hacia él.

Mi amigo continuó:

—Si Trace consigue que responda desde la rabia, puede que Brendan actúe sin miramientos. Que no se cubra tan bien la espalda como suele hacerlo normalmente. Me aseguraré de que Dex esté listo. Trace, ¿puedes tenerlo controlado?

Trace asintió con la cabeza.

—Puedo intentarlo. Aunque he oído que, con sus escoltas, es complicado seguirlo de cerca.

—Si quiere hacer algo turbio, no irá con ningún escolta —señaló Anson.

—Cierto —convino Trace antes de dirigirse a Thea—: ¿Te parece bien todo esto?

Ella respiró temblorosa y respondió:

—Haced lo que haga falta. Yo solo quiero ponerle punto final a todo esto.

Sentí cierta acidez en el estómago y se me revolvieron las tripas. Porque aquí nadie dijo nada de lo único en lo que estábamos pensando todos. ¿Y si, por más precauciones que tomásemos, Brendan lograba escaquearse? ¿Y si conseguía llegar a Thea?