Escapar contigo (Sparrow Falls 2) Capítulo cuarenta y ocho. Shep
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Capítulo cuarenta y ocho. Shep

Capítulo cuarenta y ocho

Shep

Pegué tal portazo que tembló la camioneta entera.

Apreté los dientes con fuerza mientras andaba decidido hacia la casa de estilo Craftsman de Trace.

No la había construido yo, pero sí le había reformado la cocina y los baños, y había añadido una ventana salediza con festejador en el cuarto de Keely.

Sin embargo, ahora era incapaz de ver lo encantadora que era aquella casa familiar o lo mucho que se había esmerado mi hermano por darle a su hija todo lo que él no había tenido de pequeño. Estaba demasiado furioso.

Me había tomado mi tiempo para asegurarme de que Thea estuviese bien de verdad, que los recuerdos o el miedo no se hubiesen adueñado de ella.

Pero lo único que parecía preocuparle a Thea era yo.

Que Brendan conociera mi identidad. Que fuera a hacerme daño.

Que fuera a ir a por mi empresa, mi reputación.

Pero a mí me importaba un bledo todo eso. Lo único que me importaba era ella.

Había esperado a que Anson y Rhodes llegasen a la casa antes de irme a la de Trace. No quería dejar a Thea sola; no cuando Brendan pensaba que podía plantarse allí cuando le saliese de las narices. Pero necesitaba hablar con mi hermano. Y tenía que hacerlo a solas.

Subí los peldaños de dos en dos y llegué al porche delantero en tiempo récord. Llamé dos veces, pero no oí respuesta alguna. Sabía que tenía que estar allí. Había terminado el turno hacía una hora y, esta semana, Keely estaba con su madre.

Volví a llamar; esta vez, más fuerte.

Se oyeron pasos en el interior y Trace abrió la puerta.

—Dios, Shep, déjame llegar a la puer... —Sus palabras se interrumpieron al verme la cara—. ¿Qué ha pasado?

Mi mandíbula no paraba de moverse.

—Brendan estaba esperando a Thea en casa cuando hemos llegado.

Trace se puso en alerta de inmediato.

—¿Dentro o fuera?

—Fuera.

—Mierda. Quería pillarlo por allanamiento de morada, al menos.

—¿Y por entrar en una propiedad privada? —sugerí.

Trace negó con la cabeza y me hizo un gesto para que pasara antes de cerrar la puerta tras de mí.

—He estado en casa de Thea. No hay nada que indique que ese terreno sea propiedad privada. Los jueces lo tumbarían.

Solté un taco.

—Venga, cuéntamelo todo —me pidió Trace, guiándome hacia la cocina.

Eso hice. Le di a mi hermano todos los detalles que recordaba. Sin embargo, el simple hecho de volver a explicarlo todo hizo que la rabia fuese a más. Me encolerizaba al recordar cómo la había provocado Brendan. Saber que el tío tenía carta blanca para seguir atormentando a Thea.

Cuando hube terminado, Trace guardó silencio durante un largo minuto. Aunque ese era su modus operandi . Su mente funcionaba igual que la de Anson: siempre se tomaban algo de tiempo para estudiar las piezas del rompecabezas. La única diferencia era que Trace las veía desde otra perspectiva.

—Thea tiene razón. Brendan estaba esperando que le pegaras. Así, a lo mejor podría borrarte del mapa el tiempo suficiente para volver a romperle las defensas a ella. Seguramente, para conseguir que Thea volviese con él.

Al imaginármelo siquiera, se me escapó un gruñido.

Trace levantó la vista hacia mí.

—No va a ocurrir. Respira. Dios...

Pero no podía. Parecía que estuviese respirando los filos de una cuchilla con cada inhalación.

—¿Cómo estarías tú si te pasara a ti? ¿Si alguien que ha torturado a la persona a la que quieres pudiese acercársele y soltarle toda esa mierda en la cara?

A Trace se le avivó la mirada, pero disimuló su reacción enseguida y preguntó:

—¿«A la persona a la que quieres»?

—Sí. La quiero, joder. Haría lo que fuera por ella. Así que AYÚDAME.

Trace se apoyó contra la encimera de la cocina.

—Estoy haciendo todo lo que puedo. Pero no es fácil. Y Dex ha comentado que Brendan debe de tener a algún hacker trabajando para él o que él mismo sabe cómo hacer todo esto. Tiene los ordenadores bloqueadísimos.

Hostia... Thea había dicho que Brendan era un experto en tecnología.

Me froté la mejilla, cubierta por una barba de dos días.

—¿O sea, que puede venir cuando le dé la gana? ¿Tocarle las narices a Thea?

Trace negó con la cabeza.

—Pondré en el informe oficial que tanto tú como Thea le habéis pedido que se marchase de la propiedad.

Sutton se ha negado a servirle en la panadería.

Si vuelve a personarse en alguno de esos sitios otra vez, tendremos motivos para pedir una orden de alejamiento.

Se lo enviaré por escrito a sus abogados para que no puedan alegar ante un juez que no han sido más que unos «malentendidos».

—Eso no basta.

Dudaba de que nada fuese a bastar hasta que Brendan Boseman hubiese dejado de respirar.

Trace me miró fijamente a los ojos.

—Tienes que andarte con cuidado. A este cabrón no le va a gustar que estés con Thea. Podría joderte de un millón de formas.

—Que lo intente —espeté entre dientes.

La preocupación le inundó el rostro a Trace.

—No seas idiota. Has de pensar con claridad.

Alguien abrió la puerta principal y Trace se giró para desviar la atención de mí.

—Tú, capullo. ¿Por dónde andas?

La voz de Cope se coló desde la entrada y Trace y yo intercambiamos una mirada, entre preocupados y confundidos.

—En la cocina, imbécil —respondió Trace.

Oímos unos fuertes pasos antes de que la gigantesca figura de Cope llenara el espacio. Nos sonrió.

—Coño, dos por uno. ¿Cómo estáis, idiotas?

Abrazó a Trace y le dio un par de palmaditas en la espalda. Luego, hizo lo propio conmigo.

Trace estudió a Cope con detenimiento.

—¿Qué haces aquí? Pensaba que habías decidido quedarte en Seattle.

Algo le atravesó el rostro a Cope tan deprisa que casi ni lo vi. Algo oscuro. Sin embargo, él dibujó aquella sonrisa tan típica suya para disimularlo.

—¿No puedo echar de menos a mi familia?

Trace y yo volvimos a mirarnos.

—Anda ya, iros a la mierda —se quejó Cope, dándome un empujón—. Necesitaba alejarme un tiempo de la ciudad. Descansar y relajarme un poco, vaya.

—Comprensible —convino Trace. No obstante, yo conocía bien a mi hermano mayor. Trace ahondaría en el tema en silencio hasta que descubriese qué le pasaba a Cope—. ¿Quieres una cerveza o algún refresco?

—Birra —respondió Cope antes de mirarme—. ¿Y tú por qué tienes esa cara de haberte tragado un limón?

Directo al grano, como siempre. Llevaba semanas sin hablar con Cope (a excepción de los mensajes de texto que nos enviábamos ocasionalmente por el chat de grupo que teníamos con mis hermanos), así que él no tenía ni idea de nada. Y yo no tenía ni idea de por dónde empezar.

Pero Trace lo hizo por mí.

—Shep se ha enamorado.

Cope hizo una mueca mientras aceptaba la cerveza y la levantaba hacia mí.

—Yo también tendría esa cara.

Lo fulminé con la mirada.

—No seas cabrón —lo reprendí.

—Es así de nacimiento... —musitó Trace.

Cope desdeñó ese comentario con la mano y me dijo:

—Cuéntame qué pasa, en serio.

Lo hice. Y, cuando terminé, Cope estaba casi igual de furioso que yo.

—¿Cómo narices pillamos al tío este? A lo mejor Kye conoce a alguien de...

—No —sentenció Trace con firmeza.

No lo culpaba. Cuando Kye, de adolescente, se metió en peleas clandestinas, casi lo pierde todo.

Trace suspiró.

—Vamos a ser inteligentes y vamos a trabajar juntos. Nos aseguraremos de que Thea siga estando a salvo.

Quería creer a mi hermano. Y sabía que, en lo que a la integridad física de Thea se refería, tenía razón. Pero yo había visto la devastación que podía infligirle Brendan con solo darle al teclado. ¿Cómo narices podía yo proteger a Thea de eso?