Escándalo en Hollywood 92. Sofía
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92. Sofía

Sofía

D entro de un taxi, inmovilizada en medio del tráfico, me arrepiento de no haber recurrido al transporte público. Con mi Cady aún en el «médico», podría haber cogido el metro, pero hoy he decidido reaccionar al dolor y al sufrimiento sacando toda la artillería.

Por dentro estaré hecha polvo, pero, cada vez que una superficie reflectante me devuelva mi reflejo, veré a una mujer de bandera.

Sí, lo necesito. Hoy nada de camisetas de activista, shorts deshilachados ni zapatillas deportivas.

Me he puesto ropa que me ha prestado Casey: unos tacones de infarto, un perfilador de ojos para matar con la mirada y dos capas de pintalabios. Un look como el mío merece ser exhibido por la calle mientras paro un taxi, y no bajo tierra, en un andén del metro.

Ha sido una mala elección, porque puede que esté deslumbrante, pero llego tarde.

Ya tengo tres llamadas perdidas de Oliver y mi teléfono vuelve a sonar, aunque esta vez es un número que no tengo fichado.

—¿Diga?

—Buenos días, soy Alan Dasselhoff, director del Departamento de Investigación del Post —responde la voz al otro lado del teléfono.

«¿Alan Dasselhoff me está llamando a mí?».

—Me parece que se ha equivocado de número.

—Estoy hablando con Sofía Cortez, ¿verdad?

—Sí, soy yo.

—Entonces he llamado al número correcto.

—Cuando dice «Post», ¿se está refiriendo al Washington Post ? —balbuceo sin salir de mi desconcierto.

—El único. No hay dos como él.

¡El Washington Post de Katharine Graham! Me va a dar un infarto.

—¿En qué puedo ayudarlo?

—De muchos modos, pero déjeme que empiece felicitándola. No seré el primero, pero espero que al menos sea el que le haga la mejor propuesta.

Entretanto, el teléfono me indica que Oliver trata de llamarme de nuevo.

—No lo sigo —le digo y me inclino hacia el taxista—: ¿No podríamos tomar otra ruta alternativa? Me da igual que sea más larga, con tal de que nos movamos.

—Está todo bloqueado, señorita.

—Sofía, ¿sigue al aparato? —inquiere Dasselhoff.

—Sí, por supuesto. Le preguntaba que por qué me felicitaba.

—La lista es larga: la investigación, la retirada de la candidatura de Johanna Mosley a las primarias, quien por cierto no goza de mis simpatías, y todos los reportajes que ha publicado en Insider .

Le he echado un vistazo a todo lo que ha escrito.

¿Por qué Hollywood y Alrededores la tiene postergada en la sección de cotilleos? No me lo explico.

—Es una larga historia, pero sigo sin entender de qué me habla. ¿Johanna Mosley se ha retirado de las primarias? ¿Cuándo?

—Sí, lo acaban de anunciar hace media hora —me confirma el taxista.

Me muestra su móvil abierto por las últimas noticias, y la más reciente, destacada en amarillo, es justamente la de la retirada de Johanna Mosley. El subtítulo especifica: «La candidata mujer financiada por la empresa que causa daño a las mujeres».

—Lo estoy viendo, pero no acabo de pillarlo. ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

Dasselhoff se echa a reír.

—¿Qué tiene que ver? ¡Le estoy hablando del vídeo que ha salido publicado en streaming en su blog! Está acaparando las portadas de todos los periódicos desde primera hora de la mañana, ¿es que no se ha enterado?

Las fuerzas me abandonan. No sé si el taxista ha subido el aire acondicionado, pero de pronto siento un frío glacial.

«¿Mi blog?».

¡No he subido nada ni he hecho streaming desde hace semanas!

Accedo al panel de control y veo que a las ocho se ha transmitido un vídeo en streaming con una oleada de oyentes conectados nunca vista. Muchísima gente ha guardado el vídeo, y los clics alcanzan casi los cuatro millones.

—¿Qué coñ…?

—¿Podemos hablar en otro momento? —le pido, con el pánico atenazándome la garganta.

—Antes de colgar, permítame que le exponga mi propuesta; no quiero que otros me la hayan birlado cuando volvamos a hablar.

—¿Birlarle qué?

—La quiero en mi equipo dirigiendo las investigaciones del Post . Política, Economía, Medioambiente, Salud, Derechos civiles… Elija lo que prefiera. Quiero que haga en nuestro periódico todo lo que hace en Insider .

—¿Me está ofreciendo trabajar en el Post ?

Estoy tan aturdida que no sé ni lo que digo.

—No debería comentárselo, pero no quiero que rechace mi propuesta o considere otras: usted decide cuánto quiere.

El portavoz del partido, el diputado Nathan Edgerton, ha dicho que hablará de la retirada de Mosley, pero solo lo hará con usted, y quisiéramos que esta fuera su primera entrevista para nosotros.

«¿Nate? ¿El primo de Hayden?».

—Lo llamo más tarde —balbuceo antes de colgar la llamada y dejarme caer en el asiento. No entiendo nada.

Con los dedos temblando pongo el vídeo —ya ha alcanzado los seis millones de visitas—, y lo primero que veo es que estamos en un despacho. A través de la ventana que aparece en la pantalla, distingo el obelisco del Washington Memorial, que resulta visible desde Capitol Hill.

¿Quién demonios está en Washington?

Observo más atentamente y reconozco el dibujo de una calavera en la parte inferior derecha de la pantalla: es el logo de Michelle.