54. Sofía
Sofía
P uede que me haya sobrevalorado a mí misma.
Desde abajo parecía muy fácil… Pero ahora solo deseo bajar de aquí, sobre todo por los silbidos del público
—Eh, consejera delegada —dice una voz por los altavoces. Es la de Hayden. Me giro hacia la consola del disc jockey que está en una esquina, y lo veo, micrófono en mano—. Baila para mí, consejera delegada.
Me mira como si yo fuera la única mujer sobre la faz de la tierra. Me mira como lo hacía ayer por la noche, cuando me dijo que le sigo gustando.
Coge una silla, sube de un solo salto los tres peldaños que ascienden desde la pista, la coloca en el escenario y después se sienta a mirarme.
Y ahora que he encontrado sus ojos, no pienso dejarlos escapar.