29. Hayden
Hayden
E n cuanto su cola de caballo desaparece tras la puerta del ascensor, cojo el móvil y busco el vídeo del incendio en Hollywood y Alrededores .
Lo avanzo hasta el momento del accidente, convencido de que lo suyo es una alucinación.
Estoy gritando «¡Sofía!» con toda claridad. No se equivocaba. No lo había soñado.
El vídeo sigue unos minutos más, pero lo rebobino para volver a escuchar el momento en cuestión.
No cabe la menor duda: grito «¡Sofía!» y a continuación la imagen se oscurece, cuando la arrojo al suelo y después la aplasto bajo mi cuerpo.
El móvil, atrapado entre mi pecho y el suyo, captura su respiración pesada y jadeante. Yo sentía su aliento en mi cuello.
Cojo las botellas de cerveza vacías y las tiro al cubo de la basura, procurando hacer el menor ruido posible para que el ruido del cristal no tape el jadeo de Sofía, que ya se está colando maliciosamente en mi imaginación.
Pongo los vasos en el fregadero, y al instante reconozco el suyo. Como en el del Sal Negra, el día que almorzamos, en este también hay una nítida huella de carmín rojo impresa por sus labios.
Tomo el vaso y me lo acerco para observarlo mejor. Su boca es pequeña y carnosa, y el calco de su labio inferior está veteado de finas líneas, con una más marcada en el centro. La insana idea de llevármelo a la boca me martillea, diabólica.
Antes se produjo un momento extraño, cuando nos despedíamos. Era como si ella no quisiera irse realmente.
El vídeo del incendio ha vuelto a reproducirse desde el principio, y escucho de nuevo mi «¡Sofía!», seguido de un silencio y de su respiración agitada.
«Llévatelo a la boca».
Me obligo a no ceder, apretando el vaso entre mis dedos con tanta fuerza que podría hacerlo trizas.
Un pinchazo en la boca del estómago y un principio de erección presionando la ingle están a punto de tomar el control.
Solo una vez. Lo juro. Solo una.
Inclino el vaso hasta que el frío del cristal, en el punto exacto donde Sofía ha bebido, me roza los labios y…
El vídeo se interrumpe y el suave murmullo de su respiración es sustituido por el sonido punzante del timbre del móvil.
Ashley. Otra vez.
Vuelvo a dejar el vaso en el fregadero y respondo:
—Cariño, ¿aún estás despierta?