25. Hayden
Hayden
—¡H as logrado una cantidad bestial de clics! —exclama Corey por teléfono.
—Como siempre —le respondo, fingiendo que no estoy sorprendido. En realidad, sí lo estoy.
—¿Cómo narices consigues hacerte con unas declaraciones como estas en exclusiva? ¿Y en directo desde la cama del hospital?
—Puedo ser muy persuasivo.
Y esta vez no ha sido la excepción.
—¡Vamos allá!
En la pantalla aparece el vídeo de la entrevista que le he hecho a Casey. En veinticuatro horas mi contenido se ha propagado por todas las redes del planeta.
Mi vanidad me obliga a visionar la entrevista una vez más, como si yo no fuera el artífice.
Casey Jameson aparece en el centro de la pantalla, sentada en la cama, pero encuadrada de cintura para arriba; Mark, sentado a su izquierda, le toma la mano, y yo, a la derecha, le paso un pequeño micrófono. Su representante se encarga de grabarnos con mi móvil.
—Nadie se esperaba encontrar , entre los supervivientes de un hotel de la periferia incendiado , a una celebridad de tu magnitud. Todos y todas se preguntan cómo es posible.
—Me tomo muy en serio la construcción de los personajes que me asignan, y para La superviviente , película basada en las novelas de Riley Moore, y de la cual seré la protagonista, necesitaba meterme en la piel de una mujer que fue madre siendo aún joven , y que acaba de salir de la cárcel tras veinte años de reclusión, dispuesta a empezar de cero.
Llevo al menos veinte años frecuentando exclusivamente hoteles de cinco estrellas, donde dispongo de un servicio doméstico que satisface todas mis necesidades día y noche.
—Hace una pausa y sacude la cabeza, como si se estuviera reprochando a sí misma un mal hábito adquirido—.
Quería tomarme un par de días para estar sola en un clásico hotel para turistas, donde habría pernoctado mi protagonista, con la máquina del hielo en el pasillo, las máquinas expendedoras de tentempiés en el vestíbulo , su ducha con la cortina de plástico, sin ningún botones que me llevase las maletas a la habitación.
Necesitaba hacerme de nuevo con aquella gestualidad que, por desgracia, había perdido .
—¿Y cómo se te ocurrió elegir el Livingston Inn? —le pregunto.
—Me basé en los comentarios que encontré en Google .
Como haría cualquiera, supongo. Quería un hotel que estuviera fuera de Los Ángeles, que no acostumbrara a albergar a celebridades, sino a familias trabajadoras, turistas, personas con un presupuesto ajustado, pero que, aun así, buscasen un alojamiento digno…
Visto en retrospectiva, tal vez tendría que haber sido más cuidadosa a la hora de elegir, aunque nadie podía predecir la tragedia que se produjo.
—Así pues, ¿todos los rumores sobre una posible crisis entre Mark y tú son infundados? ¿No hubo ninguna «fuga» de incógnito? —le pregunto, planteándole directamente la principal incógnita.
—Nada más alejado de la realidad. Sin duda, en este momento él cuestiona seriamente la «técnica» que elegí para entrar en el personaje… —Mira a su marido, y este carraspea.
—Yo estaba en contra, pero no creo que la frase « T e lo advertí» sea la más apropiada en este momento. No pretendo tener la razón, y a menudo Casey y yo discutimos por nimiedades propias de la vida cotidiana. Puede que a partir de hoy sea menos testarudo.
—¿ Tienes algo que añadir, Casey?
—Creo que ahora ya podemos mostrarlo, puesto que se trata de algo irreversible. ¿Qué sentido tendría posponerlo?
Tras el gesto de asentimiento de Casey, el plano se abre y la mitad inferior de su cuerpo entra en el vídeo.
—He perdido una pierna. La viga que me cayó encima me la aplastó, y además sufrí graves quemaduras. Los médicos consideraron que la mejor opción era amputarla.
La captura de pantalla de esta imagen ha sido portada en todos los periódicos.
—¿Cómo te encuentras, Casey?
—Aún estoy en estado de shock. Creo que voy a necesitar muchas más horas de terapia de las que he recibido en toda mi vida, y estoy asustada, porque no tengo ni idea de hasta qué punto cambiará mi vida a partir de ahora. Desconozco cuál será la nueva normalidad a la que tendré que acostumbrarme.
—¿Qué sensaciones tienes con respecto a tu carrera?
—Por ahora hay un gran interrogante, y, si dijera que no tengo miedo, estaría mintiendo. Soy buena actriz, pero no tanto. La verdad es que estoy cagada.
Aquí interviene Mark.
—Casey siempre ha estado muy comprometida con la lucha por la inclusión, y con que todos los grupos sociales estén representados en el mundo del cine. En cuanto recupere las fuerzas, su determinación la llevará a romper otros techos de cristal.
Ella asiente.
—Me gustaría convertirme en portavoz de todas las personas con discapacidad que luchan por conquistar su lugar frente a una cámara, y demostrar que la falta de una extremidad no limita mis habilidades interpretativas. Al contrario, espero que me aporte una nueva conciencia…
Apago la televisión, sin acabar de ver el resto de la entrevista, que prosigue con más preguntas relacionadas con el tema.
Es justamente la clase de exclusiva que necesitaba antes de poner en pausa mi página web y emprender la gira europea.
Me han llamado carroñero, pero lo cierto es que Casey Jameson tenía derecho a contar su accidente con su propia voz, antes que otro lo hiciera en su lugar.
Estoy contento de haberle sido de utilidad.
De hecho, hoy he suprimido todos los banners publicitarios de los patrocinadores, con el fin de que nadie ganara visibilidad y encima monetizara la entrevista.
Es una cláusula que va incluida en los contratos que suscribo con las distintas empresas, y hoy la he ejercido.
—¿Tienes preparado el pasaporte? —me pregunta Corey, que aún sigue al teléfono—. ¿El equipaje? Recuerda que en Europa los enchufes son distintos.
—Aún falta más de una semana —le recuerdo.
—Pues yo pienso recordártelo cada puñetero día. ¿Le has comentado a Madison lo de la gira?
—Sí.
—¿Cómo se lo ha tomado?
—Con indiferencia, pero ya la conoces.
—¿Y a Ashley, también se lo has dicho? Dime… ¿Cómo se lo ha tomado?
Qué pesado…
—También se lo he dicho a ella. No se lo ha tomado bien, ya la conoces.
Ding-dong.
—Es el interfono. Adiós, Corey.
—¡Hayden! Empieza a hacer las male…
Abro la puerta de casa y me quedo pasmado.
—¡¿Tú otra vez?!