21. Hayden
Hayden
M i contacto me ha confirmado que a Casey le han retirado la sedación, y esta mañana se ha despertado. Aún no he subido ninguna noticia a mi sitio, porque tengo una idea, y quiero proponérsela a ella y a su entorno.
—Una exclusiva en directo —le digo a Eve Prescott, que controla el ala del hospital donde está ingresada Casey.
—¿Qué?
—La gente no se fía de vuestros comunicados de prensa, porque dijisteis que estaba en buenas condiciones cuando no era cierto.
Cualquier anuncio que provenga de vuestros canales directos no hará sino alimentar las especulaciones que ya están circulando: ¿estaba huyendo de su marido?
¿Iba a encontrarse con un amante secreto?
La credibilidad de la pareja de oro de Hollywood está colgando de un hilo, y tú lo sabes.
Ella sacude la cabeza y resopla.
—Ninguna de esas opciones se corresponde con la verdad, Hayden.
—Sabes mejor que yo que la verdad no existe. Las personas creen en aquello que quieren creer.
—¿Y tú qué quieres?
—A mí me importa una mierda el motivo real de que Casey estuviera sola en el Livingston Inn, pero puedo brindaros la oportunidad de construir vuestra verdad a través de mi canal, que en estos momentos cuenta con más credibilidad que los vuestros —le propongo—. Me parece un buen apoyo, ¿no?
Eve me mira como si quisiera leerme el pensamiento.
—Debo consultárselo a ella. Dame diez minutos. Espera aquí.
Me siento en una butaca de la sala de espera de la Unidad de Quemados del West Hill Hospital, moviendo entre mis manos el ramo de flores que he llevado por mera cortesía. Desde el fondo del corredor me llega un vocerío creciente, impropio de un recinto hospitalario.
Me levanto para averiguar la causa de semejante alboroto, y no doy crédito a lo que ven mis ojos.
En el mostrador de ingresos está Sofía Cortez.