Capítulo 32 #3
—Pues supones mal, porque, si él no sabe que existo y tiene alguna percepción sobre mí, que lo dudo porque me habría dado cuenta, lo achacará a su imaginación, al estrés o a lo que se le ocurra. Pero no va a pensar ni en cien años que tiene una doble personalidad.
—Supongo que tienes razón —convino Gabriel, aunque no estaba de acuerdo, puesto que no tenían una forma objetiva de saberlo y poder corroborarlo.
—¿Tienes alguna debilidad? —preguntó Álex, cambiando el hilo de la conversación de forma inesperada.
—¿A qué te refieres? —Gabriel se quedó sorprendido ante el atrevimiento del que decía ser su padre cuando aún ni se conocían.
—Bueno, como hijo mío que eres y dado que llevas la marca de la casa —señaló el pómulo izquierdo de Gabriel para indicar que evidentemente se refería a la mancha de su rostro—. Es más que probable que sientas necesidades —se aventuró a decir.
—Todo el mundo tiene necesidades, es algo natural, supongo.
—Todo el mundo, ja. Nosotros no somos como todo el mundo; supongo que ya te habrás dado cuenta y, si no lo has hecho ya, pronto lo harás —sentenció de forma elocuente—.
El mundo de las personas es como un rebaño de ovejas, donde hay un pastor, perros ganaderos y ¡lobos!
La mayor parte de la gente pertenece al grupo de las ovejas tontas y bobaliconas, unos pocos hacen de pastores para su propio beneficio y otros pocos son los perros pastores; ya sabes a quiénes me refiero —señaló a la policía sin querer mencionarla expresamente—.
Y luego están los lobos, que están por encima del sistema y por encima de todos los demás.
Los lobos tienen sus propias reglas y esos, Gabriel, somos nosotros.
Gabriel se quedó impasible mirando a aquellos ojos que le escrutaban, fríos, fijos y que parecían carecer de alma e incluso de algún sentimiento.
—¿Y bien? —insistió Álex impaciente.
—Supongo que tienes razón —convino Gabriel, carente de toda emoción, lo que pareció agradar a Álex.
—¡Ese es mi chico! Ya iremos avanzando poco a poco y nos iremos viendo. Yo te buscaré, tú me buscarás y, si todo va bien, puede que te enseñe el negocio familiar.
—¿Es un buen negocio? —se interesó Gabriel sin variar ni un ápice su semblante.
—Uno cojonudo, pero que yo tendré que dejar dentro de no mucho, me temo.
—Yo te veo bien —señaló Gabriel, echándole un vistazo a su cuerpo de arriba abajo de forma evidente.
—Ya lo entenderás.
—Yo también tengo un negocio y tampoco me va mal — comentó Gabriel dándose algo de importancia.
—Eso es bueno. ¿De qué va?
—Bueno, ya sabes, es en internet —sonrió Gabriel.
—¡No me jodas!
—No hace falta que te diga que con nuestro complicado modo de vida otro tipo de negocio sería difícil de sobrellevar.
—Sí, sí, ya sé a qué te refieres —gruñó Álex—. Pero si es una de esas tiendas online, tendrás que cumplir con los plazos de entrega y todo eso —supuso, arrugando la frente.
—Sí, pero mis plazos son holgados. Es como un servicio más que un producto y mis clientes no suelen tener mucha prisa.
Además, les gusta permanecer en el anonimato, por lo que no hay riesgo de malas reseñas y esas mierdas —terminó, imitando el estilo de lenguaje de su padre para tratar de empatizar con él.
Álex se le quedó mirando mientras su agudo cerebro analizaba lo que le acababa de contar.
—Me parece que te estás refiriendo a la Deep Web, ¿me equivoco? —preguntó con seriedad.
—Muy agudo —se sorprendió Gabriel—. Aunque el término correcto sería Darknet.
—No te me pongas puntilloso —se molestó Álex—. Deep Web o Darknet, me has entendido de sobra.
—Sí, pero me gustaría que entiendas la diferencia, porque la mayoría de la gente las confunde.
La Deep Web es, en realidad, el 90 % de internet.
Es decir, todo lo que no es accesible directamente desde un buscador como Google o Yahoo, pero que es necesario para el funcionamiento de internet tal y como lo conocemos —se fue explicando Gabriel mientras observaba cómo Álex no perdía detalle—.
Por ejemplo, bases de datos, páginas no indexadas a las que se llega después de pulsar sobre un botón, archivos protegidos, imágenes y un largo etcétera.
En cambio, la Darknet o Dark Web, que es a lo que tú te referías, ocupa apenas el 0,1 % y no es accesible de forma convencional.
Se necesita un navegador diferente y todo está más encriptado y codificado.
—Porque es contenido ilegal —observó Álex.
Gabriel se encogió de hombros para dar a entender que ni lo admitía ni lo negaba.
—Al parecer controlas mucho sobre el asunto.
—Le he dedicado tiempo, si te digo la verdad.
—Me tendrás que explicar más sobre ese mundillo en otra ocasión; puede que me interese para mi negocio.
—Entiendo —concluyó Gabriel sin atreverse a preguntar detalles.
—Sintiéndolo mucho, ahora me tengo que ir. Hay asuntos que requieren mi urgente atención —dijo, levantándose mientras miraba su reloj, dando a entender que la reunión había terminado y que algo requería su atención.
Así fue como Gabriel creyó conocer a su padre.