Errores del destino Capítulo 24 #3
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Capítulo 24 #3

—Si los porcentajes son similares, no habremos encontrado nada. Si existen diferencias sustanciales, tendremos que averiguar si se deben al tipo de casos, a las guardias o a algún procedimiento distinto —respondió para evitar explicar el verdadero origen de su interés.

—¿Cree que pueden estar trabajando de forma diferente?

—No deberían existir diferencias esenciales, pero no podemos asumir que cuatro pares de manos actúan siempre del mismo modo. Hay que revisar cada variable con cuidado, porque están en juego las vidas de muchos bebés.

Durante la hora y media siguiente avanzaron a buen ritmo. Conchi extraía los datos de las carpetas y los cantaba en voz alta mientras Carlos los introducía en un fichero del ordenador.

—Voy a llamar a Marisol para que vayan cenando —dijo mientras echaba un vistazo a la pantalla de fósforo naranja, ya repleta de registros.

Conchi asintió y continuó con la tarea para no perder tiempo. Cinco minutos después, Carlos regresó al trabajo.

—¿Preparas un par de cafés?

—Por supuesto —respondió la secretaria mientras se levantaba del suelo enmoquetado, contenta de poder satisfacer también su propia necesidad de cafeína.

A las doce de la noche, la pila de carpetas pendientes se había reducido mucho, pero todavía se alzaba un montón considerable sobre el suelo.

—Vamos a dejarlo aquí. Es tardísimo y mañana tenemos que volver a nuestra hora. Seguiremos entonces —decidió Carlos.

—¿Cómo va la cosa? —se interesó Conchi, que había pasado horas dictándole los resultados para que él los registrase.

—Son datos provisionales, pero el patrón se repite en todos los años que hemos podido revisar —contestó el médico—. En mis partos, la mortalidad neonatal registrada se mantiene alrededor del 0,3 %. Entre los dos residentes oscila entre el 0,8 y el 1,4 %, según el año y el tipo de ingreso.

—¿Y Francisco?

—El 4,7 %. Cuarenta y siete muertes por cada mil nacidos vivos.

—Sigue siendo muchísimo.

—Lo es, pero no tanto como para delatar por sí solo una trama. Los expedientes reparten las muertes entre prematuridad, malformaciones, derivaciones y complicaciones del parto. El problema es que la diferencia se mantiene año tras año y casi quintuplica la de pacientes comparables.

—¿Cómo es posible? El doctor De Palacios es una referencia en el sector.

—Precisamente por eso sé que esos resultados no pueden reflejar lo que realmente ocurrió. O los registros han sido falseados o aquí hay algo muy grave que todavía no comprendemos.

—¿Se lo va a decir? —preguntó ella, refiriéndose a Francisco.

—Debo hacerlo, sí. No sé cómo voy a planteárselo, pero tengo que hacerlo. Te ruego que no hables de esto con nadie. Si no existe una explicación legítima, tendré que informar a la policía — advirtió.

—¿Lo va a denunciar? —preguntó Conchi, sorprendida.

—Estas cifras están demasiado alejadas de cualquier resultado razonable para atribuirlas al azar.

Primero terminaré la revisión y hablaré con él para que me dé su versión.

Puede que haya una variable que no hayamos tenido en cuenta y que lo explique —dijo sin ninguna convicción—.

Si no es así, tendré que acudir a las autoridades.

—¿Está insinuando que matan a los bebés a propósito? — preguntó con aparente ingenuidad.

—No, Conchi, no. Sé que Kiko no sería capaz de algo así. Pero alguien podría estar declarando muertos a niños que nacieron vivos. Sospecho que podemos encontrarnos ante adopciones ilegales o incluso ante un caso de tráfico de bebés.

—¿Existe algo así? —inquirió con el entrecejo fruncido.

Carlos asintió con gravedad.

—Vámonos a casa. Tengo mucho en lo que pensar y recuerda que no puedes hablar de esto con nadie.

—No lo haré, no se preocupe. De aquí me voy directamente a la cama, aunque dudo que pueda dormir.

Carlos se volvió hacia el ordenador con intención de guardar los últimos registros y apagar el equipo cuando cayó en la cuenta de que había una variable que todavía no había filtrado. Recorrió con rapidez las columnas de la pantalla hasta convencerse de lo que estaba viendo.

—Mira los partos gemelares —dijo Carlos.

—¿Qué ocurre con ellos?

—De los trece atribuidos al equipo de Kiko, en once figura muerto exactamente uno de los recién nacidos. En uno sobrevivieron ambos y en otro constan dos fallecimientos.

—¿Y los tuyos?

—No muestran un resultado perfecto, sino una distribución normal: supervivencias dobles, un fallecimiento aislado y ninguna repetición mecánica. Lo alarmante no es una regla absoluta; es que once de trece expedientes repitan el mismo desenlace.

—¡Dios mío! ¿Qué piensa hacer?

—No voy a presentarle una sospecha incompleta. Terminaré la revisión y, cuando tenga todos los datos, hablaré con Kiko. Puede que haya otra explicación, pero cada vez me cuesta más imaginar cuál podría ser.

Conchi no respondió. Se despidió con educación y salió del despacho sin volver la vista atrás.

Antes de apagar el ordenador, Carlos copió el fichero provisional en dos disquetes. Guardó uno dentro de su cartera. El otro lo escondió detrás del marco de la fotografía familiar de su despacho. No sabía de quién debía proteger los datos; solo sabía que no quería conservarlo todo en un solo lugar.

* * *

Carlos regresó a casa junto a su familia sabiendo que aquella noche no conseguiría dormir.