Capítulo 17 #2
—Lo único es que aquí me sentiré muy solo. ¿Quieres cambiar de trabajo? —bromeé, como si pudiera permitirme aquel gasto fijo, mientras soñaba con poseerla en una de esas escenas fetiche entre jefe y secretaria.
—Me gusta lo que hago y soy muy cara —replicó sonriendo y resaltando las dos últimas palabras.
—Lo suponía. ¿Quizás una cena para celebrarlo?
—Cuando estés instalado, tal vez te haga una visita — respondió con picardía, sin aceptar, pero dejando abierta la posibilidad de un futuro encuentro. Aquello me hizo desearla aún más.
Me trasladé esa misma semana, tras cancelar mis anteriores alquileres.
Invertí buena parte de mis ahorros en dejar la zona de negocio perfectamente amueblada y decorada.
Quería que mis futuros clientes percibieran que se encontraban en una empresa profesional y respetable.
A la vivienda llevé mis antiguas pertenencias, con la intención de ir renovándolas poco a poco a medida que el negocio creciera.
Fueron un par de años duros, durante los cuales pasé ciertas penurias, pero los clientes fueron llegando poco a poco y el boca a boca comenzó a funcionar.
El tercer año terminó de forma muy positiva y, a partir del cuarto, las cosas empezaron a ir sobre ruedas.
Trabajaba solo y me ocupaba de todas las labores administrativas.
Eso funcionó bien durante un tiempo, hasta que la situación se volvió insostenible.
Opté entonces por contratar a Bea como secretaria a media jornada.
La instruí para que, además de atender llamadas y recibir a los clientes, se encargara de algunas tareas más.
Su incorporación supuso un gran cambio, pero yo seguía realizando todas las investigaciones, por lo que el segundo despacho permaneció cerrado durante unos cuantos años.
No fueron pocos los currículos que recibí de personas que solicitaban trabajo como detectives y, por lo general, pertenecían a hombres, lo que no me motivaba en absoluto.
Primero, porque realmente no necesitaba contratar a nadie; y segundo, porque tenía claro que, cuando llegara el momento, la segunda detective debía ser una mujer.
De ese modo abarcaríamos mejor todo el espectro de clientes.
Además, siempre he pensado que las mujeres son mejores que los hombres a la hora de fijarse en los detalles, una cualidad muy importante en esta profesión.
Las solicitudes de trabajo llegaban tanto por correo electrónico como por correo ordinario a la oficina.
Algunos incluso se aventuraban a llamar por teléfono para solicitar una entrevista, pero yo me limitaba a darles largas.
Durante años fui guardando con cierta pereza algunos de aquellos currículos, aunque con la certeza de que nunca llamaría a sus remitentes.
Sin embargo, la carga de trabajo continuó aumentando y la demanda de mis servicios acabó superando lo que podía atender, por muchas horas que dedicara al negocio.
Imagino que usted conocerá a los detectives privados por los típicos casos de infidelidad, un clásico en nuestro sector.
Pero seguramente no sabrá que hacemos otras muchas cosas, como investigar supuestas bajas laborales, algo que se mantiene entre los servicios más demandados.
También trabajamos como clientes misteriosos para marcas y establecimientos con el fin de comprobar cómo atienden a sus clientes, por ejemplo.
En ocasiones, las multinacionales nos solicitan que investiguemos posibles infracciones de marca, casos de competencia desleal, ventas de productos sin derechos de representación y todo lo relacionado con esas prácticas.
También es frecuente que investiguemos situaciones que pueden afectar a las pensiones de alimentos que unos progenitores abonan para sus hijos; por ejemplo, para comprobar si han cambiado de forma relevante las circunstancias familiares o económicas de los beneficiarios.
Asimismo, comprobamos casos de rentas antiguas en los que el inquilino original puede incluso haber fallecido y alguno de sus hijos continúa beneficiándose de una renta desfasada.
En definitiva, debe saber que hacemos casi de todo por nuestros clientes.
Así pasó el tiempo y así estaban las cosas hasta que un día empecé a barajar la posibilidad de contratar a una detective.
Sin embargo, quería hacer las cosas bien y comprobar que la contratación me reportaría más beneficios y, por qué no, algo más de tiempo libre.
Antes de publicar una oferta, le pedí a Bea que confeccionara una hoja de cálculo con todos los costes y las posibles entradas y salidas, aplicando una previsión conservadora al margen de beneficio.
La eficiente Bea me entregó el resultado de la hoja un par de horas más tarde.
A grandes rasgos, si el sector mantenía la tendencia reflejada en la facturación de los últimos años, contratar a otra detective me proporcionaría ingresos adicionales y me permitiría tomarme vacaciones.
Estaba decidido: al día siguiente publicaríamos la oferta en un par de portales.
Pero no hizo falta. Providencialmente, a la mañana siguiente, cuando regresé de tomar café en el bar de enfrente, encontré un sobre blanco y sin sello en mi buzón particular, no en el de la empresa.
Debo aclarar que ambos buzones estaban claramente separados en el casillero y que en la etiqueta del mío solo figuraban el piso y la letra de la puerta.
Abrí el sobre ya en el ascensor y, claro, resultó ser una solicitud de trabajo de una detective recién titulada. A grandes rasgos, la misiva decía así:
Estimado Eduardo: