Errores del destino Capítulo 6
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Capítulo 6

Eduardo

Mi cliente recibió la llamada con bastante peor humor del que yo estaba dispuesto a soportar.

Le expliqué que había seguido a su exmujer hasta un piso de citas de lujo, pero que aún no disponía de una prueba concluyente sobre la actividad que desarrollaba allí.

Omití que, después de señalarla entre todas las mujeres del salón, me habían dejado esperando una hora en una suite y que había terminado acostándome con otra.

No se lo habría creído y, además, aquella parte no guardaba ninguna relación con el servicio que me había encargado.

El hombre quería resultados inmediatos. No le bastaba con saber dónde iba Alicia ni con que yo pudiese ratificar en un juicio lo que había visto.

Pretendía utilizar la investigación para solicitar la retirada de la custodia y dejar de pagarle la pensión compensatoria.

Yo dudaba mucho de que el trabajo de su exmujer bastase para conseguir lo primero, pero los tribunales son uno de esos lugares donde se sabe cómo se entra y nunca con absoluta certeza cómo se sale.

Por mí, habría renunciado al caso. Mi cliente no me caía bien y cada conversación confirmaba que era un auténtico cabrón.

Sin embargo, se trataba de un empresario importante, con demasiados contactos y una capacidad considerable para perjudicar mi reputación.

En mi trabajo, el boca a boca podía conseguir más clientes que cualquier campaña de publicidad y también podía ahuyentarlos.

Le prometí que obtendría pruebas más sólidas y lo despaché con la excusa de que tenía que preparar el siguiente dispositivo.

Después llamé por vídeo a Carla. No había sonado ni dos veces cuando su cara apareció en la pantalla.

Desde que trabajaba para mí, siempre contestaba con la misma rapidez.

Era eficiente, resolutiva y estaba dispuesta a casi todo.

Además, era una belleza, aunque procuraba no recordármelo cuando teníamos trabajo pendiente.

—Vamos, desembucha. Te has acostado con ella, ¿verdad?

La pregunta no me sorprendió, pero guardé unos segundos de silencio para fingir que me había ofendido.

—¿Por quién me tomas? ¿Cómo iba a acostarme con la investigada?

—Se me ocurren varios motivos. Es guapísima, es exactamente tu tipo, la situación te da morbo y, por último, aunque no menos importante, eres un guarro.

Terminó la enumeración con aquella risita suya que mezclaba diversión y acusación a partes iguales.

—Tienes un concepto de mí un poco exagerado. Y, para tu información, no me he acostado con ella.

No era mentira. Con Alicia no había sucedido nada.

—Entonces ha pasado algo raro.

—Muy raro.

—¿Vas a contármelo?

—Mañana, si te portas bien. Ahora vamos a lo importante. Se prostituye en un piso de lujo.

Carla alzó las cejas y se recostó en la silla.

—Vaya con la señora. Entonces, ¿caso cerrado?

—Qué va. La vi allí, vestida como las demás, y el encargado me confirmó que presta servicios externos bajo el nombre de Amalia.

Pero no tengo imágenes de ella conmigo, ninguna oferta directa ni una transacción que podamos documentar.

Puedo incluir lo que observé en el informe y ratificarlo, pero para lo que pretende ese cabrón no será suficiente.

—¿De verdad crees que podrían quitarle la custodia por eso?

La pregunta no era profesional. Carla ya se había puesto del lado de la mujer.

—Sinceramente, no. Al menos no solo por eso. Pero no pienso hacer pronósticos sobre una vista de familia sin conocer el resto del expediente.

—¿Y qué propones?

—Holiday Inn Express.

Era uno de los hoteles que utilizábamos con más frecuencia cuando necesitábamos dos habitaciones contiguas y cierta discreción.

—Es decir, que vas a intentar acostarte con ella otra vez.

—¿Otra vez? Ya te he dicho que no me he acostado con Alicia.

—Has elegido muy bien las palabras, jefe.

—Estás enferma. La llamaré y concertaré un servicio en el hotel. Pondremos cámaras en la habitación, pero solo necesitamos grabar la oferta, el precio y el inicio del encuentro. Cuando tengamos suficiente, me llamas desde el cuarto de al lado y fingimos una urgencia que me obligue a marcharme.

—Un plan perfecto para un hombre con tu enorme capacidad de sacrificio.

—No es nada del otro mundo. Fácil, rápido y efectivo.

—Y legalísimo.

—No empieces.

Carla negó con la cabeza, aunque conocía de sobra mis métodos y sabía que discutir por videollamada no cambiaría nada.

—¿Algo más?

—Ve redactando el informe con lo que tenemos y deja preparado el apartado del hotel. El asunto está casi terminado. Y nos ha entrado otro encargo que puede ser interesante. Mañana lo vemos en la oficina.

—¿Interesante para los dos o interesante para ti?

—Todavía no lo sé. Cuando termines con el informe, puedes dedicarte a lo que quiera que hagas cuando no te mando nada.

—A la orden.

Hizo un saludo militar y terminó la comunicación antes de que pudiera despedirme.

Me quedé mirando el contenido del sobre marrón, extendido sobre mi escritorio. Había tres recortes de periódico, varias fotografías y dos llaves. Por empezar por algún sitio, tomé el recorte más antiguo.

No era una fotocopia ni una impresión posterior.

Se trataba de una pieza original, recortada con cuidado y conservada entre dos láminas transparentes.

El papel había amarilleado, pero la tinta continuaba nítida.

Quien lo guardó había entendido desde el primer momento que aquella noticia podía llegar a ser importante.

El Correo Español-El Pueblo Vasco

2 de septiembre de 1983

Las inundaciones dejan 34 víctimas mortales en Euskadi

Nada se sabe aún del bebé aparecido muerto en la playa de Arrigunaga. Ninguna familia ha denunciado su desaparición. El caso continúa siendo un misterio.

Hallan el cuerpo de un bebé sin ojos en la playa de Arrigunaga

El cadáver de un bebé varón al que le faltaban los globos oculares y buena parte de las vísceras fue encontrado el pasado miércoles en la playa de Arrigunaga, en Guecho. El hallazgo lo realizó un joven que paseaba por la zona con su perro.

El cuerpo, en un incipiente estado de descomposición, se encontraba entre los escombros y desperdicios arrastrados hasta la costa por las recientes inundaciones.

Las autoridades no descartan que el pequeño fuese abandonado poco después de nacer y arrojado al mar desde algún punto todavía por determinar.

Los restos han sido trasladados a las dependencias forenses de Bilbao, donde se practicará la autopsia.

Fuentes policiales consultadas por este periódico señalan que la pérdida de los órganos podría deberse a la acción de animales marinos, aunque esta hipótesis deberá ser confirmada o descartada por los médicos forenses.

Ninguna familia ha denunciado hasta el momento la desaparición de un recién nacido cuyas características coincidan con las del cuerpo.

La Guardia Civil solicita la colaboración de cualquier persona que pueda aportar información sobre una mujer que hubiera dado a luz recientemente o sobre movimientos extraños observados en la costa durante los últimos días.

Leí la noticia dos veces. En la segunda me detuve en las fechas.

El cuerpo había aparecido el miércoles 31 de agosto, cinco días después de las inundaciones que habían devastado Bilbao y buena parte de Vizcaya.

La cifra de treinta y cuatro fallecidos se refería solo a Euskadi.

El desastre explicaba la cantidad de restos acumulados en la costa y también ofrecía un escondite perfecto: durante aquellos días, nadie habría reparado en una bolsa, una caja o cualquier otro objeto arrastrado por el agua.

—Joder —murmuré—. Esto sí que empieza bien.

Busqué en internet varias combinaciones: «bebé Arrigunaga 1983», «recién nacido sin ojos Guecho» y las fechas exactas del hallazgo y de la publicación.

Encontré abundante información sobre las inundaciones, casi toda procedente de aniversarios y reportajes retrospectivos, pero ninguna referencia al bebé.

Aquello no demostraba una conspiración. En 1983 no existían ediciones digitales y una noticia local podía quedar sepultada para siempre en papel si nadie la recuperaba después.

Entré en la hemeroteca del diario con la esperanza de consultar el ejemplar completo, pero el archivo digital disponible arrancaba en enero de 2006.

Anoté en mi cuaderno que tendría que solicitar la edición del 2 de septiembre de 1983 a la hemeroteca física o a alguna biblioteca que conservase el periódico en papel o microfilm.

No me bastaba con el recorte enviado por un cliente que se negaba a identificarse.

Necesitaba comprobar la página, la edición y, si aparecía, la firma del periodista.

La investigación a la antigua era lenta, tediosa y cara. Gabriel tendría que pagarlo.

Dejé a un lado el primer artículo y tomé el segundo. También era original, aunque en este caso pertenecía a la edición nacional de El País .

El País

15 de septiembre de 1983

Continúa sin noticias la búsqueda de Marta Del Pozo, hija de un conocido industrial madrileño

La Guardia Civil continúa buscando a Marta Del Pozo Arriaga, de 27 años, desaparecida el pasado 27 de agosto después de visitar a unas amigas en Madrid.

La joven se encontraba en la última etapa de su embarazo. Los investigadores mantienen abiertas todas las hipótesis y tratan de determinar si abandonó la capital por voluntad propia o si fue víctima de la acción de terceras personas.

Su padre, el empresario José Antonio Del Pozo Granados, ha ofrecido una recompensa por cualquier información comprobable que permita localizarla. La familia ha declinado hacer declaraciones y ha

manifestado, a través de un portavoz, que confía plenamente en la actuación de las fuerzas de seguridad.

La búsqueda se ha extendido fuera de Madrid. Hasta el momento no se ha recibido ninguna petición de rescate, circunstancia que resta fuerza a la hipótesis de un secuestro cometido con el propósito de extorsionar a la familia.

Coloqué los dos artículos uno junto al otro.