Error prohibido (Errores en Manhattan nº 2) Capítulo 21 #2
97%

Capítulo 21 #2

Desciendo con besos por su pecho y me entretengo en el encaje de su sujetador negro.

Juego con mi lengua humedeciendo sus pezones y disfruto al ver cómo se ponen erectos.

Los vuelvo a besar y me deshago hábilmente del sujetador que los aprisiona, mientras Amara se deja llevar.

Sigo descendiendo por sus curvas, recorriendo cada recoveco con una calma que me vuelve completamente adicto a esta mujer.

Cuando por fin me quito el resto de la ropa, hago lo mismo con sus braguitas y vuelvo a tenerla entre mis brazos, ya no queda espacio entre nosotros, ni ropa, ni distancia, ni ninguna mentira.

Me coloco entre sus piernas y beso la cara interna de sus muslos poco a poco.

Después recorro sus ingles con besos húmedos, algo que enloquece a Amara por cómo se agita su respiración y sus pezones se vuelven a poner duros.

Beso sus pliegues húmedos y encuentro la cabeza de su clítoris expuesto y ansioso de mi lengua.

Lo lamo con delicadeza primero, para después succionarlo y devorarlo con mi boca, mientras pierdo un par de dedos dentro de ella.

Amara hunde sus uñas en mi pelo, mientras yo la degusto con ansia, hasta que estalla de placer entre mis labios.

En los últimos estertores de placer, me hundo dentro de su sexo hambriento y ella abre los ojos al notar la decisión con la que la he acometido.

La forma en que me recibe me arranca una exhalación completamente rota.

Su cuerpo se arquea bajo el mío y mis manos recorren su cintura mientras me muevo despacio, sin apartar la vista de su cara, de sus labios y de cómo me mira.

Amara me rodea la cintura con las piernas y me atrae más hacia ella.

—Te quiero —musita.

Esas dos palabras me impactan con tanta fuerza, que durante un segundo dejo de moverme y la miro.

—Joder...

—No pongas esa cara —me dice entre jadeos y subiendo una mano hasta mi cara.

Mi garganta se cierra apenas un instante, pero después vuelvo a moverme.

—Yo también te quiero —le respondo sin dejar de mirarla a los ojos.

Cuando los dos nos rompemos al mismo tiempo, abrazados, respirando el uno contra el otro y con Manhattan extendiéndose detrás del cristal.

.. entiendo por fin algo que llevaba demasiados años evitando: nunca he tenido miedo a perder el control, lo que me aterraba de verdad.

.. era encontrar a alguien por quien mereciera la pena perderlo todo.

Durante varios minutos me quedo tumbado con ella entre mis brazos, intentando recuperar una respiración que, sinceramente, hace rato dejó de comportarse con la disciplina que suelo exigirle a todo lo demás en mi vida.

Amara sigue pegada a mí, con una pierna enredada entre las mías, el pelo sobre mi pecho y la punta de sus dedos recorriendo distraídamente la piel de mi abdomen.

Miro hacia los ventanales del dormitorio y después bajo la vista hacia ella y me doy cuenta de que sigue aquí, a mi lado.

Por mucho que me repita que ya lo sé, que la he visto entrar por la puerta, caminar por mi casa, besarme, tocarme y mirarme con una sinceridad que todavía me cuesta procesar... una parte bastante idiota de mí sigue necesitando comprobarlo.

—Si sigues mirándome así, voy a empezar a cobrarte por minuto —me dice alzando la cabeza para mirarme.

La comisura de mi boca se mueve para convertirse en una sonrisa.

—No sabía que hubieras cambiado de sector profesional.

Ella entrecierra los ojos.

—No sabía que después de declararte y de hacer el amor como un hombre emocionalmente funcional ibas a volver a ser insoportable tan rápido.

Suelto una carcajada y le paso la mano despacio por su espalda desnuda.

—No puedo cambiarlo todo en una semana.

Amara se incorpora un poco y apoya el mentón sobre mi pecho.

—No, pero últimamente estás haciendo un esfuerzo bastante sospechoso.

La observo y después llevo una mano hasta su cara para apartarle un mechón de pelo que le cae sobre la mejilla.

—¿Quieres saber algo peligroso? —le pregunto.

—Siempre —me responde arqueando una ceja.

Respiro hondo antes de hablar, porque, por mucho que me cueste admitirlo, esta conversación me pone más nervioso que cualquier negociación de millones de dólares.

—Durante años pensé que el problema era perder el control.

Su mirada no se aparta de la mía.

—¿Y ahora?

Le paso el pulgar despacio por la mandíbula.

—Ahora sé que el problema nunca fue perderlo, sino encontrar a alguien con quien quisiera quedarme después.

Durante un segundo, Amara deja de bromear y subo una mano hasta mi pecho y la deja sobre mi corazón.

—Eso ha sonado sorprendentemente sincero, Somerset.

—Empieza a preocuparte si dejo de sorprenderte —le respondo con una sonrisa.

Ella baja la vista un instante, como si estuviera intentando ordenar algo dentro de su cabeza antes de volver a mirarme.

—La verdad es que eso ya no me preocupa —admite.

—¿No?

Niega muy despacio con la cabeza.

—Lo que me preocupa... es estar empezando a acostumbrarme.

Su confesión me impacta más de lo que esperaba y, durante un instante, lo único que hago es mirarla, porque Amara Turner lleva semanas obligándome a cuestionarme cosas que llevaba años evitando.

Pero verla ahora aquí, desnuda entre mis brazos, sin esconderse, sin pelear y sin prepararse para salir corriendo, no se parece a nada que haya vivido antes.

Me incorporo un poco y le doy un beso en la frente, en la mejilla y en la comisura de la boca. Ella sonríe por fin con una sonrisa discreta, pero de verdad.

—¿Sabes qué es lo peor de ti? —me pregunta.

La abrazo un poco más.

—Tengo la sensación de que la lista va a ser larga —resoplo.

Amara apoya la cabeza otra vez sobre mi pecho.

—Que, cuando por fin dejas de actuar... resultas mucho mejor de lo que esperaba.

Cierro los ojos un instante porque, sinceramente, escuchar algo así de Amara me impacta mucho más adentro de lo que esperaba.

La aprieto un poco más contra mi cuerpo mientras observo la ciudad al otro lado del cristal y entiendo que nada de esto empezó realmente en aquel hotel, ni en la investigación, ni en el caos que vino después.

La verdad es bastante más simple y peligrosa que eso: todo empezó con ella, siempre ha sido ella.

Porque hay personas que entran en tu vida cuando menos lo esperas.

.. y, sin darte cuenta, terminan convirtiéndose en el único lugar donde de verdad quieres quedarte para siempre.