Error prohibido (Errores en Manhattan nº 2) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—Llevo demasiado tiempo acostumbrándome a que todo parezca fácil.

El trabajo, las mujeres, los errores, incluso las cosas que, sinceramente, deberían haberme afectado mucho más de lo que lo hicieron.

Mientras todo pareciera bajo control, nadie hacía demasiadas preguntas, nadie esperaba más de mí y, sobre todo, nadie podía darse cuenta de que, cuando algo empezaba a importarme de verdad.

.. en realidad no tenía ni idea de qué hacer con ello.

Me habla con un tono de voz más grave que de costumbre, sin rastro de ironía ni de esa seguridad casi insultante tan habitual en él, y eso hace que cada una de sus palabras me impacten más de lo que querría.

A nuestro alrededor, la ciudad sigue funcionando como siempre.

Un taxi pasa demasiado cerca del bordillo, alguien se ríe a unos metros de donde estamos y una puerta de acceso se abre y se cierra en el edificio que tenemos al lado, pero, aun así, mi atención sigue fija en él y eso me jode, porque una parte de mí no quiere que Brock Somerset siga teniendo ese efecto sobre mí.

—No te estoy contando esto para que me entiendas —continúa—. Ni para que me perdones —Alza la mirada—. Te lo estoy contando porque es la verdad y porque debería habértela contado antes de que tuvieras que arrancármela a base de pruebas.

Esas palabras sí que me afectan de verdad.

—Aquella noche te elegí antes de estar preparado para lo que sentía... y cuando por fin entendí lo que significabas para mí, ya te había hecho daño.

Ni siquiera me doy cuenta de que llevo varios segundos sin moverme hasta que noto cómo aprieto el bolso entre los dedos con demasiada fuerza.

Lo que acaba de decir sigue dando vueltas en mi cabeza y, por mucho que me fastidie admitirlo, me ha impactado mucho, aunque no porque eso cambie lo que hizo, ni lo que se rompió, sino porque, por primera vez, Brock no parece un hombre intentando convencerme de nada.

No sonríe, ni se acerca, ni trata de quitar tensión al momento con una broma, ni bajar la voz para convertir esta conversación en otra cosa, ni aprovechar la tensión entre nosotros para esconder lo importante.

Simplemente continúa delante de mí, sosteniéndome la mirada y diciendo cosas que, honestamente, parecen costarle bastante más que cualquier derrota y eso me deja con un problema bastante incómodo, porque ahora la decisión es mía.

Sé que podría dejarme llevar, acercarme, bajar la guardia y permitir que esta conversación se convierta en algo mucho más fácil para los dos, pero yo no soy una mujer que haga esas cosas.

No después de todo lo que me ha costado aprender a no conformarme con medias verdades, ni con disculpas a destiempo, ni con hombres que solo saben hablar claro cuando están a punto de perder algo importante.

Así que respiro despacio, bajo la vista durante un segundo hacia la línea irregular de la acera y, cuando vuelvo a mirarlo, ya tengo claro lo que voy a decir.

—No voy a perdonarte esta noche.

Brock asiente sin apartar los ojos de mí.

—Lo sé.

—No, no lo sabes —le corrijo—. Porque una parte de ti todavía cree que decir la verdad debería tener una consecuencia inmediata.

—Puede que esa parte de mí sea bastante imbécil —reconoce.

—Lo es —digo asintiendo con la cabeza y me fijo que, en esta ocasión, casi sonríe, pero finalmente no lo hace y se lo agradezco—.

Lo que hiciste no lo voy a olvidar porque hoy hayas hablado delante de todos, ni porque hayas dejado que Alistair metiera el dedo en la herida, ni porque por fin hayas entendido que callarte fue una forma de elegir.

—Lo entiendo.

—Tampoco quiero que te castigues eternamente para demostrarme que has aprendido algo.

Eso sí lo sorprende, lo veo en sus ojos.

—Amara... —empieza.

—No he terminado —le interrumpo antes de que continúe y él cierra la boca al instante—. No quiero un hombre arrodillado sobre su culpa. Eso no me sirve ni pienso cargar con el peso de tu arrepentimiento además del mío.

Brock me mira con una intensidad que hace unos días habría terminado de otra forma con mucha menos ropa y con nuestros cuerpos mucho más juntos, pero esta noche no va de eso, sino de algo más difícil.

—Si quieres estar en mi vida —continúo—, aunque sea esperando a que yo decida si te permito dar un paso más, vas a tener que hacer algo más complicado que hacerme sentir mal.

—¿El qué?

—Ser constante. No cuando te convenga, ni cuando veas que me marcho, ni cuando tengas miedo de perderme. Deseo que seas constante cuando nadie te aplauda, cuando no estén tus amigos mirando y cuando decir la verdad no te haga parecer valiente sino incómodo.

—Puedo hacerlo —me responde con seguridad.

—No me lo digas —le digo mirándole fijamente a los ojos—. Hazlo.

Durante unos segundos ninguno de los dos dice nada y, por una vez, no siento la necesidad de llenar ese momento con una ironía o una de las frases que suelo usar cuando algo me importa más de la cuenta.

Sin embargo, ahora solo necesito una cosa: comprobar si Brock es capaz de quedarse frente a mí, sin presionarme ni intentar llevar la conversación hacia donde a él le conviene y sin convertir todo esto en una escena más fácil de lo que realmente es.

Él se queda exactamente donde está y no hace nada por romper la distancia que sigo manteniendo entre los dos.

Simplemente espera, con una paciencia muy poco habitual en él, dejándome claro que, por una vez, no está intentando controlar el momento, ni empujarme hacia una respuesta para sentirse mejor consigo mismo.

No obstante, eso no borra lo que hizo, ni hace que deje de dolerme, pero, por mucho que me cueste admitirlo, sí cambia algo entre nosotros.

Así que soy yo quien me acerco a él y apoyo la palma de mi mano sobre su pecho.

Bajo su camisa noto el latido firme de su corazón y eso me afecta, pero no aparto la mano.

—No cambia lo que hiciste —le digo y él me sostiene la mirada sin moverse —. Pero sí cambia lo que estás haciendo ahora.

Noto cómo su pecho se eleva bajo mi mano y la forma en que respira me deja claro que ha entendido perfectamente lo que esto significa. No es perdón, ni una reconciliación y necesito dejárselo claro antes de que confunda una oportunidad con una victoria.

—No confundas que todavía estés aquí... con haberme recuperado —le aclaro acercándome unos centímetros más.

—No lo haré —me responde sin dejar de mirarme.

Quiero creerle, aunque eso, sinceramente, es lo que más me asusta.

Retiro la mano de su pecho antes de que mi cuerpo empiece a tomar decisiones que mi cabeza todavía no está dispuesta a permitir y doy un paso atrás. Brock no intenta detenerme, ni hace nada por cambiar mi decisión y eso me dice más que cualquier promesa que podría haberme hecho.

Levanto la mano cuando veo que un taxi se acerca y el coche se detiene junto al bordillo.

Abro la puerta y, antes de entrar, vuelvo a mirar a Brock una última vez y veo que me observa con una expresión que, por primera vez desde que lo conozco, no parece la de un hombre intentando salir bien parado, sino la de quien ha entendido que todavía tiene mucho que demostrar.

—Buenas noches, Brock.

—Buenas noches—me dice con un tono de voz grave.

Entro en el taxi y cierro la puerta. Cuando el coche arranca, miro por la ventanilla, aunque sé perfectamente que no debería y veo que Brock sigue solo en mitad de Soho y sin moverse.

Mientras el taxi gira hacia la avenida, echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos durante un instante, porque el dolor sigue intacto en mi pecho, pero por primera vez en días ya no es lo único que viajaba conmigo.