Error prohibido (Errores en Manhattan nº 2) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

—Y elegí seguirla a ella, aunque después decidí callarme —suelto sin necesidad de justificarme, porque no busco quedar bien—. Aquella noche cometí dos errores —digo y compruebo que toda la mesa sigue mirándome—. No intervenir... Y pensar que podía seguir fingiendo que ella no me importaba.

Nadie dice nada, ni siquiera Elsie. Para mi sorpresa, esta noche nadie hace ni una sola broma. Amara sigue mirándome, aunque sé que no está preparada para escuchar esto, igual que yo no estoy preparado para decirlo.

Desde el otro extremo de la mesa, Alistair Hudson levanta lentamente la copa y dibuja una media sonrisa en sus labios.

—Interesante... —empieza a decir Alistair.

Toda la mesa se gira hacia él. Al saberse el centro de atención, da un pequeño sorbo a su copa y después me mira directamente.

—Por fin alguien ha decidido contar la verdad —dice y da un pequeño trago al vino.

Durante unos segundos nadie mueve un músculo y toda la atención sigue fija en él, algo que no me gusta nada, porque le conozco y sé que le gusta ser el protagonista al precio que sea.

—Mide muy bien lo siguiente que vas a decir —le advierte Devon.

Alistair gira la cabeza hacia él, pero ni siquiera pierde la sonrisa.

—Qué agresivo, Mitchell. Empiezo a pensar que esta cena significa más para algunos de lo que parecía.

Elara pone la copa sobre la mesa con una calma bastante engañosa.

—Piensas muchas cosas cuando no te conviene hablar claro.

Dorian deja escapar una risa seca.

—Dios, llevo años esperando una cena que termine con amenazas y, sinceramente, esta está superando bastante mis expectativas.

Elsie le da un pequeño golpe en la pierna por debajo de la mesa.

—Dorian.

—¿Qué? Solo trato de gestionar la tensión grupal.

Max no mira a nadie, solo sigue concentrado en Alistair.

—Hudson —le llama con un tono de voz más grave de lo habitual y, por primera vez en toda la noche, la media sonrisa de Alistair pierde algo de fuerza. Aun así, no aparta la vista de mí.

—No me malinterpretes, Somerset. Personalmente me parece admirable. La mayoría de hombres de esta mesa llevan años defendiendo la lealtad... siempre que no implique perder algo —me dice Alistair.

Aprieto la mandíbula al escucharle.

—Di lo que quieras decir de una vez —le insto.

Amara sigue sin moverse al otro lado de la mesa con la vista fija en Alistair y eso me preocupa incluso más.

Alistair deja la copa sobre el mantel con cuidado.

—Solo digo que, si has decidido sacar todo eso a la luz... espero que estés preparado para descubrir que aquella noche había bastante más en juego de lo que creías.

La frase cae sobre la mesa como una bomba y noto cómo Devon se tensa a mi izquierda.

A pesar de que Max no cambia la expresión, noto que también está procesando lo que acaba de escuchar.

Dorian, en cambio, recuesta la espalda contra la silla y, por primera vez desde que lo conozco, no tiene nada ingenioso que aportar, algo que habla por si solo.

—¿Qué coño significa eso? —pregunta.

Alistair se encoge ligeramente de hombros.

—Significa exactamente lo que acabo de decir.

Me inclino hacia delante.

—No juegues conmigo —le advierto y me clava la mirada en la mía.

—Tú empezaste a jugar solo, Brock. Lo único nuevo... es que por fin has decidido dejar de mentirte.

Lo que acaba de salir de la boca de Alistair sigue dando vueltas en mi cabeza, pero, por primera vez desde que me he sentado a esta mesa, tengo claro que el problema ya no es solo lo que ocurrió aquella noche ni todo lo que puede salir a la luz si seguimos tirando de ese hilo.

El verdadero problema está sentada a apenas unos metros de mí, con la espalda recta, la copa intacta frente a ella y tratando de aparentar que no le afecta, aunque sé perfectamente que por dentro no está tan tranquila como quiere hacer creer.

—Se acabó por hoy —dice Max poniéndose en pie y dejando la servilleta sobre la mesa.

Nadie se lo discute, ni siquiera Dorian, que normalmente sería incapaz de dejar pasar una escena como esta sin añadir una de sus estupideces, ni tampoco Alistair, que se limita a llevarse la copa a los labios con una calma que cada vez soporto menos.

Devon se incorpora después y, antes de apartar la silla, me mira durante un segundo que dice bastante más de lo que cualquiera podría poner en palabras.

Dorian termina su copa de un trago y niega con la cabeza.

—Bueno, creo que acabamos de superar la cena benéfica de diciembre en nivel de incomodidad.

—Y aun así has disfrutado cada segundo —le dice Elsie mirándole de lado.

—No pienso contradecirte —le responde Dorian esbozando una media sonrisa.

Apenas los escucho ya, porque vuelvo a centrar toda mi atención en Amara.

Ella sigue sentada, inmóvil, con las manos sobre el regazo y la mirada fija en mí de una forma que me descoloca.

Ya no está doblando la servilleta, ni evitando mirar hacia este lado de la mesa, ni fingiendo interés por una conversación que hace rato dejó de importar.

Solo me está mirando, aunque lo peor es que ahora no encuentro ni rastro de rabia en su cara, sino duda…

Y, sinceramente, casi preferiría que siguiera odiándome, porque el odio es sencillo, porque deja claro dónde está cada uno.

Sin embargo, la duda significa que todavía hay algo abierto entre nosotros y, ahora mismo, eso me deja mucho más expuesto de lo que me gustaría.

Mantengo su mirada unos segundos más, hasta que es ella quien decide romper el momento.

Se levanta poco a poco, coge su bolso del respaldo de la silla y pasa a mi lado sin decir una sola palabra.

Su perfume me alcanza cuando la tengo cerca y, durante un segundo bastante jodido, todo mi cuerpo me pide seguirla, pero no lo hago.

Me obligo a quedarme donde estoy mientras la veo cruzar el restaurante y desaparecer.

No obstante, esta vez tengo algo claro: si de verdad quiero arreglar lo que rompí, no puedo seguir persiguiéndola cada vez que se aleja.

Esta vez me toca hacer algo bastante más difícil: convertirme en el hombre que debería haber sido desde el principio.