Error inesperado (Errores en Manhattan 1) Capítulo 20
94%

Capítulo 20

Devon

El ático no me parece el mismo al entrar con ella. No es algo evidente, pero el espacio deja de parecerme el mismo, porque ahora ya no me da la sensación de que esté vacío ni responde solo a lo que yo decido, sino que hay algo que no controlo del todo y que, por primera vez, no intento corregir.

Elara entra tranquila. Camina hacia el interior del apartamento con calma, mientras yo cierro la puerta y dejo las llaves donde caen sin colocarlas en su lugar habitual, porque ahora mismo ese tipo de orden ya no tiene sentido para mí.

Durante un momento, me quedo donde estoy, observando cómo se mueve por el ático sin adelantarme.

Elara se detiene en la cocina y apoya la mano sobre la encimera.

Observa la sartén que dejé hace horas sin recoger, aunque no dice nada, pero su gesto es suficiente para entender que ha visto el detalle y ha decidido no comentarlo.

—No suelo dejar cosas a medias —le digo acercándome un poco a ella.

Elara no me mira de inmediato. Pasa el dedo por el borde de la encimera y después levanta la vista.

—Hoy sí.

No hay reproche en su tono ni aprobación, solo es una constatación, y eso es lo que hace que no tenga necesidad de responderle. Abro un armario, saco dos vasos y los dejo sobre la encimera. Elara coge uno y se apoya ligeramente contra la encimera.

—Sigues siendo insoportable —me dice con una media sonrisa.

Me apoyo con las manos a ambos lados de la encimera con ella en medio.

—Y tú sigues sin hacer lo que te digo —le susurro mirándola.

Elara levanta la vista y sostiene la mía.

—Funciona —me responde alzando una ceja y no puedo evitar besarla.

—No voy a hacerlo como antes —digo entre besos.

—Más te vale —murmura apartándose un poco de mí para mirarme y en ese momento sube sus manos hasta mi cuello y yo la rodeo con mis brazos acercándola más a mi cuerpo.

Su cuerpo se ajusta al mío con una naturalidad que no existía antes y cuando se separa, se queda lo bastante cerca como para que cualquier movimiento vuelva a cerrar la distancia.

—Esto no cambia lo de antes —dice.

—Lo sé —no digo nada más, porque no tengo nada más que añadir.

Elara mantiene la mirada fija en la mía un segundo más.

—Pero esto es distinto —le confirmo y la vuelvo a besar.

Subo la mano desde su cintura a su espalda.

—No estoy intentando arreglarlo —digo con una media sonrisa cargada de intención.

Elara levanta la vista.

—Más te vale —me responde de inmediato y yo asiento levemente—. Esto no significa que esté bien.

—No, no lo está.

—Ni que vaya a ser fácil.

—Tampoco.

Se retira un poco de mí y me mira por fin de frente.

—Entonces no lo compliques.

—No lo voy a hacer.

Justo en ese instante escucho vibrar mi teléfono, lo miro porque imagino quien me acaba de escribir .

George:

Necesito saber si

esto sigue adelante.

Levanto la vista un segundo hacia Elara que mira a su alrededor distraída. No le respondo de inmediato, porque por primera vez no voy a decidirlo sin tener en cuenta lo que implica. Pero George vuelve a escribir.

George:

No estás tomando decisiones.

Estás reaccionando.

Suelto el aire por la nariz en un intento de calmarme. Antes habría contestado en ese mismo momento, pero ahora no.

—Tengo una reunión mañana que debería cerrar hoy.

Elara se gira para mirarme.

—Entonces ciérrala.

—Puedo hacerlo —respondo—. Pero no es eso.

—¿Entonces qué es? —me pregunta mirándome con atención.

La miro directamente.

—Que no quiero hacerlo como siempre .

Elara se queda quieta un segundo, evaluando mi frase.

—Eso sí es nuevo.

Asiento.

—Sí.

—¿Y qué ha cambiado?

—Que no voy a decidir por inercia —le contesto después de pensarme la respuesta.

—Eso suena bien —me dice sosteniéndome la mirada.

—Es distinto a lo de antes —afirmo encogiéndome de hombros.

El móvil vuelve a vibrar en mi mano, pero no lo miro. Elara baja la vista hacia él y luego vuelve a mirarme a mí.

—Contesta.

—Lo haré.

—Ahora.

Su indicación es clara por lo que asiento y desbloqueo la pantalla.

George:

¿Eso es mejor?

Escribo sin darle más vueltas de las necesarias.

Yo:

Es distinto .

Tardo un momento antes de añadir otra línea.

Yo:

Mañana lo cerramos.

Pulso enviar y bloqueo el teléfono.

—Ahora te lo tomas con calma.

—Sí.

—¿Eso te complica las cosas?

—Sí.

Elara asiente muy levemente.

—Bien —dice sin añadir nada más, aunque por primera vez me resulta suficiente—. Todo empezó bastante mal —afirma, sin mirarme.

Me apoyo en el marco de la cocina.

—Todo empezó...

Elara suelta una pequeña exhalación que no llega a ser risa.

—Eso no te lo voy a discutir.

Da un paso hacia el salón, pasando cerca de mí, pero se detiene a mi lado antes de seguir avanzando.

—No voy a llamarlo un error, porque no lo fue.

Elara gira ligeramente la cabeza hacia mí.

—No .

Y no hace falta añadir nada más. Elara vuelve a caminar hacia el salón y yo la sigo sin prisa. Cuando llegamos, nos detenemos en el centro uno frente al otro.

—Esto no es perfecto.

—No.

—Ni una historia idílica.

—Tampoco.

Baja los brazos.

—Pero es real.

—Como la vida misma —acabo su frase mirándole a los ojos.

Elara me mantiene la mirada y después asiente, como si eso fuera lo único que necesitaba comprobar y eso es lo que convierte todo lo anterior en algo que no tengo intención de deshacer.

La miro un segundo más y aparto la vista, porque ya no necesito comprobar que sigue ahí. Todo empezó como un error y no tengo intención de dar marcha atrás. Ni siquiera ahora que empiezo a entender que quizá nunca lo fue.