Capítulo 16 #2
Camino hasta la encimera y apoyo las manos sobre la superficie sin mirar al lugar en el que anoche perdí el control con ella.
No necesito hacerlo, porque lo recuerdo con demasiada precisión.
Exhalo despacio y cierro los ojos un instante, intentando ordenar algo que ya no encaja dentro de la estructura que llevo años manteniendo intacta.
Esto debería ser fácil. Una de esas situaciones que sé manejar sin esfuerzo, de las que se resuelven rápido cuando tienes claro qué hacer. Llevo años funcionando así, aunque el problema es que hoy no me sirve.
Abro los ojos y recorro el ático con la mirada, fijándome en cada cosa que sigue en su sitio, en el orden que nunca falla y que normalmente me ayuda a pensar con claridad, pero hoy tampoco lo hace. Porque todo sigue funcionando… excepto lo único que de verdad me importa ahora mismo.
Me quedo quieto un momento con la sensación de que todavía podría salir, alcanzarla y decirle algo distinto antes de que esto se rompa del todo, pero no lo hago.
Porque dar ese paso significaría admitir algo para lo que todavía no estoy preparado.
Aprieto la mandíbula. Siempre he sabido cerrar cualquier situación sin dejar cabos sueltos, pero esta vez, acabo de dejar escapar la única que no quería perder.
El móvil vuelve a vibrar sobre la mesa y ahora no lo ignoro. Me quedo mirando la pantalla unos segundos, reconociendo el nombre antes incluso de cogerlo. Es George, que insiste, como siempre. Al final lo cojo y desbloqueo la pantalla sin moverme de donde estoy.
George:
Lo tienes o tengo que asumir
que hoy no vas a decidir?
La pregunta está diseñada para obligarme a responder sin margen de error. En cualquier otro momento ya lo habría hecho, habría contestado en dos líneas, habría tomado una decisión y lo habría cerrado sin más. Pero hoy no.
Paso el pulgar por la pantalla sin escribir nada y dejo el móvil sobre la mesa otra vez, consciente de que es una forma de aplazar algo que no debería aplazar, aunque tampoco tenga ahora mismo una respuesta que encaje con lo que se espera de mí.
Camino hasta la encimera sin prisa y apoyo las manos sobre la superficie, manteniendo la vista fija en un punto que no necesito mirar directamente para saber que está ahí.
Todo sigue sin dejar un rastro visible de lo que ocurrió hace unas horas y aun así no funciona como debería.
Exhalo despacio. Esto tendría que ser sencillo, pero no lo es. Aprieto la mandíbula y cierro los ojos un instante, intentando encajar lo que acabo de hacer dentro de una lógica que lo justifique, pero no la encuentro. No porque no exista, sino porque no basta.
El móvil vuelve a vibrar y tampoco lo cojo.
Permanezco quieto con la certeza de que lo que acaba de pasar no se puede resolver desde aquí sin aceptar algo que todavía no estoy dispuesto a aceptar y aun así sé perfectamente cuál sería el siguiente paso: salir, seguirla y arreglarlo cuanto antes.
Pero no lo hago, porque eso implicaría tocar lo único que sigo manteniendo intacto: mi autocontrol.
Abro los ojos y me incorporo apartándome de la encimera y me muevo otra vez dentro de un espacio que debería resultarme familiar. Camino hasta la mesa, cojo el móvil y lo desbloqueo por segunda vez .
George:
Tenemos un problema con Parkwell.
Necesito una decisión YA.
Este mensaje cuesta más ignorarlo. Lo leo una vez y después otra, aunque sigo sin responder. Bloqueo la pantalla y dejo el teléfono sobre la mesa, diciéndome que lo de fuera puede esperar unos minutos más, aunque sé perfectamente que no es verdad.
Me paso la mano por la cara despacio, intentando ordenar las ideas y volver a un terreno que conozco, pero no lo consigo. Cada vez que intento centrarme en lo que debería estar haciendo, vuelvo a Elara. No a la discusión ni a lo que dijimos, sino al momento en el que dejó de mirarme como lo hacía.
Aprieto los dedos contra la mesa y mantengo la vista fija en un punto cualquiera, intentando pensar con claridad.
En teoría debería ser fácil para mí, porque sé arreglar situaciones complicadas.
Llevo años haciéndolo antes de que afecten a algo importante, pero esto no funciona así.
Porque aquí no se trata de arreglar nada, sino de aceptar algo que todavía no estoy preparado para admitir.
Suelto el aire despacio y aflojo la presión de la mano.
Sé que podría salir detrás de ella, pero sería hacerlo por impulso y eso nunca me ha funcionado.
Así que me quedo donde estoy. Vuelvo a observar el ático y compruebo que cada cosa en su sitio, exactamente igual que siempre.
Todo sigue funcionando… menos lo único que ya no puedo arreglar desde aquí.
Aprieto la mandíbula. Siempre he sabido cerrar cualquier situación sin dejar nada pendiente, pero hoy no soy capaz.
Bajo la mirada hacia el móvil sin tocarlo y recuerdo que George sigue esperando mi respuesta.
Todo sigue en marcha menos lo único que jamás pensé que se me iría de las manos.
Me quedo quieto unos segundos más, hasta que por fin entiendo que no es que haya perdido el control, sino el
tiempo… y con él, a la única persona que no estaba dispuesto a perder.