Error inesperado (Errores en Manhattan 1) Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

—Quizá alguien ya lo ha hecho —añade él.

Me giro despacio y lo miro.

—Pero no lo ha dicho.

—O no ha tenido motivo para hacerlo.

—Hasta ahora.

Nos quedamos unos segundos sin decir nada, pero lo que hay en este momento entre los dos no se parece a lo de antes.

Ya no tiene que ver con el cuerpo ni con la cercanía, sino con algo distinto, como si los dos estuviéramos pensando exactamente lo mismo y ninguno tuviera intención de decirlo en voz alta.

—¿Qué crees que estamos pasando por alto? —le pregunto, apoyándome en el respaldo del sofá.

Devon camina despacio hasta la mesa baja y luego vuelve a mirarme.

—El contexto —dice al final—. Estamos analizando decisiones individuales sin tener claro el entorno completo en el que se tomaron.

—¿Te refieres a la fiesta ?

—Me refiero a todo lo que ocurrió alrededor —corrige—. La gente que estaba, las interacciones … cualquier elemento que pueda haber influido sin ser evidente.

Asiento, porque tiene sentido, pero no elimina la incomodidad que arrastro desde que empezamos a encajar piezas.

—No me gusta esa palabra —le digo—. «Influido».

—No implica necesariamente manipulación —responde—. Puede ser presión, dinámica de grupo, contexto…

—O algo más —añado.

Devon me sostiene la mirada sin corregirme esta vez.

—O algo más.

Me dejo caer en el sofá, me cruzo de piernas y apoyo un brazo en el respaldo, observándolo con atención.

—Hay algo que no me cuadra contigo —le digo de pronto.

Devon arquea ligeramente una ceja.

—Eso no es nuevo.

—No —admito—. Pero ahora es distinto.

—¿En qué sentido?

Tardo un momento en responderle, porque no sé si decirlo en voz alta es buena idea.

—En las fotos —empiezo finalmente—. Siempre apareces cerca de mí.

No se mueve .

—No parece una coincidencia —añado—. Da la sensación de que pasaras casualmente. Estás ahí, en segundo plano, pero demasiado presente como para no ser intencionado.

Devon baja la mirada un instante, lo justo para procesar la información, y luego vuelve a mí.

—Eso no demuestra nada.

—No —admito—. Pero tampoco es irrelevante.

—Podría ser casualidad.

—Podría —repito—. Pero ya son demasiadas cosas que no encajan como para conformarme con esa explicación.

Devon da un paso más hacia el sofá, donde estoy sentada.

—¿Qué estás sugiriendo exactamente? —pregunta, con un tono más serio.

—No lo sé todavía —respondo—. Pero no me gusta esta sensación.

—Las sensaciones no son datos —dice.

— Pues menos mal, porque ahora mismo es lo único que tenemos —replico—. Pero si lo ignoramos, corremos el riesgo de equivocarnos en lo importante.

—No me gusta trabajar así —añade al final, mirándome.

—A mí tampoco —le digo—. Pero es lo que hay.

Nos quedamos en silencio y Devon se acerca a la cocina, coge el vaso que dejó antes y da un sorbo por fin, como si necesitara hacer algo concreto para salir de este punto muerto.

—Mañana puedo revisar los accesos, las listas de invitados y las cámaras si las hay —dice—. Así comprobaré si hay algo que se nos escapa.

—Eso es un plan —respondo.

—Es un inicio —me corrige y yo asiento con la cabeza, aunque no me muevo del sofá.

—Y mientras tanto —añado—, ¿qué hacemos con esto?

No necesito especificar a qué me refiero. Devon deja el vaso sobre la encimera y se gira hacia mí.

—Lo mismo que con el resto —dice—. No precipitar las conclusiones.

—Eso no responde a mi pregunta.

—La responde —insiste—. Solo que no es lo que quieres oír.

Suelto una carcajada.

—Puede ser.

Me incorporo un poco en el sofá, apoyando los codos en mis rodillas.

—Porque la otra opción sería admitir que hay algo aquí que no estamos controlando —añado—. Y eso no te gusta.

—No me gusta trabajar sin margen —me corrige.

—Pues vete acostumbrando —le advierto—. Porque esto no tiene pinta de simplificarse .

Devon me observa en silencio unos segundos, como si estuviera evaluando algo más allá de la conversación.

—Tú tampoco te sientes incómoda —dice al final.

—¿Con qué exactamente?

—Con esto —responde—. Con la situación, con la incertidumbre… conmigo.

La última palabra no la enfatiza, pero tampoco la evita.

—No me siento cómoda —le aclaro—. Que es distinto.

—Explícamelo.

Me tomo un momento antes de responder.

—No me gusta no entender lo que está pasando —digo—. Pero eso no significa que quiera salir corriendo sin mirar.

Devon asiente despacio.

—Eso puede ser un problema.

—O una ventaja —replico.

—Depende de cómo lo utilices.

—Lo averiguaremos —digo, me levanto del sofá y camino hacia el pasillo—. Voy a intentar dormir. Mañana veremos si todo esto tiene alguna forma de encajar o si seguimos dando vueltas en círculos.

—Descansa —dice sin moverse de su sitio.

No es una orden ni una despedida, sino algo intermedio.

Asiento sin girarme y entro en mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí con suavidad.

Me quedo unos segundos apoyada en ella, con la espalda contra la madera, dejando que todo se asiente dentro de mí: la cena, el grupo, las fotos, Devon…

Todo se mezcla de una forma que no debería ser posible, pero lo hace.

Camino hasta la cama, me dejo caer boca arriba y miro al techo sin pensar en nada concreto durante unos segundos.

Pero luego el pensamiento vuelve solo. Sé que no debería desear esto, pero cuanto más lo analizo…

menos claro tengo que todo esto sea solo un error.

Me quedo mirando el techo unos segundos más, intentando centrarme en algo que no sea él y que tenga sentido dentro de lo que debería estar pasando… Pero no lo consigo.

Cierro los ojos, aunque eso solo empeora las cosas, porque lo que vuelve a mi cabeza no es la cena ni las fotos ni las conversaciones a medias, sino el momento en la cocina, la forma en la que me sujetó, la distancia que desapareció entre nosotros sin que ninguno de los dos hiciera nada por evitarlo y la sensación de que, durante ese segundo, nada más importaba.

Abro los ojos de golpe.

—Esto no puede ser buena idea —murmuro, aunque no suena como una decisión, porque no lo es.

Me giro en la cama y me quedo mirando la puerta cerrada de la habitación, como si al hacerlo pudiera saber exactamente dónde está él ahora mismo.

Sé que debería dejar de pensar en eso y seguir adelante, pero cuanto más intento apartarlo de mi cabeza, más claro tengo que lo que ha pasado entre nosotros ya no parece un simple error.

El verdadero problema ahora es que no estoy segura de querer dejarlo atrás.