Error inesperado (Errores en Manhattan 1) Capítulo 9
47%

Capítulo 9

Elara

Entro en el ático y doy unos pasos sin quitarme aún el abrigo, como si detenerme fuera a obligarme a pensar en lo que acaba de pasar.

La cena debería haberse quedado en ese restaurante, pero no lo ha hecho.

Se ha venido conmigo en forma de miradas, de frases a medio terminar y de una sensación incómoda que no cuadra con que todo esto no haya sido más que una casualidad.

Dejo el bolso sobre la mesa baja sin mirar dónde cae, porque ahora mismo no me importa romper nada de lo que él intenta mantener intacto en este lugar.

El vestido roza mis muslos al caminar y tengo la sensación de que ahora nada en este apartamento está exactamente como antes, aunque todo siga en su sitio.

Devon cierra la puerta, deja las llaves donde siempre y se queda de pie, evaluando lo que ve del apartamento como si esperara encontrar algún cambio, pero no hay ninguno.

—Ha ido mejor de lo que esperaba —me dice finalmente.

Me giro despacio hacia él y apoyo la cadera contra la mesa.

—Eso dice bastante poco de tus expectativas —respondo—. Porque yo no diría que ha sido una situación especialmente cómoda.

Devon ladea ligeramente la cabeza.

—Ese no era el objetivo.

—Entonces todo en orden —añado encogiéndome de hombros—. Nadie ha dicho nada claro, todos se han limitado a insinuar, pero lo queme ha quedado claro es que esto no es solo cosa nuestra.

—Eso no es una conclusión —dice fijando la mirada en mí—. Es una interpretación.

—Es una interpretación bastante lógica —replico—. Sobre todo cuando nadie en la mesa parecía realmetne sorprendido .

No me responde enseguida, primero se acerca a la cocina y se sirve un vaso de agua con un gesto preciso, pero noto que su atención no está en lo que hace.

—La lógica no siempre es suficiente —dice al final, dejando el vaso sobre la encimera sin haberle dado ni un trago.

—La tuya sí —le contesto—. O al menos eso es lo que te gusta pensar.

Sus dedos se apoyan en el borde de la encimera.

—Me gusta trabajar con datos —me corrige y vuelve a mirarme.

—Y cuando no los tienes, ¿qué haces?

—Espero a tenerlos —responde sin apartar la mirada de mí.

Suelto una carcajada breve, sin humor.

—Pues buena suerte con eso, porque lo que tenemos ahora mismo no encaja ni aunque lo fuerces.

Dejo de hablar y ninguno de los dos retoma la conversación.

Nos quedamos frente a frente, sin movernos Intento centrarme en la cena, en lo que no me cuadra y en todo lo que debería importarme ahora mismo, pero en cuanto bajo un poco la guardia, vuelvo a recordar cómo me estaba mirando y ese instante en el que la distancia entre nosotros dejó de existir sin que ninguno hiciera nada por frenarlo.

Aprieto los dedos contra la mesa y me obligo a volver al presente, aunque no sea algo sencillo ahora mismo para mí .

—Sandy cree que no fue casual —digo de pronto.

Devon no se mueve, pero algo cambia en su expresión.

—¿Qué exactamente?

—Que hubo un momento en el que todo el mundo dejó de cuestionar lo que estaba haciendo —respondo—. Como si… no sé… como si no fuera necesario pensarlo mucho...

No termino la frase, porque no hace falta y Devon se pasa la mano por la mandíbula despacio.

—Eso puede explicarse de muchas formas.

—Claro —asiento—. Alcohol, contexto, presión social…

—Exacto.

—El problema es que nada de eso acaba de cuadrarme —añado, mirándolo fijamente.

—Te gusta complicarlo —dice él mirándome a los ojos.

—Solo cuando algo no me convence —respondo.

Doy un paso hacia donde está y él no retrocede.

—¿Y esto? —pregunta, señalando vagamente el espacio que hay entre nosotros—. ¿También lo estás analizando?

Miro un segundo a su mano y luego regreso a sus ojos.

—Esto no necesita análisis —respondo—. Se nota.

Su respiración se altera lo justo para que lo perciba.

—¿Y qué se supone que se nota? —pregunta, bajando ligeramente la voz.

—Que no es solo una cuestión de lógica —digo—. Y que tampoco ha empezado hoy .

Doy otro paso, sin pensar en si debería hacerlo, pero igualmente lo hago. El suelo no hace ruido bajo mis tacones, pero la sensación de acercarme es evidente. Devon no se aparta.

—Esa es una conclusión peligrosa —dice, aunque no suena a advertencia.

—Lo sé —respondo—. Pero no por eso deja de ser cierta.

Estamos lo bastante cerca como para notar el calor del otro sin necesidad de tocarnos.

No hay contacto entre nuestros cuerpos a pesar de que el espacio es cada vez es menor.

Mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza.

Lo noto por cómo respiro, en cómo mi atención deja de estar en lo que hemos hablado y se centra en cosas mucho más concretas: su boca, su cuello, su mirada y la distancia cada vez más pequeña que nos separa.

—Deberías dejar de hacerlo —dice de pronto.

Frunzo ligeramente el ceño.

—¿El qué?

—Acercarte así —responde.

—No lo estoy haciendo a propósito —contesto, aunque no sé si es del todo cierto.

—Eso no lo hace mejor.

—Ni tampoco peor —añado.

Su mandíbula se tensa un poco.

—Elara …

Doy medio paso más y ahora sí que estamos demasiado cerca.

Su mano se mueve antes de que pueda anticiparlo y me sujeta por el antebrazo con firmeza suficiente para detenerme.

Notar su contacto sobre mi piel hace que todo lo demás pase a un segundo plano.

Levanto la vista y me encuentro con que él ya me está mirando.

—Esto no ayuda —reconoce en voz baja.

—¿A qué? —pregunto, sin apartarme.

—A mantener las cosas donde deben estar.

Suelto una risa muy leve.

—Eso suena a problema tuyo.

—Lo es —admite, aunque no me suelta y yo tampoco me aparto.

Nos quedamos demasiado cerca y ninguno da un paso atrás.

Sin pensar demasiado, bajo la mirada hasta su boca y en cuanto lo hago sé que ha sido un error, porque cuando vuelvo a mirarle ya no hay forma de fingir que no ha pasado.

Él no dice nada, pero tampoco hace falta.

Lo noto en la forma en la que cambia su respiración, apenas un detalle casi imperceptible… salvo para mí.

—Esto sí que no estaba planeado —murmura.

—Eso ya lo has dicho más de una vez —respondo, aunque mi voz no suena igual que antes.

No se ríe, ni se mueve, pero continúa con su mano en mi brazo y ahora soy yo la que la cubre con la mía, sin pensar en lo que implica. Mi cuerpo va por delante de mi cabeza y eso es exactamente lo que no debería estar pasando.

—Deberíamos parar —digo, pero no me aparto de él.

—Sí —responde, pero tampoco se mueve.

Su otra mano se apoya en la encimera, a un lado de mi cuerpo, cerrando el espacio sin tocarme.

Mi respiración, como la suya, también se altera.

No hace falta más, solo que nos acerquemos un poco más y dejemos de pensar por un instante.

Pero justo en ese momento mi móvil vibra sobre la mesa.

Me aparto antes incluso de decidirlo mientras Devon suelta mi brazo al mismo tiempo, dejando que la distancia entre nosotros vuelva de golpe.

Cuando bajo la vista a la pantalla veo el nombre de Sandy y no puedo evitar pensar que tenía que ser ella, porque siempre aparece en el momento menos oportuno.

Sandy:

Estoy hablando con más gente

y tengo la sensación de que no solo

te ha pasado esto a ti…

y a Devon.

No vuelvo a tocar el móvil después de leer el mensaje de mi amiga.

Lo dejo donde está, boca arriba esta vez, como si necesitara tenerlo a la vista para recordarme que lo que acaba de suceder no es lo único que importa, aunque mi cuerpo siga empeñado en demostrar lo contrario.

Me apoyo en la encimera con ambas manos y respiro despacio, intentando ordenar la secuencia lógica de lo que tendría que estar pasando ahora mismo: una cena incómoda, un grupo que sabe más de lo que dice, un matrimonio que no tiene sentido y una situación que debería resolverse poniendo distancia entre él y yo, y no con esta tensión absurda que sigue latente entre nosotros, como si no se hubiera roto del todo con el mensaje de Sandy.

Devon no se mueve de su sitio, ni intenta retomar la conversación anterior ni cerrar lo que hemos dejado a medias, y eso, viniendo de él, es lo que más me llama la atención.

—¿No vas a decir nada? —le pregunto alzando la vista hacia él.

Devon ladea ligeramente la cabeza, como si estuviera calibrando si mi pregunta merece una respuesta directa o una de sus elegantes evasivas.

—Depende de lo que esperes que diga —responde—. Si buscas una explicación lógica, no la tengo. Si buscas cerrar lo que acaba de pasar, tampoco creo que sea buena idea hacerlo ahora.

Su respuesta es más honesta de lo que esperaba, y eso me obliga a sostenerle la mirada .

—No estoy buscando cerrar nada —le digo—. Solo trato de entender por qué ha pasado.

—Eso implica asumir que tiene una causa concreta y no siempre es así.

—En tu mundo sí lo es —replico—. Todo tiene un motivo, un patrón o una consecuencia.

Devon deja escapar una leve exhalación, más larga que antes, y se pasa la mano por el cuello, como si necesitara reajustar algo que no cuadra del todo dentro de su cabeza.

—En mi mundo, las cosas se analizan antes de que ocurran —corrige—. Esto… no ha seguido ese proceso.

La forma en la que dice «esto» me deja claro que no solo se está refiriendo a la boda, ni solo a la cena, ni siquiera a lo que ha pasado hace un momento. Se refiere a todo.

Me aparto de la encimera y camino hacia el salón, dejándole tiempo para decida si me sigue o se queda atrás. No lo hace inmediatamente, lo que confirma que tampoco tiene claro cómo manejar esto, y eso, por extraño que parezca, me tranquiliza.

—Sandy dice que, por lo visto, hay más gente que está empezando a notar lo mismo —digo, deteniéndome junto al sofá—. Lagunas, decisiones que no recuerdan haber tomado, momentos que no encajan cuando los revisan después .

—Eso lo complica todo—responde, acercándose hasta donde estoy yo ahora—. Deja de ser una anomalía puntual y pasa a ser un patrón.

—Eso es lo que me preocupa —le digo—. Porque si es un patrón, alguien debería haberse dado cuenta antes, ¿no?