Error inesperado (Errores en Manhattan 1) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Devon me observa de una forma distinta a la de antes.

—¿Qué más? —pregunta.

—Gente en sitios distintos con minutos de diferencia —respondo—. Conversaciones que no recuerdo haber tenido, pero tienen consecuencias y una sensación constante de que algo parecía demasiado… dirigido.

Devon entrecierra ligeramente los ojos.

—¿Dirigido?

—Sí —contesto—. No forzado, no evidente, pero sí empujado …

El matiz es importante y lo dejo claro con el tono que utilizo.

—Eso implica intención —dice sin apartar la mirada.

—O influencia —corrijo.

Camino hasta la mesa, cojo el móvil y lo desbloqueo de nuevo. Abro la galería sin mirarle y deslizo una imagen hacia él cuando se acerca.

—Mira esto.

Devon baja la vista lo suficiente para ver lo que señalo. La foto es la misma de antes, la que no debería cuadrar con la siguiente.

—Ahora esta.

Paso a la siguiente y luego a otra más. No necesito explicar nada, porque se entiende a simple vista. Devon se inclina lo justo para observar con más detalle, y durante un segundo su atención se centra completamente en la pantalla. Ese segundo es clave, porque no está fingiendo, sino analizando.

—Los tiempos no encajan —dice finalmente.

—No —respondo—. Y no es un error de percepción.

—Podría ser falta de memoria selectiva.

Niego con la cabeza.

—Eso explicaría los huecos —digo—. No esto .

Devon mantiene la vista en la pantalla un instante más. No se precipita ni intenta acabar la conversación y sabe de lo que le hablo, aunque no lo admita.

—Sandy dice que no recuerda mucho más —añado tras dejar el teléfono sobre la mesa y cruzarme de brazos.

—No me sorprende —responde asintiendo.

—Eso ha sonado a respuesta demasiado rápida —le digo mirándolo fijamente.

—No, ha sonado lógico.

—No es lo mismo.

—Para mí sí.

Suelto una carcajada breve.

—Claro. Todo es lógico contigo hasta que deja de serlo.

—¿Alguien más? —pregunta sin rebatir lo que le acabo de decirle.

—En el grupo «Boda desastrosa» hay mensajes que dan versiones distintas y cuentan decisiones que nadie asume.

Devon exhala muy despacio.

—Eso complica el contexto —afirma.

—Eso lo cambia —le corrijo.

—No necesariamente.

—Sí —insisto—. Porque deja de ser un error individual.

La frase se queda flotando sobre nuestras cabezas, pero no la discute. Devon se gira ligeramente, se aleja un poco y pasa la mano por la encimera sin tocar nada en realidad. Es un gesto mínimo, pero lo reconozco, porque es lo que suele hacer cuando reorganiza algo en su cabeza.

—Hay demasiadas variables y muy pocos datos fiables.

—Normalmente eso no te detiene —le recuerdo—. De hecho, es justo lo que te activa.

—No cuando puedo estructurarlo.

—¿Y ahora no puedes?

—Ahora no es prioritario hacerlo —me responde girándose hacia mí y yo lo observo sin moverme de donde estoy.

—Eso es lo que decides.

—Eso es lo que conviene.

—¿Para qué?

—Para resolver esto sin añadir más jaleo.

—Ese es tu error —digo negando despacio con la cabeza.

—Explícate —me pide.

—Estás intentando cerrar algo que no entiendes —digo—. Y cuanto más rápido lo cierres, más probabilidades tienes de equivocarte en lo importante.

Devon me sostiene la mirada.

—Y tú estás intentando abrir algo que no sabes hasta dónde llega.

—Exacto.

Mi respuesta le sorprende.

—Eso no es una ventaja .

—Tampoco un problema —replico—. Es información.

Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que da un paso hacia mí.

—¿Qué quieres hacer? —pregunta, pero ahora no está actuando como un CEO, sino cómo alguien que evalúa una posibilidad y eso cambia todo.

—Quiero entender qué pasó de verdad. No la versión fácil —digo apoyando las manos en la mesa e inclinándome un poco hacia adelante.

—La versión fácil resuelve el problema legal.

—La otra resuelve el real.

Devon baja la mirada un instante hacia la mesa, como si buscara una estructura donde no la hay.

—No sabemos si hay algo que resolver más allá de eso.

—Sí lo sabemos.

—No —insiste—. Solo lo intuimos.

—Eso ya es suficiente—le respondo con rapidez.

De repente, mi teléfono vibra de nuevo con otro mensaje de mi amiga.

Sandy:

Tía, no quiero liarla,

pero hay más gente diciendo lo mismo.

Parece que esto no es solo cosa nuestra .

Le muestro la pantalla a Devon sin decir nada.

—¿Quién más? —pregunta arrugando el entrecejo.

—No lo sé todavía —respondo—. Pero ya se está repitiendo demasiado.

Devon asiente muy despacio y su lentitud es lo que más me inquieta, porque no está dudando, sino calculando.

—¿Hay algo que no me estás contando? —le pregunto directamente.

—No —me responde de forma inmediata fijando su mirada en la mía.

—Eso ha sido demasiado rápido.

—Es correcto.

—No es lo mismo.

—Para mí sí.

Lo miro unos segundos sin hablar.

—Vale —acepto al final—. Entonces voy a hacer lo que tú no estás haciendo.

—¿El qué? —quiere saber.

—No asumir que fue casual.

Me separo de la mesa y le rozo, aunque el contacto es inevitable por la distancia. No me detengo y camino hacia el pasillo.

—¿Dónde vas? —pregunta.

—A hacer algo útil —respondo sin girarme—. Necesito hablar con gente que no intente simplificar esto .

—Eso puede complicarlo más —me dice aún sin moverse.

—Perfecto.

—Elara —añade, bajando ligeramente la voz.

—¿Qué?

—Ten cuidado...

Lo observo un segundo.

—Eso suena a advertencia —le advierto.

—No, suena a experiencia.

—Pues compártela.

Devon me mantiene la mirada.

—No tengo nada que añadir.

—Claro, como siempre cuando no te interesa —no insisto y sigo caminando.

Entro en mi habitación y cierro la puerta sin hacer ruido. Me quedo apoyada en ella un instante, con el móvil en la mano y sin moverme. No estoy nerviosa ni asustada, sino incómoda y eso es peor. Miro el anillo otra vez y lo giro despacio con los dedos.

—No fue una borrachera —murmuro y me dejo caer en la cama.

Miro al techo sin pensar en nada concreto durante un segundo y luego regreso al móvil, a las fotos, a los mensajes… Todo sigue igual, pero yo ya no lo veo igual y esa es la diferencia .

Sigo tumbada unos segundos más sin moverme, mirando el techo, dejando que todo se asiente…

o al menos intentando que lo haga, pero no lo consigo, porque cuanto más repaso las imágenes y los mensajes, más claro tengo que frente a mí tengo algo incompleto.

Cojo el móvil otra vez, aunque no sé exactamente qué busco, pero vuelvo a la galería como si esperara que algo distinto aparezca ahora que ya no intento hallar una versión cómoda de lo que pasó.

Paso varias fotos sin detenerme hasta que vuelvo a una que ya había visto antes.

No es la más evidente, por eso se me ha escapado.

Amplío la imagen con los dedos despacio.

Aparezco de perfil, riendo por algo que no recuerdo, con la copa en la mano.

Sandy está a mi lado, hablando con alguien que no aparece en la fotografía.

Todo parece normal… hasta que dejo de observar lo evidente.

Devon está detrás. No forma parte de la conversación, pero tampoco está de paso.

Está quieto, con la atención fija en algo que no se ve en la foto.

Amplío más y compruebo que tiene la mirada puesta en mí, pero no es algo casual, porque no es un cruce de miradas que dura un instante, es algo sostenido.

Vuelvo atrás y paso a la siguiente imagen.

En esa ya no aparece. Paso otra y lo veo otra vez, pero ahora mucho más cerca.

—No —murmuro, frunciendo el ceño.

No parece alguien que coincide contigo en una fiesta, sino alguien que se mantiene en tu órbita y eso no coincide con lo que recuerdo. Porque no me acuerdo de haberlo buscado, pero en las fotos… da la sensación de ser otra cosa.

Me incorporo en la cama y recuesto la espalda en el cabecero, con el móvil todavía en la mano, mirando la pantalla sin pasar más imágenes.

—Esto no es solo contexto —digo en voz baja —. Es un patrón.

No sé si eso me inquieta más o menos que el resto. Recuerdo la música, la presión, la gente hablando, las risas y de repente hay algo más. No es una imagen clara, sino una frase, aunque no sé quién la dice, pero la reconozco cerca de mí.

«Confía en mí».

Cierro los ojos un segundo. No sé si fue Devon, no puedo asegurarlo, pero la sensación que me deja es demasiado concreta como para ignorarla. Abro los ojos y miro el anillo otra vez.

—Esto no fue una locura puntual de esa noche —murmuro.

Ahora lo tengo claro, no fue solo una noche loca, ni el exceso de alcohol, ni una mala decisión… Y lo peor no es no recordar todo, sino que cuanto más intento reconstruirlo… más empiezo a pensar que alguien sí sabía lo que estaba pasando.