Capítulo 7
Elara
La puerta de mi habitación se queda entreabierta después de que Devon salga del ático, y durante unos segundos me quedo mirándola desde la cama sin hacer nada más, como si esperara que regresara y me dijera que todo esto tiene una explicación lógica que coincida con su forma de ver el mundo, pero no lo hace.
Me incorporo despacio y dejo caer los pies al suelo sin pensar demasiado en lo que hago.
La alianza golpea ligeramente contra la madera cuando apoyo la mano en la mesilla, y ese sonido mínimo es suficiente para que vuelva a ser consciente de él otra vez, como si hasta ahora hubiera conseguido ignorarlo.
.. Lo giro con el pulgar sin darme cuenta.
No pesa demasiado, ni es ostentoso, ni parece una locura. Eso es lo que más molesta.
Me levanto y salgo al pasillo sin cerrar la puerta de mi dormitorio.
El ático sigue igual que antes de que Devon se fuera, como si nada de lo que ha pasado hubiera tenido el menor impacto en el espacio.
La taza está en su sitio, la chaqueta donde la dejé y la puerta del armario sigue entreabierta.
Camino hasta el salón y me detengo frente a los ventanales, donde compruebo que la ciudad continúa ajena a lo que está sucediendo aquí arriba.
Apoyo la mano en el cristal y me quedo quieta un momento, intentando ordenar la secuencia de las últimas horas, pero no puedo porque hay huecos.
No es que no recuerde nada, es peor que eso.
Recuerdo escenas sueltas que no encajan entre sí.
Bajo la mano y vuelvo a girar el anillo.
—Esto debería ser fácil —murmuro para mí misma, aunque no hay nadie que pueda escucharme.
Mi teléfono vibra sobre la mesa baja y el sonido me saca de mis pensamientos. Me acerco, lo cojo y veo la pantalla iluminada con varios mensajes seguidos de mi amiga.
Sandy:
Vale, necesito que me digas exactamente qué recuerdas.
No me hagas un resumen bonito.
Quiero lo que pasó de verdad .
Frunzo el ceño y sigo leyendo.
Sandy:
Y no eres la única que tomó decisiones cuestionables.
Te lo digo ya.
Me quedo unos segundos mirando el último mensaje sorprendida, porque no hay sarcasmo ni drama exagerado en lo que me dice. Percibo que hay algo más contenido en sus palabras y eso, viniendo de Sandy, no es buena señal. Así que le contesto cuanto antes.
Yo:
Solo recuerdo partes,
pero que no encajan entre sí.
Tarda menos de lo que esperaba en responderme.
Sandy:
Bien.
Entonces no soy la única.
Yo:
¿Qué quieres decir con eso ?
La respuesta tarda unos segundos más esta vez.
Sandy:
Quiero decir que hay momentos
en los que sé que estaba ahí…
pero no sé cómo llegué.
Y otros en los que debería acordarme
de algo importante y no recuerdo nada.
Trago despacio y vuelvo a escribir.
Yo:
¿Con quién estabas?
Sandy:
Con todos y con ninguno a la vez.
No sé explicártelo mejor.
Me apoyo en el respaldo del sofá sin apartar la vista de la pantalla.
—Genial —murmuro—. Todo perfectamente normal —ironizo y justo en ese momento, el móvil vibra otra vez.
Sandy:
Tía… hubo un momento raro .
Me quedo quieta y con los ojos muy abiertos a la espera de que me siga contando.
Sandy:
No sé cómo decirlo
sin que suene absurdo.
Pero era como si todo el mundo e
stuviera decidiendo cosas…
sin pensar.
Su mensaje se queda ahí. sin emojis, ni sus habituales bromas.
Nada que suavice lo que acaba de decir. Levanto la vista del móvil y miro el salón como si de repente fuera distinto.
La taza, la mesa, el armario con la puerta entreabierta…
todo sigue igual, pero la sensación es diferente.
Bloqueo el teléfono y lo dejo sobre la mesa.
Me inclino hacia delante, lo desbloqueo otra vez casi de inmediato y abro la galería de imágenes.
Las fotos siguen ahí. Paso la primera con el dedo, luego otra y después la siguiente más despacio.
Hay gente riendo, copas, brindis, luces…
Todo encaja con una noche normal. Pero, de repente, me detengo en una imagen en la que aparezco con Sandy.
Estamos las dos riendo por algo que no recuerdo y detrás hay más gente, desenfocada.
Amplío la imagen con los dedos y me fijo en el fondo.
Veo una figura reconocible, la reduzco otra vez y paso a la sigu iente fotografía, pero en esa no aparece.
Paso a otra y vuelve a aparecer en un sitio distinto.
—No —murmuro, frunciendo el ceño.
Vuelvo atrás. Amplío otra vez y comparo.
No debería estar en los dos sitios y con ese margen de tiempo.
Miro la hora de las fotos y no cuadra. El estómago se me contrae ligeramente, pero no es miedo ni angustia, sino una especie de alerta que no sé cómo definir.
Paso a otra imagen. Esta vez estoy sola…
o eso parece al principio, pero cuando la amplio veo a alguien demasiado cerca de mí.
No se le ve la cara del todo, pero reconozco la postura, es Devon.
Eso sí encaja., pero lo que no lo hace es la forma en la que estoy inclinada hacia él.
No parece casual, ni accidental sino una decisión que no recuerdo haber tomado.
Dejo el móvil sobre la mesa y me aparto el pelo de la cara.
—Esto no pasó así —digo en voz baja, aunque no estoy segura de a quién se lo estoy diciendo. A Sandy, a mí o a lo que sea que intento reconstruir dentro de mi cabeza.
Cierro los ojos un segundo y trato de recordar algo más.
Un fragmento, una sensación… De repente aparece un ruido, una sensación, la música demasiado alta, alguien hablando muy cerca de mí…
Es un recuerdo tan vívido que noto el aire en el cuello.
No entiendo lo que dice, pero sí la intención y que insiste lo suficiente como para que deje de pensar en si tiene sentido o no.
Luego veo otra imagen de Devo n, demasiado cerca, distinto y más directo. Abro los ojos de golpe.
—No fue espontáneo, ni una mala decisión —murmuro.
El móvil vibra otra vez y esta vez es un audio de Sandy. Lo reproduzco y su voz suena más baja de lo habitual y también más seria.
—Elara… escúchame. No quiero sonar paranoica, pero la otra noche en la boda hubo un momento en el que todo se volvió raro. No sé si lo notaste, pero era como si nadie cuestionara nada y todo el mundo estuviera demasiado… de acuerdo con lo que estaba pasando y eso no es normal.
El audio termina y yo me quedo con el móvil en la mano, mirando la pantalla sin verla realmente.
—No —susurro—. No lo es.
Porque si lo que pasó hubiera sido solo por los efectos del alcohol, habría caos, errores, dudas…
pero no lo hubo. Me levanto del sofá y empiezo a dar vueltas por el salón, repitiendo el recorrido que he hecho antes, pero ahora con otra intención.
Paso junto a la mesa, rodeo la isla de la cocina, vuelvo hacia los ventanales.
No busco nada, solo intento entender qué sucedió, pero cuanto más lo intento, más claro tengo que no lo estoy enfocando bien.
No es qué pasó sino por qué pasó así. Me detengo y vuelvo a mirar el anillo y lo giro otra vez con los dedos de la otra mano.
—Esta boda no fue solo una locura —digo en voz baja .
De repente, la puerta del ático se abre a mi espalda y el sonido rompe la secuencia de pensamientos de mi cabeza como si alguien hubiera cambiado de escena sin avisar. No me giro de inmediato, porque ya sé que es él.
—¿Siempre le das tantas vueltas a las cosas? —dice Devon desde la entrada.
Sonrío sin humor y me giro despacio hacia él.
—Solo cuando hay algo que no me cuadra—respondo, apoyándome en la encimera mientras lo miro.
Devon deja las llaves donde siempre, como si ese gesto tuviera la capacidad de devolver todo a su lugar, y alza la vista hacia mí.
—¿En qué estás pensando? ––quiere saber.
—En lo que sucedió la noche de la boda…
—Eso implica que crees que sucedió algo más —añade, acercándose un par de pasos hacia mí.
—Implica que hay cosas que no me cuadran —digo—. Y no me gusta no entender lo que pasa a mi alrededor.
Devon me sostiene la mirada sin parpadear.
—No todo necesita tener una explicación inmediata —contesta.
—Esto sí.
—¿Qué es lo que no te encaja? —pregunta al final, bajando ligeramente la voz .
—Fotos y momentos que no cuadran, gente en sitios donde no debería estar y un montón de decisiones que nadie recuerda haber tomado.
Devon no reacciona de inmediato, pero tampoco parece sorprendido.
—¿Siempre haces esto? —le pregunto, inclinando ligeramente la cabeza—. ¿Esperas a ver cuánto descubre la otra persona antes de hablar?
Su mandíbula se tensa lo justo para que lo note.
—No sé a qué te refieres —responde.
—Claro que lo sabes —replico—. Y eso es lo que no me gusta.
Devon da un paso más hacia donde estoy.
—No hay nada que indique que esto sea algo más que una cadena de malas decisiones —dice.
Suelto una risa breve.
—Eso sería demasiado fácil, ¿no crees?
Devon no me responde de inmediato y ese pequeño retraso es suficiente para confirmar lo que ya estoy empezando a intuir. No es que tenga una explicación clara, pero tampoco está tan perdido como pretende parecer y eso cambia la conversación por completo.
Me separo de la encimera y camino despacio hacia el centro del salón, sin apartar la mirada de él, obligándole a decidir si me sigue o se queda donde está. No obstante, no lo hace de inmediato, primero evalúa y luego avanza.
—Dime algo —añado, deteniéndome—. Cuando te despertaste por la mañana… ¿te pareció normal?
Devon no me responde con palabras al principio. Se limita a inclinar la cabeza apenas un milímetro, como si estuviera reorganizando su respuesta y eso me dice más que cualquier frase rápida que pudiera sotar de inmediato.
—No fue una situación habitual —dice al final, tras escoger cada palabra con precisión—. Pero eso no implica necesariamente que haya algo más detrás.
—No implica —repito—. Pero tampoco lo descarta.
—Ni tampoco lo confirma.
—No necesito confirmarlo para saber que hay algo extraño en todo esto.