Error imperdonable (Errores en Manhattan 4) Capítulo 21
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Capítulo 21

Max

No sé cuánto tiempo nos quedamos así. Diana sigue acariciándome la mejilla y yo continúo sujetándole la mano, incapaz de apartar la vista de ella.

Acabo de reconocer algo que llevaba cinco años negándome incluso a mí mismo: nunca conseguí superar aquella pérdida.

Pensaba que decirlo en voz alta me haría sentir vergüenza.

En cambio, lo único que noto es un cansancio inmenso, por haber intentado parecer fuerte durante demasiado tiempo.

Diana no me dice nada. Simplemente da un paso hacia mí y me rodea con los brazos.

Apoya la cabeza sobre mi pecho con una naturalidad que me deja sin respiración y yo tardo un instante en reaccionar, pero enseguida la abrazo también y cierro los ojos.

Nunca imaginé que un abrazo pudiera doler tanto y, al mismo tiempo, aliviarme de esta manera.

Durante cinco años me he convencido de que este momento nunca llegaría.

Pensé que Diana había rehecho su vida, que Londres habría ocupado el lugar que un día fue nuestro y que yo solo formaba parte de su pasado.

Sin embargo, ahora entiendo que los dos hemos seguido adelante cargando con la misma herida, aunque cada uno lo haya hecho por su cuenta.

Respiro poco a poco, intentando convencerme de que esto está pasando de verdad.

—Ojalá hubiera sabido todo esto entonces —le digo sin dejar de abrazarla.

Diana tarda unos segundos en responderme y cuando lo hace apenas oigo su voz.

—Yo también. Nos habríamos ahorrado mucho dolor.

Asiento despacio.

—Sí.

Nos separamos solo lo suficiente para volver a mirarnos y veo que tiene los ojos húmedos.

A mí no me hace falta tocarme la cara para saber que los míos están igual que los de ella.

Por primera vez desde que nos hemos vuelto a ver, siento que ya no quedan verdades escondidas entre nosotros.

No significa que todo esté arreglado, porque todavía queda mucho por sanar.

Pero sí sé una cosa: los dos acabamos de descubrir que nunca dejamos de querernos.

Volvemos hacia la casa caminando despacio. Ninguno siente la necesidad de llenar el camino con palabras. Por primera vez en mucho tiempo, estar callados no significa que haya algo pendiente entre nosotros. En cuanto cruzamos la terraza, nos llegan las voces del resto del grupo desde el salón.

—Te digo que quedan mucho mejor si les pones la mostaza antes de hacerlas —insiste Brock con una seguridad que solo él podría tener.

Amara deja la espátula sobre la encimera y lo mira con resignación.

—Eso no tiene ningún sentido.

—Lo tendría si supieras cocinar —le responde él.

—Precisamente porque sé cocinar te digo que estás diciendo una tontería.

Devon entra con una cerveza en la mano y mira alternativamente a los dos.

—¿Cuánto lleváis discutiendo? —les pregunta.

Elara levanta la vista del cuenco de ensalada que está preparando.

—La discusión no es por las hamburguesas, sino porque Brock necesita demostrar que tiene razón.

Brock señala a Elara con el dedo.

—Gracias.

—No era un cumplido —le responde ella divertida mientras niega con la cabeza.

—Ahora lo entiendo todo.

En ese momento aparece Dorian con Oliver en brazos.

—¿Qué me he perdido?

Devon se encoge de hombros.

—Lo de siempre. Brock intentando convertir una ocurrencia en una ley de la física.

Dorian mira a Brock con absoluta seriedad.

—Entonces llego justo cuando empieza lo bueno.

Las risas vuelven a invadirlo todo e incluso Diana sonríe al negar con la cabeza mientras observa la escena.

La miro un instante y me doy cuenta de que durante mucho tiempo creí que volver a verla sonreír sería suficiente para darme por satisfecho.

Ahora, en cambio, entiendo que no es eso lo que quiero, sino que deseo estar a su lado cuando sonría y volver a ser una de las razones por las que lo haga.

La conversación cambia de rumbo pocos minutos después cuando Brock aparece con una caja de cartón que deja sobre la mesa del salón.

—Mirad lo que acabo de encontrar.

Naomi cierra el libro que estaba leyendo y se incorpora.

—¿Qué es eso?

—Las fotografías de nuestra boda. El fotógrafo las envió hace unas semanas y se me olvidó por completo que las tenía en el coche.

—Solo espero que no salga la foto en la que casi acabo dentro de la fuente —suelta Dorian acercándose a una silla.

Brock sonríe mientras empieza a sacar las primeras copias.

—Me temo que sí existe.

—Pues no pienso verla.

—Ahora necesito verla más que nunca —dice Elsie entre risas.

Todos empezamos a rebuscar entre las fotografías. Durante un buen rato solo aparecen escenas normales: la ceremonia, el cóctel, los invitados hablando en pequeños grupos o Devon poniendo caras raras en mitad de un brindis.

Amara levanta otra fotografía y mira a Brock.

—¿También era necesario saludar a la cámara desde el fondo?

Él se encoge de hombros.

—Quería dejar constancia de que estuve allí.

—No hacía falta. Nadie podía olvidarlo.

Las risas vuelven a llenar el salón y, por un momento, parece que la tensión de los últimos días desaparece.

Hasta que una fotografía llama mi atención, porque es una ampliación de la que encontramos ayer, en la que se veía la famosa carpeta.

La tomo entre las manos y noto que Diana se acerca a mi lado.

—¿Es la misma? —me pregunta.

Asiento sin apartar la vista de la fotografía y Naomi también se acerca.

—Déjamela ver un momento.

La observa con calma y empieza a revisar el resto de las copias. Después de unos segundos encuentra otra y la coloca junto a la primera.

—Esperad... —dice frunciendo ligeramente el ceño.

Me inclino sobre la mesa. En la primera imagen, Alistair aparece entrando por el pasillo reservado para la organización con la carpeta bajo el brazo. En la segunda vuelve a salir él, pero la carpeta sigue donde estaba.

—No puede ser —dice Diana acercándose un poco más.

Desde el otro lado de la mesa, Devon deja la cerveza sobre un posavasos.

—¿Qué habéis encontrado?

Naomi levanta las dos fotografías para que todos puedan verlas.

—Fijaos en esto.

Las bromas desaparecen de golpe. Hasta Brock deja de sonreír y Naomi señala a Alistair con el dedo.

—Siempre nos dijo que solo recogió unos documentos antes de la ceremonia y que los dejó enseguida en la oficina de coordinación.

Dorian observa las dos imágenes unos segundos.

—Sí... Eso dijo.

Naomi pasa de una fotografía a la otra.

—Entonces alguien tendrá que explicarme por qué después sigue llevando la misma carpeta bajo el brazo.

Nadie responde, aunque no hace falta. Todos estamos mirando exactamente el mismo detalle.

Diana levanta la vista hacia mí y sé que ha llegado a la misma conclusión que yo. Esto ya no parece un recuerdo confuso compartido por todos. Sin duda, alguien ocultó una parte de lo que ocurrió aquella noche y tengo la sensación de que estamos mucho más cerca de descubrir quién... y por qué.

Naomi sigue revisando las fotografías con calma y de pronto se detiene.

—Esperad un momento.

Aparta varias imágenes hasta encontrar otra tomada desde el jardín del hotel y la coloca junto a las anteriores.

—Esta también es de esa noche.

Brock se acerca por detrás y se inclina sobre la mesa.

—¿Qué estamos buscando exactamente?

Naomi señala la esquina inferior de la fotografía.

—A Alistair.

Todos seguimos la dirección de su dedo y vemos que está al fondo, hablando con uno de los responsables del hotel. No ocupa el centro de la imagen, pero hay un detalle imposible de pasar por alto: la carpeta azul sigue bajo su brazo.

—¿Cuánto tiempo pasó entre esta foto y la anterior? —pregunta Dorian frunciendo el ceño.

Naomi le da la vuelta para mirar la anotación del fotógrafo.

—Veintisiete minutos.

Devon deja escapar un silbido.

—Eso ya no parece una casualidad.

Cojo la primera fotografía y vuelvo a compararla con la segunda.

—Siempre dijo que alguien le pidió recoger esa carpeta y que la dejó enseguida en la oficina de coordinación.

—Eso recuerdo yo también —confirma Naomi.

Levanto ambas fotografías.

—Pues aquí sigue con ella casi media hora después.

Diana se inclina sobre la mesa.

—¿Sabemos qué había dentro?

Nadie responde.

—¿Estamos seguros de que es la misma? —pregunta Brock.

—Sí —le respondo señalando una esquina de la imagen—. Mira la pegatina blanca. Está en el mismo sitio.

Naomi vuelve a coger las fotografías.

—Hay otra cosa que no me cuadra.

—¿Qué has visto? —le pregunto alzando la mirada hasta ella.

Va pasando de una imagen a otra con el dedo.

—En las dos aparece entrando o saliendo de zonas reservadas para la organización.

Devon cruza los brazos.

—¿Y eso qué significa?

—Que siempre aseguró que apenas estuvo por allí, porque pasó casi toda la noche con los invitados.

—Empiezan a acumularse demasiadas coincidencias —afirma Dorian negando con la cabeza.

Nadie bromea, a pesar de que hace apenas unos minutos discutíamos sobre hamburguesas. Ahora todos miramos las fotografías intentando encontrar un detalle más.

—Creo que ha llegado el momento de hablar con Alistair —dice Naomi dejando las imágenes sobre la mesa.

Brock se rasca la nuca.

—¿Así, sin más?

Naomi lo mira.

—¿Se te ocurre otra forma de preguntarle por qué estuvo casi una hora con esa carpeta?

Brock abre la boca para responder, pero termina encogiéndose de hombros.

—No.

Devon propone revisar el resto de las fotografías al día siguiente por si se nos ha escapado algo.

Naomi está de acuerdo, aunque insiste en hacerles copias digitales antes de devolverlas.

Poco a poco la conversación vuelve a dispersarse y yo siento que necesito tomar aire fresco, por lo que me acerco a la ventana y apoyo una mano en el marco.

—¿Estás bien? —me pregunta Diana que se ha acercado por detrás de mí.

Me giro hacia ella y asiento, aunque sé que no resulta muy convincente.

—Empiezo a pensar que todo esto es mucho más grande de lo que imaginábamos.

Ella permanece unos segundos en silencio y después se mete la mano en el bolsillo de la chaqueta.

—Hay otra cosa que quiero enseñarte.

Saca el móvil, desbloquea la pantalla y me lo entrega. Durante un instante pienso que será algún correo de Londres. En cambio, aparece la aplicación de la aerolínea. Bajo la vista y veo un vuelo Nueva York - Londres, con la fecha y la hora de embarque confirmados. Levanto despacio la cabeza.

—Ya tenías el billete…

Diana asiente y siento que algo se me encoge por dentro, porque hasta ahora seguía diciéndome que Londres era un plan que aún podía cambiar. Pero aquello ya no era un plan, sino una decisión preparada desde hacía tiempo.

—¿Cuándo pensabas decírmelo? —le pregunto devolviéndole el teléfono.

Diana tarda unos segundos en guardarlo.

—No lo sé. Quería hablar antes con la oficina de Londres y después decidir qué hacer.

La observo unos segundos.

—¿Y ya lo has decidido?

Ella baja la mirada.

—Todavía no.

No es la respuesta que esperaba, es mejor, no porque signifique que vaya a quedarse, sino porque la decisión ya no depende solo de ella.

La primera vez la vi marcharse sin hacer nada para impedirlo, pero esta vez no pienso quedarme mirando.