Capítulo 19 #2
Antes de que nadie continúe, el móvil de Diana vuelve a vibrar, pero esta vez, como está sobre la mesa, la pantalla es visible para todos.
No quiero mirar, pero veo que es un correo de una compañía aérea con una confirmación de vuelo a Londres para el día siguiente.
Diana coge el teléfono enseguida y nuestras miradas se encuentran. Ella sabe que lo he visto.
—Max... —susurra.
—¿Ya tienes el billete? —le pregunto a media voz y la pregunta sale más seca de lo que pretendía.
El resto del grupo se queda callado mientras Diana guarda el móvil y se incorpora despacio.
—Lo compré hace días…
—¿Pensabas decírmelo?
Ella aprieta los labios.
—Claro que sí.
—¿Cuándo?
—Cuando supiera qué iba a hacer.
Siento que algo se me cierra en el pecho.
—Pero el vuelo está reservado.
—Porque tenía que organizar el regreso.
—¿Solo el vuelo?
Diana me sostiene la mirada unos segundos antes de responder.
—También he hablado con la empresa de mudanzas. Tengo que recoger varias cosas del piso y cerrar algunos asuntos en Londres antes de volver a Nueva York.
Las palabras tardan un momento en ordenarse dentro de mi cabeza.
—¿Volver?
Ella asiente.
—La sede de Nueva York sigue siendo el plan. Londres es donde tengo que dejarlo todo preparado.
La diferencia es enorme. No se marcha para quedarse allí, sino para organizar su regreso.
Aun así, el miedo no desaparece dentro de mí, porque la primera vez también pensé que tendríamos tiempo para hablar cuando todo estuviera más tranquilo.
La observé hacer una maleta y me convencí de que respetar su decisión era lo correcto.
Ahora veo que estoy a punto de cometer exactamente el mismo error.
Naomi recoge varias fotografías y las vuelve a guardar dentro del álbum.
—Voy a subir un momento. Quiero comparar estas copias con las que encontré ayer en el despacho —dice Naomi recogiendo las fotografías y acabando así con el silencio que de repente se ha hecho en el salón.
—¿Todavía sigues dándole vueltas a eso? —le pregunta Devon mirándola con curiosidad.
—Cuanto más las miro, menos sentido tienen.
—Empiezo a pensar que dentro de poco vas a acusarnos de conspiración internacional —le dice Brock dejándose caer en el sofá.
—Todavía no —le responde Naomi con una sonrisa mientras ordena las fotografías.
—Me quedo más tranquilo.
Ella desaparece escaleras arriba y el resto empieza a dispersarse por la casa.
Devon acompaña a Elara hasta el jardín, Dorian sale detrás de Elsie empujando el carrito de Oliver.
Mientras Brock anuncia que va a demostrar que sabe jugar al ping-pong mejor que nadie y Amara le responde que eso solo significa que está buscando una nueva manera de hacer el ridículo.
Las voces se alejan poco a poco y Diana y yo nos quedamos solos en el salón. Ella sigue observando una de las fotografías que Naomi ha dejado sobre la mesa y no parece darse cuenta de que continúo allí.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —le pregunto acercándome despacio a ella.
Levanta la cabeza.
—Claro.
—¿Cuándo pensabas contarme lo de Londres?
Diana deja la fotografía sobre la mesa antes de responder.
—Cuando yo misma tuviera claro qué iba a hacer.
—¿Y ahora lo tienes?
Tarda unos segundos.
—No —me responde negando con la cabeza a la vez.
Su sinceridad consigue descolocarme, porque esperaba una respuesta mucho más firme.
—Entonces...
Me paso una mano por la nuca buscando las palabras.
—¿Por qué parece que tienes todo decidido y yo solo tengo que aceptarlo?
Ella baja la mirada hasta sus manos.
—Porque llevo mucho tiempo organizando una vida que ya existía antes de volver a encontrarte.
No hay reproche en su voz, solo cansancio.
—No puedo pedirte que desmontes esa vida en dos días —le respondo.
—No.
—Pero tampoco puedo fingir que me da igual.
Diana levanta lentamente la cabeza.
—Ya...
Nos quedamos mirándonos durante unos segundos y esta vez ninguno aparta la vista.
—No quiero volver a cometer el mismo error —admito.
Ella frunce ligeramente el ceño.
—¿Qué error?
Respiro hondo.
—Pensar que todavía queda tiempo.
La frase parece sorprenderla.
—Max...
Niego despacio con la cabeza.
—La primera vez vi cómo hacías una maleta y me convencí de que necesitabas espacio. Pensé que ya hablaríamos cuando todo estuviera más tranquilo, pero nunca llegó ese momento —le digo con una sonrisa triste.
Diana permanece completamente inmóvil.
—No sabía que pensaras eso.
—Ni yo —confieso encogiéndome de hombros—. Hasta esta mañana.
Ella parece querer decir algo, pero en ese instante una voz llega desde el piso de arriba.
—¡Max!
Es Naomi y su tono hace que los dos levantemos la cabeza al mismo tiempo, aunque no suena alarmada, sino sorprendida.
—¿Puedes subir un momento?
Intercambio una última mirada con Diana.
—Ahora vuelvo.
Subo la escalera de dos en dos y cuando estoy en la planta de arriba veo a Naomi esperando en la puerta del despacho. Tiene varias fotografías extendidas sobre el escritorio y un portátil abierto. En la pantalla aparece una versión ampliada de una de las imágenes de la boda.
—Mira esto.
Me acerco.
—¿Qué pasa?
Ella señala la esquina derecha de la fotografía.
—He escaneado la copia con más resolución.
Entorno los ojos y al principio solo distingo varios invitados caminando por el vestíbulo del hotel, pero después mi atención se detiene en una figura.
Al concentrarme en ella veo que es Alistair caminando hacia el pasillo reservado para la organización de la boda.
Lleva algo bajo el brazo. Naomi amplía un poco más la imagen y la fotografía pierde nitidez durante un segundo, pero cuando vuelve a enfocarse, ya no queda ninguna duda.
Es una carpeta, la misma carpeta que llevo varios días intentando recordar.
—Creo que acabamos de demostrar que tu recuerdo era real —sentencia Naomi girándose para mirarme.
No le respondo y sigo mirando la pantalla. Porque, por primera vez, ya no estamos hablando de una intuición, sino que tenemos una prueba.