Capítulo 17
Max
Después de que Diana desaparezca por el sendero, permanezco unos minutos más sentado en el embarcadero con la vista fija en el agua.
La conversación que acabamos de tener ha removido cosas que llevaba años enterrando y, por primera vez desde que todo terminó, tengo la sensación de haber entendido algo que entonces fui incapaz de ver.
Durante mucho tiempo pensé que el amor consistía en aguantar, en seguir adelante, en no derrumbarse delante de la persona que querías…
Creía que alguien tenía que mantener la cabeza fría mientras el otro sufría y me convencí de que ese alguien debía ser yo.
Sin embargo, ahora empiezo a sospechar que estaba completamente equivocado.
Me levanto despacio y empiezo a caminar hacia la casa.
El jardín está vacío y desde la terraza llegan las voces del resto del grupo mezcladas con alguna carcajada y con el balbuceo inconfundible de Oliver.
Cuesta creer que hace apenas unos minutos Diana y yo estuviéramos hablando de los peores años de nuestra vida mientras aquí todo seguía funcionando con absoluta normalidad.
Cuando llego a los escalones, encuentro a Devon descargando varias bolsas del maletero de un coche.
—Menos mal. Empiezo a pensar que Brock ha comprado comida para alimentar a un regimiento —me dice al levantar la cabeza y verme.
Me acerco para ayudarle con las bolsas.
—¿Qué está preparando?
Devon resopla con una media sonrisa.
—Ha decidido organizar una barbacoa.
—Eso explica por qué has puesto esa cara.
—No. Esa cara es porque insiste en que sabe cocinar.
Entramos en la cocina al mismo tiempo y encontramos a Brock delante de la encimera con un delantal negro que ha encontrado en un armario, con unas letras enormes en las que puede leerse: «EL JEFE DE LA PARRILLA».
Amara entra detrás de nosotros, observa el delantal y deja escapar un suspiro.
—No sé qué me preocupa más, el delantal o la confianza con la que lo llevas.
Brock levanta unas pinzas metálicas.
—Relájate. Hoy vais a descubrir una faceta desconocida de mí.
Amara abre la nevera para guardar varias bandejas de carne.
—Espero que sea la de pedir comida a domicilio.
—Qué poca fe —le responde Brock negando con la cabeza.
Elara aparece por la puerta con Oliver en brazos.
—¿Ya habéis empezado a discutir?
—No —responde Brock con dignidad—. Solo estamos intercambiando opiniones gastronómicas.
Dorian entra justo detrás empujando el carrito.
—Eso es mentira. He oído a Amara decir «no quemes nada» antes incluso de cruzar la puerta.
—Porque nos conocemos —le responde ella.
Naomi observa la escena desde el otro lado de la cocina y sonríe divertida.
—Tengo la sensación de que esta barbacoa va a ser mucho más entretenida que buena.
Brock señala las bolsas que llevo en las manos.
—Max, deja eso ahí y ven conmigo. Necesito un ayudante.
—¿Seguro?
—Claro.
Amara niega lentamente.
—Max, todavía estás a tiempo de decir que no.
—Ya he aceptado —le respondo encogiéndome de hombros.
—Entonces lo siento mucho.
Las risas vuelven a llenar la cocina y mientras dejo las bolsas sobre la encimera, levanto la vista por pura costumbre y veo que Diana acaba de entrar.
Lleva el pelo todavía húmedo de la ducha y una camiseta azul marino con unos vaqueros claros.
Se detiene un instante al descubrir el caos que reina en la cocina y termina sonriendo.
Justo en ese momento, nuestros ojos se encuentran un instante, aunque no hace falta más. Ella no aparta la mirada y yo tampoco.
—¿Necesitáis ayuda? —le pregunta acercándose a Naomi, quien le entrega una bolsa de verduras.
—Sí. Creo que nos conviene mantenernos lejos de Brock mientras todavía estamos a tiempo de salvar la comida.
Brock levanta la cabeza inmediatamente.
—Estoy aquí delante.
—Precisamente por eso lo decía.
Diana deja escapar una risa mientras empieza a sacar tomates, cebollas y pimientos de la bolsa.
La observo un momento y pienso en que hace un rato nos hemos confesado algo que llevábamos cinco años callando y, por primera vez desde que todo se rompió, tengo la sensación de que hemos dejado de intentar demostrar quién tenía razón.
Ahora solo estamos intentando entender qué nos pasó.
Brock se frota las manos delante de la barbacoa como si estuviera a punto de participar en un concurso de cocina.
—Lo primero es encender el fuego.
Amara se apoya en el marco de la puerta de la terraza.
—Por favor, dime que al menos has visto un tutorial en Youtube antes de lanzarte.
—No hace falta.
—Eso era justo lo que temía —le responde ella negando con la cabeza.
Brock abre una bolsa de carbón y empieza a repartirlo por la parrilla con una seguridad que solo él parece encontrar lógica. Mientras, yo dejo varias bandejas sobre la mesa exterior y Devon acerca otra caja con platos y cubiertos.
—¿Necesitas ayuda? —le pregunto a Brock.
—Lo tengo controlado —me responde alzando una mano sin dejar de trabajar.
—Acabas de echar media bolsa de carbón fuera de la parrilla —le dice Amara tapándose la cara con las manos.
Brock baja la vista.
—Eso estaba previsto.
—Claro —ironiza ella.
—Sirve para... ventilar mejor.
Devon se gira hacia mí.
—Empiezo a entender por qué nunca invita a nadie a comer en su casa.
Las carcajadas recorren la terraza y mientras Brock intenta justificar una teoría que ni él mismo parece creer, Diana y Naomi empiezan a preparar la ensalada sobre la mesa de madera.
Naomi corta los tomates y Diana se ocupa de la lechuga.
Hablan entre ellas en voz baja y, por primera vez desde que llegamos a los Hamptons, descubro que puedo observarla sin preguntarme si va a levantarse para marcharse.
Diana sigue aquí, no porque tenga que hacerlo, sino porque quiere.
Y ese pensamiento alivia una presión que llevaba demasiado tiempo en mi pecho.
—Max —me llama Diana.
Levanto la cabeza y veo que tiene un cuenco vacío entre las manos.
—¿Puedes alcanzarme el aceite? Creo que está detrás de ti.
—¿Este? —le pregunto girándome hacia la mesa auxiliar para cogerlo.
—Sí.
Se lo entrego. Al hacerlo, nuestros dedos vuelven a rozarse durante un instante y ella me sonríe.
—Gracias.
—De nada.
Nuestra conversación termina ahí. Ni siquiera dura diez segundos, pero me resulta extrañamente agradable. Antes necesitábamos buscar cualquier excusa para hablar, ahora, en cambio, solo necesitamos una botella de aceite.
El olor a carbón empieza a extenderse por el jardín y también el humo, muchísimo humo.
—¿Eso tiene que salir así? —pregunta Elara frunciendo la nariz.
—Es completamente normal —le responde Brock sin ni siquiera girarse hacia él.
Amara mira la nube gris que empieza a elevarse sobre la terraza.
—Estoy bastante segura de que los bomberos también dirían eso justo antes de venir.
Dorian aparece con Oliver en brazos y contempla la escena durante unos segundos.
—Hijo, recuerda este momento —le dice al bebé sin dejar de mirarlo.
—¿Por qué le dices eso? —le pregunta Elsie sonriente.
—Porque así aprenderá que la confianza es importante, pero siempre tiene un límite.
Oliver balbucea algo incomprensible y Dorian asiente con absoluta seriedad.
—Estoy de acuerdo.
Brock señala al bebé con unas pinzas.
—No manipules al jurado.
—No necesito hacerlo. Está viendo lo mismo que todos nosotros.
—Creo que Oliver acaba de convertirse en el miembro más objetivo del grupo —dice Naomi riendo.
—Y el más inteligente —añade Devon.
Brock termina encendiendo el carbón después de varios intentos y levanta ambos brazos como si acabara de ganar una competición.
—¿Veis? Todo bajo control.
En ese mismo instante una pequeña llamarada asciende de la barbacoa y Amara da un paso atrás dando un pequeño grito.
—No pienso acercarme hasta que eso deje de parecer un experimento.
—¡Exageráis muchísimo! —exclama Brock.
—Llevamos diez minutos viéndote improvisar.
—Eso se llama experiencia.
—No. Eso se llama suerte.
Las risas vuelven a mezclarse con el humo. Mientras Brock sigue peleándose con la parrilla, Diana se acerca a la nevera portátil para buscar unas bebidas. Veo que intenta levantar la tapa con una mano mientras sostiene varias botellas con la otra, por lo que me acerco sin pensarlo.
—Espera.
Ella levanta la vista.
—Puedo sola.
—Lo sé —le respondo sujetando la tapa apara que pueda sacar el resto de las botellas.
—Gracias —me dice cuando termina de cogerlas.
—Hoy llevo ya dos agradecimientos por tu parte.
—No te acostumbres —me contesta con una sonrisa.
—Demasiado tarde.
Su sonrisa se hace un poco más amplia, pero no dice nada más. Se marcha hacia la mesa con las bebidas y yo me quedo observándola unos segundos antes de volver junto a Brock.
—Has tardado bastante en abrir la nevera —comenta él sin dejar de mover las brasas.
—Era una tarea complicada.
—Ya —me suelta mirándome con una sonrisa—. No voy a decir nada.
—Te lo agradecería —le respondo tan sonriente como él.
—Aunque reconozco que resulta interesante.
—Brock... —lo aviso y él levanta las dos manos con gesto inocente.
—He prometido portarme bien. Mis labios están sellados.
En ese momento Devon se acerca con unos platos y nos mira alternativamente.
—¿Qué está tramando ahora?
Brock pone cara de ofendido.
—Nada.
Devon deja la bandeja sobre la mesa sin apartar los ojos de él y niega despacio con la cabeza.
—Ha respondido demasiado rápido. Eso significa que sí está tramando algo.
Amara, que termina de colocar los cubiertos, levanta la vista.
—No le des más vueltas. Brock nunca responde «nada» cuando realmente no pasa nada.
Brock se lleva una mano al pecho.
—Empiezo a sentirme muy poco valorado en esta casa.
Dorian, que tiene a Oliver sentado sobre las piernas, levanta al pequeño unos centímetros para que mire hacia él.
—Hijo, fíjate bien. Esto es lo que ocurre cuando la gente habla antes de pensar.
Oliver se queda mirando a Brock con toda la seriedad de la que es capaz durante un par de segundos y después bosteza sin el menor interés.
—¿Lo veis? Él también piensa que hablas demasiado —. Dorian asiente, completamente convencido.